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Garrido is not Spain

Fernando Rodríguez
Blog de Fernando Rodríguez

Autocensura

Llevo un mes ocupado en uno de mis profundos estudios estadísticos. He visto tantos a lo largo de mi vida, a cual más ridículo, que hace, ya digo, treinta días, me embarqué en uno que me rondaba la cabeza desde hacía tiempo.

El estudio de campo no es complicado. La muestra elegida, tampoco. Personas, pongamos, de 15 años en adelante. Me da igual el sexo, sólo en este caso, la clase social, la pirámide de edad, los estudios del sujeto en cuestión y hasta sus afinidades políticas y futbolísticas, aunque todas ellas las emplearé para la segunda parte del estudio. Llevo un mes siguiendo a gente y, aunque eso me ha ocasionado algún que otro problema, también ha traído consigo el comienzo de alguna que otra bonita amistad.

El estudio, encuesta, experimento, trabajo empírico, pónganle el peor nombre que se les ocurra, consiste en adivinar cuál es la distancia media a la que la gente saca las llaves antes de llegar a su casa. Así, como lo están leyendo. Piensen en qué es lo que hacen ustedes.

ÂżSacan las llaves del bolsillo justo en el momento en el que divisan el portal? ÂżO en el que ya no les queda otro remedio si no quieren llamar al interfono? ÂżQuedan, sin embargo, aún dos calles para entrar en la suya cuando lo hacen? ÂżO acaso llevan siempre las llaves en su mano en previsión de males mayores? Se agradecen colaboraciones en los comentarios del espacio inferior del blog, si bien el dato que he obtenido por las observaciones realizadas está situado actualmente en 13€™40 metros.

ÂżEstán ustedes por encima? ÂżSe encuentran por debajo? No es cuestión, tampoco, de ver a gente por mi barrio con el metro calculando exactamente la distancia que hay desde el punto en el que sacan del bolsillo las llaves de su casa hasta ese otro en el que las introducen en la cerradura del portal. Me valen, sólo faltaba, las aproximaciones. Reconozco, por otra parte, que la primera idea era hacer el experimento con los coches pero los abridores automáticos ('piu piu', ya saben) me lo ponían un pelín más difícil.

He escrito todo lo anterior porque algo me tenía que inventar para no escribir sobre lo que realmente quiero. Llámenlo autocensura y acertarán. Tenía, no les miento, preparado otro interesantísimo experimento para llenar lo que queda de blog y pasar por el columnista surrealista que dos chicas, (mil gracias), echaban tanto de menos. Pero no aguanto más. El domingo, lo confieso padre, estuve en la manifa de indignados. Un rato, viéndola. Después, dentro, muy dentro.

Para los no informados, diré que podría haber sido la organizada para salvar a la UDS o a la Caja. Quiero decir, que caminé con gente de todas las edades y condiciones. Mucho joven, por supuesto, pero yo también me considero aún como tal. Confieso que al principio me encontré raro, mirando a ver si alguien me miraba, pero después, no. No comparto todas, aunque sí casi todas, las consignas que allí se gritaron. Tampoco todo lo que leí en las pancartas que allí vi, pero es que la mayoría de las veces que he ido a votar a alguno de los partidos políticos que han tenido el honor de recibir mi apoyo, lo he hecho con la nariz tapada. Tengo claro que si tuviera que estar de acuerdo al cien por cien con un grupo con el que simpatizo, me quedaría aún más solo de lo que estoy.

No es una crisis, es una estafa, escuché. A pies juntillas lo creo. ÂżAlguien lo duda? Hasta creo recordar que lo tarareé. Cómo podemos tener la desvergĂźenza de exigir a los organizadores de toda esta movida soluciones inmediatas, propuestas firmes, recetas mágicas cuando no somos capaces de exigírselas a los que realmente tienen la capacidad para cambiar las cosas. O es que es verdad eso de que no la tienen. ÂżSi yo no lo he votado, por qué manda el mercado? Pregunta retórica, fundamental para entender mi cabreo.

Obviamente, no vi ni un solo gesto violento. Me hubiera ido corriendo de allí. Por miedo, primero, y por pena después. Sedicioso me han llamado en algún sitio por ir a una manifestación como la del otro día. Sólo me puedo reír recordando la magistral escena de 'La vida de Brian' y los 'zeizcientoz bárbaroz zediciozoz'. No me gusta, no quiero, que insulten a quienes nos gobiernan, especialmente cuando no se acierta para nada con el destinatario ideal de esa protesta, que sí que estaba y bien cerca. Ahora bien, la provocación de los trajes, los ERES, los bonos millonarios de los directivos multimillonarios y las primas de riesgo continúa. O no aprenden o no se enteran.

Acabo con la misma autocensura con la que empecé. Yo, de lunes a viernes, saco las llaves treinta metros antes de llegar a mi portal, justo a la altura de mi kioskera de confianza. En fin de semana, suele estar abierto.

Contra la pared

Garrido


Por esto se llama así este modestísimo blog. Hace meses que le han tachado el €œnot€, pero la memoria fotográfica lo mantiene en todo su esplendor. Garridismo pacífico y no excluyente. Como ser del Atleti. Una forma de vida.

Música para llevarse a una isla desierta... o a Castellón


Sólo él y mi madre me han llorar en un concierto. Lo de mi madre fue con cuatro años, aquella noche en la que me echó una bronca porque no le dejaba escuchar a Serrat. El pelirrojo de la foto se llama Alasdair Fraser y es el mejor violinista que mis oídos hayan escuchando jamás. Tecleen en el ordenador 'Calliope House' o 'Common Ground' y déjense llevar. A lo mejor, no vuelven a la realidad.

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