Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Luces, cámara, risión...

Dicen que la navidad hace que en nuestros corazones se desate la paz, la alegría y un montón de esas cosas “súperzen” que suelen explicarse en libros con tres piedras en la portada; pero me van a perdonar ustedes que prescinda de la parte bonita de las fiestas y me centre en el ansia con el que las administraciones intentan que vivamos estas fechas.
Nuestro nivel de consumismo suele dispararse con la llegada de diciembre y entre otras cosas, nos empeñamos en acumular tabletas de turrón y polvorones suficientes como para matar de diabetes a media España; pero por si a alguien se le hubiese “atascado” ese afán de comprar por comprar, desde los ayuntamientos intentan sacárnoslo a “ostia limpia”, a base de villancicos infernales y unas luces que según ellos dan un calor muy especial a nuestras avenidas, pero para mi hacen de ellas una mezcla entre puticlubs de carretera y máquinas tragaperras de los 90.

Una vez “agustito” y mientras paseo por el centro de la ciudad, disfrutando de los típicos codazos navideños y silbando la canción del gordo de la lotería, me da por pensar en los menús navideños de los hogares españoles y reflexionar sobre los productos y costumbres, que por un lado nunca se han perdido -y deberían- y por otro, han llegado para quedarse -y maldita la hora-.

Algo que no consigo entender es el 'boom' del huevo hilado en estas fechas; no me entra en la cabeza que esa suerte de madeja dulzuna y empachante, que por el precio al que se vende debería estar tejida por la mismísima Coco Channel , pueda triunfar en la mayoría de las casas; nunca pensé que algo hecho a base de huevo podría disgustarme, pero ésta es la excepción señores y prefiero que me claven palillos entre las uñas antes que comer cualquier canapé coronado con esas legañas de koala azucaradas.

Y hablando de canapés, ¿qué debemos entender por ello? ¿Pringar un “cachopán” con paté o queso crema es un canapé? Poner una aceituna encima de un huevo cocido con un golpe de mahonesa es un canapé ? ¿Una raspa de salmón reseco con pepinillo y un cherry lo es? ¿Podríamos definir canapé como cuadraditos de sobras de dos cm.?

Capítulo aparte merecen todos esos vestigios de aquel tiempo en el que la gente esperaba la nochebuena para comer productos que solo ese día podían entrar su cocina; gracias a dios y a pesar de la crisis, actualmente casi todo el mundo se puede permitirse algún caprichito y por eso no entiendo la necesidad de por ejemplo, seguir colocando una bandeja de langostinos en el centro de la mesa o como variante, hacerle un “Vlad Tepes oriental” con pinchos de bambú. Lo único lógico de esa costumbre es colocar al lado una salsera llena de mahonesa, porque desde que Rodolfo Langostino salió en la tele con acento de "ashá”, la especie no volvió a levantar cabeza y ¡no saben a ná!

Imposible pasar por alto las atrocidades que año tras año se comenten en los hogares españoles en nombre del jamón ibérico y bajo la licencia “tranquilos, que yo lo corto”; llega ese glorioso momento en el después de dos vinos traicioneros y antes de empezar la cena, alguien se hace fuerte y saca el cuchillo para enfrentarse a algo que sólo ha visto en películas; empiezas a preocuparte cuando no sabes muy bien si está sudando más el jamón o el cortador y te das cuenta de aquello va a terminar mal cuando empiezan los gestos tipo ninja, y la pata parece que la ha diseñado Norman Foster.

De los dulces navideños no se muy bien con cual meterme porque hay muchas opciones y se me acaba el espacio: un digno candidato sería el mazapán, que gracias a dios viene en formato “jivaro” para que la gente se lo pueda terminar empleando para ello, menos de una botella de cava; interesante también es la fruta de Aragón, que se erige como la única cosa envuelta en chocolate que puede “no gustar”; el polvorón también tiene lo suyo y es que yo siempre he pensado que empezó a fabricarse a raíz de las primeras riadas como dique de contención. Y como representante de la España cañí y su pasión por la almendra, no se si quedarme con esa oblea rellena de turrón , que viene a ser el caracol de cualquier surtido navideño o con la peladilla, que a pesar de su nombre guarrete y cachondón, no pasa de ser otro fruto seco rancio y aburrido.

Y es que cada vez que una bandeja de dulces se coloca en una mesa , un Nathurhouse abre sus puertas en el barrio ….

Twitter: @DavidMonaguillo
pecadosmonaguillo@gmail.com

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