Monaguillo original

Gazpacho y Cilicio

David Monaguillo
Blog de David Monaguillo. Autor de Pecados del Monaguillo.

En busca del arca perdida...

Burger detail

Hay una serie de platos que últimamente y por aquellas cosas del destino, vuelven a estar de rabiosa actualidad. Los restaurantes que los tienen en sus cartas – hordas- se apresuran a matizar que los sirven en su particular versión, que en teoría debería aportar algo nuevo, fresco y, en definitiva, dar un salto cualitativo que les desmarcase – para bien- del original. Podría enumeraros al menos una decena, pero valorando el grado de probabilidad con el que podremos encontrarlos, quizá los más repetitivos sean las patatas bravas, croquetas, carrilleras y, la protagonista de este post, la hamburguesa.

Hace unos días me invitaron a formar parte del jurado que buscaba la mejor de Castilla y León. Por allí desfilaron varios participantes, con sus pros, sus contras, sus vicios y sus virtudes. Como en todos los concursos, se debían puntuar una serie conceptos y características, que evidentemente siempre tienen un punto de subjetividad.

 

Pero el público de a pie, ¿qué entiende y qué busca en este plato? y, ¿qué es lo que considera como una obra perfecta?

 

Lo normal en estos casos sería que ahora yo os pegará un chapazo infame, lleno de términos como sabor, textura, jugosidad, originalidad y demás obviedades, infumable de necesidad y con tintes de la vieja escuela; pero ya sabéis que aquí me gusta aliñarlo todo con una vinagreta de irreverencia y este post estará basado en un top de las hamburguesas a evitar:

 

La diógenes: puedes comértela, pedir al ayuntamiento que la retire o dejarte bigote.

 

Su listado de ingredientes se hace más largo que la última de Almodóvar. Cualquier producto es digno candidato a formar parte de su composición y cuanto más snob suene, más posibilidades tendremos de que nos reciba a puerta gayola con una hoja de lechuga de colores.

 

Imaginaos a esos novios impolutos que salen recién casados de la iglesia y que son fusilados a base de arroz para celebrarlo; ahora sustituidlo por todo lo que podáis encontrar en el lineal de frutas cuquis y aromáticos raros de Carrefour. Pues eso un gastrodesguace.

 

Una vez servida, tendremos que toquetearlo todo, removiendo e incluso tirando cosas – tal y como hacen las señoras en los puestos de bragas del mercadillo- para dejarla a nuestro gusto.

 

Teniendo en cuenta que nos la suelen vender con el apellido “premium”, también podríamos llamarla la “Hamburguesa Gin Tonic” y desde ya os advierto, que próximamente las veremos con forma de mou.stache No en mi nombre.

 

La Naturhouse: o como inventar la pólvora con mentos y coca cola.

 

En el primer examen visual nos damos cuenta de que en el escenario del crimen no hay rastro de carne. Algunos empezaron metiéndole verdura a la masa por aquello de la salud y la cosa se les ha ido de las manos, hasta el punto de que ahora la hamburguesa se ha convertido en una técnica; cualquier cosa es digna de ser embalsamada y convertida en filete. Legumbres, verduras, pescados y frutas. Por supuesto que lo respeto en casos de vegetarianismo mayor, pero es como si ruedan un Dexter que descuartiza calabacines y tofu. Cualquier día veremos la hamburguesa de fabada o la de tarta selva negra. No es lo mismo.

 

Hamburguesa pija: Be Digno my friend.

 

Está muy bien dárselas de moderno, de pulcro y de relimpio, pero hay cosas que van contra natura. Nadie en su sano juicio comería un bocadillo con cuchillo y tenedor y por consiguiente -no sé a qué me recuerda esto-, como la hamburguesa no deja de ser uno, no entiendo esa nueva costumbre de servirlas sin pan, obligándote a utilizar cubiertos. Si tu restaurante es demasiado pijo como para permitirlo, simplemente no la ofertes. Hay otras recetas más acordes esperándote con los brazos abiertos.

 

Las instrucciones para comerla deberían venir con el plato como hacen los de Kinder: Supervisar los ingredientes para comprobar que todo está a tu gusto, colocarle la tapa, presionar la hamburguesa para comprimirla y que no se nos desmorone el conjunto, pero sin pasarnos, evitando así que pierda sus jugos por el camino. Llevártela a la boca y disfrutar del conjunto sin pensar en que te están mirando.

 

De todos modos esta hamburguesa admite una salvedad; y es que para la mierda de pan que sirven algunos, es casi mejor no poner nada.

 

La travesti silencioso: Ojo con lo que te comes.

 

En este país inventamos la picaresca y de todos es sabido que una de las formas más habituales de colarte una carne de mala calidad o un poco pasada, es aliñarla hasta el punto de que no puedas apreciar lo que estás comiendo. Las hamburguesas tienen que saber a carne, con sus matices, sus particularidades y sus picos de sabor; está muy bien jugar y arriesgar con los aderezos, pero jamás deben enmascarar al verdadero protagonista y mucho menos eclipsarlo.

 

Esto se está alargando demasiado y aún me quedan unos cuantos subtipos, así que os voy a dar un respiro ante tanta avalancha de información. Continuaré el próximo viernes.

 

Si te encuentras alguna que cumpla estas premisas o si has avistado algún caso que te apetezca denunciar, este es tu sitio. Estoy aquí para apoyaros; entre todos podemos ponerle freno a esta sangría.

 

Amén

 

Twitter: @DavidMonaguillo

email: pecadosmonaguillo@gmail.com

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Olalla Salazar 15/03/2013 14:15 #2
Lo mejor del artículo: "para la mierda de pan que sirven algunos, es casi mejor no poner nada" . Muchos se esfuerzan en una carne roja, de buey, de Angus y de la leche , hablando claro, y se olvidan de la importancia del pan arruinando el resultado final. Aquí un listado de las mejore sde Gijón! http://www.abuenbocado.com/2012/05/vinos-y-chacina.html
Loly Llano 15/03/2013 10:04 #1
No he vuelto a comer una hamburguesa como dios manda, en un establecimiento público, desde el año 93, que estuve en N.Y.(20 años!) No quiero olvidarme de como sabe una hamburguesa "de verdad". Aquí, en Coruña no conozco un sitio donde merezca la pena pedirla. Solo ver el aspecto ya te tira para atrás.

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