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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

El poder de la mente

Me paga, poco, una empresa que va mal. Para colmo, una parte de lo poco que me paga, me lo pago yo. Fíjense hasta qué punto soy tonto. Imaginemos por un momento que un día de estos descubro a la gente que me paga esa parte que yo no me pago, metiendo la mano en la caja de la que sale lo que me pagan. Imaginen que me callo y que espero a que, educados que son, se disculpen ante mí o me faciliten algún tipo de explicación que hasta un tonto a las tres y cuarto como yo, pueda llegar a entender. Como esperaba, me citan y, ante mi relativa sorpresa, me dicen que la empresa va peor de lo que ellos pensaban y que me tendrán que pagar menos aún. Paciente que es uno, me dejo convencer con la promesa de que ellos también verán reducido su salario, infinitamente mayor que el mío, en similar porcentaje. Al saberlo, me relajo. Lo hago como siempre suelo hacerlo. Inspiro profundamente con la ayuda de los brazos, retengo el aire en la parte más alta de los pulmones y, al expirar, centro mi atención en la zona de mi cuerpo en la que note alguna tirantez en ese momento. Al instante, localizo un casi hiriente picorcillo en la parte baja de la bolsa escrotal. Tras un par de exhalaciones completas, desaparece, prácticamente, en su totalidad. El poder de la mente. De la mente al poder, olvidémonos Señor.

Al poco, les vuelvo a pillar trapicheando con la caja. “Que se joda”, escucho decir a uno. Ni quise ver ni quise escuchar, mas vi y escuché. En una nueva cita de recortes, pregunto, ingenuo, por la malsonante expresión. “No es lo que parece”, me dice uno. “Se refería a mí”, se defiende el otro. Uno esperaba algo más real, algo así como “Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”, pero en todo caso, inhalo, retengo, exhalo, localizo y combato el mismo picorcillo de antes en similar lugar, y reculo. Más adelante, y al verme en la obligación de vender hasta el rosario de mi madre, encuentro al autor de la ofensiva coletilla a bordo de un automóvil único en su especie. Protesto levemente y me echan de la empresa en las condiciones siguientes a las conocidas hasta ese momento como las peores. Encuentran otro más tonto que yo y siguen robando.
Despierto de la pesadilla, evidentemente irreal, me desayuno un padrastro del dedo anular de la mano derecha, y leo en la prensa que leo, dependiente y subjetiva como las demás, la siguiente noticia. “Telefónica renueva a Urdangarín por 1’5 millones de euros al año”. Cuelgo.

DESAPUNTES


- La imagen de la semana: Entre el humor y las barricadas, hoy me quedo con el humor. Mañana, no sé.



- En las ondas. Se revuelven las redes sociales contra las generalizadas salidas en Radio Nacional, insisto, Nacional. Yo no oía mucho ni a Lucas ni a Garrido ni a Pepa Fernández, pero fuentes de toda solvencia me los ponían pelín por debajo de las nubes. Menos mal que el simpar Javier Gallego, conductor del indispensable “Carne cruda” en Radio 3, está de vacaciones. Solo me queda por descubrir si le dejarán despedirse.

- Misión imposible. Lo intenté, pero el otro día, cerca de él, me resultó técnicamente imposible hacer una foto panorámica de las botas de Pau Gasol.

- Leído en Twitter: “El chándal olímpico español genera confianza en los mercadillos”. “El chándal de España no es para ir a por el oro, es para ir a robar cobre”. Particularmente, y ya puestos (hasta arriba de todo), prefiero la versión de los Power Rangers.



- Sólo para atléticos. Ese Óliver Torres tiene tanta buena pinta que tan solo le falta jugar con Benji, pero dejémosle crecer que solo tiene 17 años y hace nada Domínguez era el nuevo Hierro.

CONTRA LA PARED



Como bien indica la entrañable señal, Garrido limita al Norte con el paraíso terrenal. El celestial, ya lo tenemos dentro.

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN



No estaré este sábado en Gredos viendo a The Beach Boys. A no ser que anden muy tiesos de pasta, no acabo de entender yo estas reuniones de viejunos revenidos. Nunca fueron de mis preferidos pero, obviamente, “Good vibrations”, por ejemplo, tenía gracia. Este vídeo, espectacular por otra parte, convalida varios cursos de especialista en consumo de ácidos lisérgicos. Así les fue.

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