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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Esta vez, no

El pequeño Víctor me miró con esa mezcla de admiración y asombro de quien ve de cerca la magia. “Lo falla”, le dije muy serio cuando Robben iba a tirar el penalti que podía haber dado la Liga de Campeones al Bayern en la prórroga de Munich hace unas cuantas semanas. Y lo paró el portero. Lo que no sabe el pequeño Víctor es que siempre digo lo mismo. Y, como es obvio, pocas veces acierto. Es lo que tiene ser un optimista compulsivo. No se preocupen, lo trato semanalmente con mi psicóloga de cabecera. Dice que voy bien. Por supuesto, no me la creo.

Me hago mayor. Quedan solo un par de días para que empiece la Eurocopa y ni siquiera he acertado a la primera el grupo de España. Tuve que pensar si la Irlanda contra la que jugamos es la bellísima independiente o la brutalmente salvaje del Norte. Espero curarlo con el tiempo, con esas pocas horas que quedan para que comience uno de los mayores espectáculos del mundo. Será que me he acostumbrado a ganar, aunque sea solo en esto. Será que durante demasiados años soñé, -me soñé que decimos por estos lares-, con superar los malditos cuartos, con que los italianos no se riesen en mi cara, con que algún árbitro no me despertara del sueño con una decisión injusta en el último instante, con que, en fin, Clemente no pusiese a dos centrales a organizar el juego del equipo. También en esto como en casi todo, el hambre se pasa comiendo. 

Deberíamos ganar la Eurocopa porque somos los mejores, bueno y qué. Porque tenemos al mejor portero del viejo continente, por supuesto del nuevo también, y a tres o cuatro jugadores que, de raros que son, ni siquiera llevan el cuerpo cargado de tatuajes. Porque Iniesta es dios, Xavi dios padre y Silva, el profeta que anunció la buena nueva en forma de tiki-taka arrollador. Porque Torres se va a vengar. Porque sabe que todos, menos yo, esperaban que se tropezara cuando cruzó en solitario medio Camp Nou para despedir a Guardiola de la forma que nunca mereció. Porque, qué coños, tenemos un seleccionador de Garrido, y más asombroso aún, de izquierdas.

Y, sin embargo, pequeño Víctor, esta vez, no vamos a ganar. Me da en la nariz, y en mi apéndice nasal estaba pensando Quevedo cuando escribió aquello tan famoso que algún día te contarán en clase de Literatura. Pensar mal suele significar tener el 51% del capital social del acierto. Esta vez, no lo veo claro, la verdad. Aunque puede ser que aún no me he puesto a ello en serio. En el inolvidable Mundial de Sudáfrica, y testigos tengo en forma de imborrable SMS, vaticiné el triunfo final al minuto de caer en el choque inaugural. Será que todo esto me ha pillado ya algo mayor. Será, mejor pensado, que al final ganaré igual. Si perdemos, porque ya lo dije yo; si ganamos porque habrá que celebrarlo.

 

DESAPUNTES

The wire: Se cumplen diez años del estreno de una de las mejores muestras de cine, aunque emitido en televisión, que el que suscribe haya visto nunca. “The wire” se llamó y era un ejemplar compendio de drogas, policía, política y medios de comunicación en Baltimore, una de las ciudades más peligrosas de los, casi perfectos, Estados Unidos. En El País se han acordado de tamaño aniversario con un buen recordatorio que me ha animado a repasarla cuanto antes. Si no la han visto ya, están perdiendo el tiempo.

- La frase de la semana: Ronaldinho: “Ahora voy a vivir mi vida. Va a haber fiesta todos los días”. Grande.

- Sólo para atléticos: Nos quedaremos sin Diego como me quedé sin abuela. Y le echaremos de menos, más o menos como yo a ella.  

- Sólo para los más atléticos. Qué bien nos lo pasemos.

 

CONTRA LA PARED

Pintada correr, Salamanca  Pintada correr, Salamanca Pintada correr, Salamanca

En mi barrio la gente está huyendo. De quién, sí lo sé. A dónde, lo desconozco por completo.

 

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN

Allá por 1990 salió al mercado el único disco que publicaron los Notting Hillbillies. En mi ciudad se debieron de vender exactamente dos vinilos. Uno lo tengo yo y el otro sé perfectamente quién y dónde lo compró. Era una pequeña joyita, quizá lo último con nota suprema que hizo el mayor ídolo de mi inacabada adolescencia, el genial Mark Knopfler. Junto a estas líneas, varias muestras de talento innato y brutal, pura demostración de la mejor manera que jamás he visto de tocar una guitarra. Nunca seis cuerdas y tres dedos dieron para tanto.

 

http://www.youtube.com/watch?v=lLpKXLJBq6I&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=MG0IhhkX2us&feature=fvwrel

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