Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Tanto y tanto ruido...

Te sientas a comer en un restaurante y sin tiempo apenas para abrir la carta ,un escalofrío recorre tu cuerpo , sabes que te van a dar la comida y no vas a poder impedirlo; de vez en cuando y no se por que motivo, algunos restaurantes se empeñan en ponernos trabas a la hora de disfrutar de su cocina.

El primer problema con el que uno se suele encontrar es el ruido, y con esto no me refiero solamente a esa sensación de tener la cabeza metida en un bidón de gasolina mientras los Mayumana lo aporrean tocando Paquito Chocolatero -porque haya gente cantando saetas en la mesa de al lado-, sino también a la total ausencia del mismo; y es que hay algunos locales en los que la parte €œlúdica€ desaparece y se transforman en una de aquellas maratonianas partidas de ajedrez donde dos rusos con el pelo cardado se tiraban horas y horas sin hablar y en los simplemente el ruido de un tenedor rozando con plato parece molestar al personal de sala.

Dejemos atrás el sentido del oído para centrarnos en el del olfato -pero siguiendo esa misma línea de exceso/defecto-, y reflexionemos sobre los olores en los locales y el extremismo radical que practican algunos; no hay término medio entre oler a feria de abril en hora punta o haberse tomado un chupito de ambipur con su consiguiente mareo.

Propongo que en el próximo doce meses, doce causas, uno de ellos sea €œpor un uso moderado del ambientador€; y es que no concibo porqué me intentan vender €“por ejemplo- un vino con aromas a vainilla de Tahití, si ellos antes que nada ya se han molestado en fumigar su local con un €œfusfús€ de Zara que neutralizará mi capacidad olfativa. Señores/ as con parejas susceptibles, ojo con comer en estos locales porque luego pueden preguntarles si han estado con algún/a pelandrusco/a€Ś

Otro punto crítico es la música de fondo, porque como poner la tele dejó de ser moderno hace unos años, hubo que €œinventar€ algo para que no se escuchase de fondo un grillo haciendo €œcri cri cri€œ. Aquí es donde la SGAE empezó a frotarse las manos y Teddy Bautista a crear su edición limitada del Monopoly €œCaños de Meca€, porque tenía que sonar algo sí o sí y a ser posible que no lo conociera nadie; así que golpe y porrazo en los restaurantes empezaron a proliferar una serie de €œsoniquetes€ mezclando lo clásico y lo moderno -rollo Maestro Rodrigo con sintetizadores puestos en bucle-, cuya única misión es conseguir que para cuando tu llegues al postre, ya hayas entrado en esa fase de odiar a muerte la guitarra española y empieces a valorar la idea de crear una Santa Inquisición para quemarlas todas. De todos modos prefiero que pongan eso antes que sonidos de ríos, pájaros y campanillas, porque yo de momento no tengo pensando hacerme budista.

Y ahora que hablamos de musicalidad y cosas €œagradables€ al oído, desde aquí le pido a algunos jefes de cocina que se tomen un Trankimazín antes de los servicios o si no quieren hacerlo por lo que fuere, que por lo menos insonoricen las cocinas, porque he escuchado canciones de HipHop en las que sueltan menos tacos por frase...

De los niños y su papel en los restaurantes hablamos otro día... #lojuro

Twitter: @DavidMonaguillo
pecadosmonaguillo@gmail.com

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