Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

Haciendo Daño...

Ahora que los políticos han regresado de sus vacaciones y que el fútbol ha vuelto a vuestras vidas, es el mejor momento para que yo me marche a la playa. Tras muchos días aguantando el aire caliente del ventilador del portátil sobre mis muñecas, mientras algunos os empeñabais en darme envidia con fotos de vuestras gastroaventuras, ha llegado mi hora, por fin os vais a librar de mí, aunque no solo sea por unos días.
Y es que otra cosa no, pero el españolito de a pie, además de exhibicionista es un poco fanfarrón y las redes sociales han pasado a ser el complemento perfecto para dar rienda suelta a nuestros más virales instintos; porque ahora las cosas no se disfrutan igual, si el resto de los mortales no sienten pinchazos por el cuerpo al ver nuestras fotos “golosonas”. Es el vudú del siglo XXI y todos somos santeros en potencia.

Hay pocas cosas tan reconfortantes como subir la imagen de una pisada en la arena de playa- en plan portada de novela romántica - y si incluso estás dispuesto a jugarte la integridad del móvil, puedes meter tus pies en el agua para recoger esa idílica instantánea -siempre y cuando hayas pasado antes por el callista - pero el verdadero tormento llega a la hora de la comida, cuando en los chiringuitos todo el mundo saca el smartphone de sabe Dios donde - como las señoras que van al banco a por dinero y lo guardan sin escrúpulo alguno en la ropa interior delante de todo el mundo - y empiezan a saltar flashes cada vez que una pantagruélica paella entra en escena.

Algunos fuerzan la máquina un poco más y no tienen reparo alguno en colgar el mikolapiz que están tomando de postre e incluso esos Tótem de la comida viejuna; las copas de helado coronadas con medio bote de espuma de afeitar, un frenazo de un azúcar de colores al que llaman sirope y servidas sobre un ridículo platito con su correspondiente y casposa blonda.

Por si de verdad eres un gastronudista, no puedes volver a poner tus carnes en remojo sin inmortalizar el Gin Tonic, que viene a ser a la gastronomía lo que el coche escoba a las vueltas ciclistas; no solo porque marca el final de una gran comida, sino por aquello de que va recogiendo todo lo que perfectamente pudiese haber sobrado de la comida; una rodaja de pepino de la ensalada, diversas frutas que bien pudieron acompañar tu escalope de foie, unas bayas de pimienta de la salsa de tu entrecot o una hoja de hierbabuena que se le voló del mojito a los del al lado, pueden ser presa de tu charca premium. Cuantos más extras tenga mejor va a quedar la foto, así que lo mejor es pedir el top de gama, ese que incluye un gofre y un sobao para mojar.

Cuánta mamonada, cuánto snobismo y que tontos somos los españoles a pesar de la crisis; por mi parte he intentado que Tribuna de Salamanca regalara este verano a sus lectores un colador para que los Gin Tonic, pero se nos iba de presupuesto, así que tendréis que aprender a vivir con ello.

Y voy terminando porque tengo que hacer la maleta; conmigo tenéis dos opciones: o dejar de seguirme durante unos días en redes sociales o rezar unos avemarías por mi alma descarriada, porque pienso daros toda la envidia del mundo. No voy a dejar títere con cabeza, barreré toda La Costa de la Luz de Ortiguillas, tortillitas de camarones y atún de Almadraba. También habrá momentos para disfrutar de las puestas de sol, aunque en ese pack se cuelen señores con barrigas como sandias de 15 kilos, que se comen pepitos de crema rebozados en arena, mientras ven como a sus mujeres se les han corrido las dos manos de maquillaje que se dieron a las 9 de mañana, hasta terminar pareciendo los nuevos” Ecce Homo”.

Hasta la vuelta queridos...

¡Amén!

Twitter: @DavidMonaguillo
email: pecadosmonaguillo@gmail.com

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