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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Desconcertado

Desde que los conciertos dejaron de ser musicales y comenzaron a ser económicos, empezamos a crear un gran problema. Cuando yo era chaval, y la Educación era General y Básica (ojo), y el Bachillerato, Unificado y Polivalente (ahí queda eso), sólo había dos tipos de centros educativos, los públicos y los privados. Probé de los dos y no noté más diferencia que a mis amigos actuales los encontré en uno de ellos y no en el otro, pero vamos, no se extrañen que se trató de un asunto solo debido a mi carácter raruno bien conocido.

Durante unos años me debí de perder en este asunto de la enseñanza, -la educación, en casa, por favor-, tanto me debí de perder, digo, que cuando desperté, los anteriormente conocidos como colegios privados, tan dignos como los demás, se habían convertido, en su inmensísima mayoría, en centros concertados.

Ando quemado, pero mucho en los últimos tiempos, con el asunto de la enseñanza. Del escarnio, y en muchas ocasiones, que sufre la pública y del favorecimiento que en determinados ámbitos se le otorga a la concertada. Me informo en fuentes generalmente potables y me cuentan que un alumno sale más barato a las arcas públicas si va a un centro concertado que si le enseñan en uno público. A quien me lo cuenta, le creo. Pero, desde el desconocimiento y la pataleta, continúo preguntándome por qué empresas absolutamente privadas pueden recibir apoyo público con el que, al final, logran acabar con un cierto sector de su competencia.

No se debería permitir que cerrara un solo colegio público. Y en ésta, mi ciudad, ya van varios. ¿Qué lo tienen que hacer porque se quedan sin niños? Claro, si no se les apoya como a los que cuentan con dos fuentes de financiación, ¿qué remedio queda? Si a un centro público le rodean cinco concertados puestos a todo tren con dinero proveniente de dos cauces económicos bien diferenciados, la elección es demasiado sencilla como para dudar.

Supongo que hacer colegios públicos costará un buen dinero. Y mantenerlos, mucho más. Pero me imagino que algo menos, y no es demagogia sino pura indignación, que aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin usuarios o flotas de coches de ultimísima generación. Por no hablar, claro, de comisiones de corruptos que se quedan por el camino.

Escribo sobre el polémico particular porque vienen tiempos más difíciles aún para la escuela pública (y también para la sanidad, por un asunto similar e incluso más grave que el anterior) y creo que, al menos, deberíamos poder polemizar por ello dejando aparte interesadas refriegas políticas. Me parece perfecto que haya diversidad de centros educativos, públicos, religiosos concertados, absolutamente privados… con profesores, imagino, buenos, malos y peores, en todos los casos; pero me parece muy tremendo que a muchos de los primeros se les deje morir en beneficio de los otros dos. No entiendo por qué no se sigue haciendo como toda la vida y se deja que cada uno se juegue su dinero y la gente pueda elegir en igualdad de condiciones. No hay dinero, lo sé, pero tener colegios públicos con importantes problemas de mantenimiento no debería poder encontrar sitio en ningún presupuesto digno.

Acabo con un dato real y una pregunta sin malicia. Una amiga me comentaba el otro día que en la clase de su hijo hay alumnos de 14 nacionalidades diferentes. Cuando ese chaval salga a la calle, casi nada se le hará extraño y tendrá una importante parte de su vida ganada. A lo mejor me confundo, pero imagino que sabrán a qué tipo de colegio va cada mañana.

DESAPUNTES

- Tarde, de nuevo: Alguna vez había pensado escribir un cuento con la posible vuelta de nuestra añorada peseta. Después de leer esto en El País del domingo, dedicaré mi tiempo libre a otra cosa.

- De principio a fin: Lo primero que ha hecho el inminente presidente del Gobierno es hablar con sus banqueros de cabecera. De las últimas cosas que va a hacer el que ahora se va es indultar a un banquero. La vida misma.

- Sólo para atléticos: ¿Desde cuándo los partidos duran 90 minutos y no solo un cuarto de hora?

CONTRA LA PARED

Qué bonito es el idioma castellano y su polisémica riqueza. Cuidadín con el perro y con lo que suelta.

MÚSICA PARA LLEVARSE A UNA ISLA DESIERTA… O A CASTELLÓN



Por ahora sólo puedo compartir la voz, que, por otra parte, es lo importante. Nunca, hasta ahora, me había interesado lo más mínimo por Nacho Vegas. Por no interesarme, no me interesaba ni su novia, la reflectante Christina Rosenvinge. Y mucho menos sus ridículas manifestaciones respecto a la ideología “de derechas” de Russian Red. Pero esto que ha hecho ahora Vegas, directamente, me encanta. Se titula “En mi nueva vida” y es, casi, casi, genial.

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