Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Me gusta el furbo...

Hace casi dos años que no veía un partido de fútbol como tal, y ni tan siquiera recuerdo cuando fue la última ocasión en la que lo hice en uno de esos locales donde los aficionados de pro se reúnen, usándolo como excusa para salir de la rutina, romper con un mal día, evitar a su pareja o, directamente, para ponerse hasta el culo de lo que sea. Pero hoy, por fin, me he vuelto a sentir gastrofutbolero por un día.

Porque los partidos en casa se viven de otra forma. Quieras o no, el anfitrión siempre tiene el detalle de acompañar los sacrosantos refrigerios, con algo más allá de la patata frita o el ganchito de bolsa. En estos casos, la tortilla y la empanada de bacon con queso se imponen por goleada aunque, en ciertas ocasiones, incluso podremos avistar algunos canapés con claras reminiscencias navideñas que, debido a ese formato de bocado, serán engullidos por los enfervorecidos y anátidos invitados sin necesidad de masticarlos.

 

Mi trabajo de campo ha dado sus frutos, y estoy en condiciones de relataros las diferentes tipologías de cliente dependiendo de su consumición y del lugar en el que se acomoden; porque en este micromundo, al igual que en clase o en el cine, cuanto más atrás te coloques, menos te importa lo que pase delante.

 

En primer lugar tenemos al “Joven castor” del fútbol. Creen saber mucho porque son auténticos rastreadores de noticias relacionadas en todos los periódicos online y porque, por las noches y a escondidas, escuchan los programas nocturnos de deportes. Frecuentan este tipo de bares en ocasiones muy señaladas, suelen ir de dos en dos, no conocen a nadie más y quedan una hora antes para pillar sitio en primera línea.

 

Su única aspiración es intentar ver el partido tranquilamente - porque en RojaDirecta.com se corta mucho-  y, ya de paso, comer algo. Suelen hacerse los machotes pidiendo una caña  acompañada de alguna fritura; normalmente optan por las bravas de paquete, que llevarán obligatoriamente un buen frenazo de una salsa secreta, que se prepara únicamente los días de partido y que encierra en su interior todo el picante del mundo, para que la boca te arda como las mismísimas Fallas y termines pareciendo un guiri en Benidorm.

 

Como en todo, en el mundo del gastrofútbol también hay una evolución, que suele manifestarse aguantándose las ganas de ver el partido decentemente y sentándose un poco más atrás. Este es el caso de “Los enteraos”; seres que se conocen, se pican y se odian entre sí y que suelen sentarse en una segunda fila, desde donde lo ven todo perfectamente y, además, pueden levantarse a pedir sin necesidad de esperar al descanso. Estos personajes se caracterizan por emitir en una frecuencia de onda en la que hasta el del Sonotone sin pilas puede oírles. Posiblemente sea el único momento de la semana en el que alguien les escucha.

 

Una vez aclarado que son molestos y nocivos, y por si aún no los hubieseis reconocido, os diré que pueden tomarse aproximadamente una botella de vino - en cualquiera de sus variantes- durante los 90 minutos, porque marida perfectamente con las croquetas de jamón “caseras” tipo Walt Disney que bien podrían usarse como hielos porque, a la vez que están achicharradas por fuera, el interior sigue perfectamente congelado. Contraste de temperaturas, ya sabéis.

 

Y al final del todo, en la fila de los mancos, están Los jefes del bar, esas personas que lo ponen en la declaración de patrimonio como segunda vivienda y que tienen su consumición encima de la barra antes incluso de entrar en el local. Imagino que le hacen un llamacuelga o le envían un whatsapp al camarero, porque si no no entiendo ese grado de exactitud y de eficacia. Yo pido 3 tintos, una caña y dos botellas de agua y se pueden confundir, pero, sin embargo, su Dyc cola no falla.

 

Entran por la puerta con cara de resignación, porque ellos van ahí todos los días a disfrutar de la tranquilidad, de los pinchos de siempre hechos a la manera de siempre y justamente por evitar estos tumultos innecesarios. No entienden cómo un partido puede convertir su Monasterio de Silos particular en una película de Almodóvar, en la que hasta la monja más recatada se da al jolgorio y a los placeres de la carne.

 

Son mi Evangelio y, por tanto, mi consejo no puede ser otro que esperar a que lleguen y pedir lo mismo que ellos. Y si ese día se toman el Soberano sin tapa, quizá sea por algo.

 

Amén

 

Twitter: @DavidMonaguillo

email: pecadosmonaguillo@gmail.com

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