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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Mi pequeño país

Si por algo soy periodista es por “El País”. Desde bien  pequeño quise saber las cosas antes que nadie y contarlas al resto. Y me di cuenta de ello al leer las páginas de aquel periódico que mi padre me pedía que comprara al llegar la noche en nuestro quiosco de confianza. 
Extraña manía esa, la de la lectura nocturna, que mantengo las pocas veces ya que compro cualquier periódico. Siempre quise trabajar en “El País” pese a no intentarlo prácticamente nunca. Una vez, hace muchos años, incluso me atreví a enviar un currículum. ¿Le han respondido a usted, amable lector? Pues a mí, tampoco. No lo esperaba, la verdad. Quien más me quiere siempre me dijo que allí yo tendría un hueco. Como de costumbre, no me lo creí.
A falta de libros, leí “El País”.  Casi todos los demás periódicos, también, pero sobre todo aquel “Diario independiente de la mañana”, sabiendo, eso sí, que de esos tres conceptos con los que llegaba a mis manos, había uno no exacto del todo. Independencia, como mucho, para el señor Mas. Para el resto de los mortales, periodistas incluidos, ley de dependencia. De objetividad, por Dios, no hablen, a menos que yo me encuentre, cual orden de alejamiento, a más de 5.000 kilómetros de distancia. Mi “Isla del Tesoro” fue la cobertura del 23F y mi “Ulises”, la primera Guerra del Golfo. Para poesía, las crónicas taurinas del maestro Joaquín Vidal y para versos sueltos, cualquier partido del Madrid visto por el simpar Santiago Segurola. Veía poco cine porque ya me lo contaba Ángel Fernández Santos y veo poco ahora porque Carlos Boyero hace lo mismo. Aún hoy, cada día, me río con Forges y lloro con “El Roto”. Nunca estuve en Roma, pero al leer a Enric González, me sentí gladiador en el Coliseo. Jamás, y mira que tengo ganas, pise Israel, pero hubo un tal Lino Ventosinos, hace muchos años ya, que me devolvió la fe en la Tierra Santa. A  Sarajevo ni en sueños llegué, pero por Ramón Lobo supe hasta qué punto es demencial la mente humana. Solo leyendo. Horas y horas. Deseando llegar a la programación de televisión para ver qué película despellejaba Antonio Albert.

No conozco en persona ni a Luis Aizpeolea ni a José Yoldi ni a Manuel Cuéllar ni a José Luis Barbería ni a Daniel Borasteros, pero su sola firma les ha hecho familiares para quien esto escribe y para quien, como todos ellos, trata de hacer su trabajo  de la mejor manera que sabe y con la menor malicia posible. Los cinco tipos anteriormente citados, elegidos al azar entre más de un centenar de nombres que repetiría de carrerilla como lo haría con la alineación de la República Checa en la final de la Eurocopa del 96, están dentro de los 129 caídos el pasado sábado por el maldito ERE que ha dejado a todos ellos en su casa. Y a mí, sin ellos. No son los primeros y lo malo es que no serán ni siquiera los antepenúltimos. Antes fueron los compañeros de “El Mundo”, antes los de “ABC”, antes tantos otros bastante más cercanos. Peligrosa la sociedad que acaba con quienes cuentan y con quienes lo cuentan. Enferma la que permite ensayar con la ceguera. Herida de muerte la que asiste imperturbable a la aparición de la moneda de una sola cara sin ninguna cruz que llevar a cuestas.  

 Quien haya cometido la imprudencia de leerme alguna vez, sabrá que soy especialista en tirar piedras contra mi propio tejado. Lancé tantas que desde la calle ya sé ve mi salón. Muchas veces quise ser estibador de puerto, guardia urbano, endocrinólogo o diácono de la catedral antes que periodista. La peor prensa la tenemos los que la hacemos. Y muchas veces, obviamente demasiadas, con motivos más que sobrados. “Nos mean y la prensa dice que llueve”, leí en la Argentina del corralito y me repito cada día en la actual España del corralón. Cierro medio ojo, me tapo media nariz y, así, desde fuera, veo, sobre todo, a personas con curiosidad casi infinita intentando contar, a su manera, lo que está pasando. Y, por mucho que les extrañe, les juro que no siempre se hace fácil. A muchísimos, entre ellos los 129 de “El País”, ya no les dejan. Nos desahucian y lo hacen desde palacetes de cristal. Metáfora perfecta de la situación nacional. La crisis y la estafa.   

Si por algo soy periodista, fue por “El País”.  

DESAPUNTES -       
   
Toni Cantó vs John Cleese:

Tiene gracia, pero bastante, la parodia que hacen los de UPYD de la brutal secuencia de “La vida de Brian”. Se lo han puesto a huevo, lo han aprovechado y así, de paso, han conseguido que los pocos que no supieran de la existencia del Frente Popular de Judea abandonen su infeliz ignorancia. Gracias, muchas, por todo ello.
http://www.youtube.com/watch?v=WYU5SAQwc4I  

-          Huelga telegráfica: Estoy trabajando. STOP. Haría huelga prácticamente contra mí. STOP. Sobran los motivos. STOP. Cada vez más. STOP. Cuantas más veces se diga que una huelga no sirve para nada, es que sirve para algo. STOP. Cuando cierre, me manifestaré, aunque sea en mi casa. STOP.
 

 -          Solo para atléticos: Miro la clasificación e insisto, que nos quiten lo Falcao, pero que a Falcao nos lo dejen tranquilo, que no lo provoquen…

CONTRA LA PARED

Con flores a Marilyn en mi ciudad. Hay pintadas y luego está ésta.  

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

http://www.youtube.com/watch?v=wzUp5jQKlMg&sns=tw

¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es, posiblemente, lo más divertido que he escuchado en años? Sí, sí y sí. Mi hermano el pequeño me lo presta. House of Pain, Queen y AC DC juntos en la misma canción. Hay que tener un cuartillo de tiempo libre, otro de talento y cuarto y mitad de cachondeo para juntar y vencer. Lo llaman “Mash-up” y sí lo es. 

Comentarios

Aliento 20/11/2012 19:04 #1
Fernando, yo leo Tribuna en gran parte por tí y por este Garrido is not Spain que espero con impaciencia cada miércoles... así que podría decirse que eres mi 'El País' particular ;)

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