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Frente al muro

Óscar Sánchez Alonso (UPyD)
Blog de Óscar Sánchez Alonso. UPyd Salamanca

La 'soplagaitez' de que todos los políticos son iguales

€œTodos los políticos son iguales€, dice mucha gente, mientras enarbola cierto prurito 'intelectualoide'. Jamás una simpleza tan grande tuvo tanto predicamento. Nunca una nadería semejante fue expuesta con tantos aires de prestigio y supuesta sagacidad. Hay ciudadanos de a pie que insisten en la cantinela; hay medios de comunicación que propagan el discurso. Así están las cosas, y quizá el ejemplo evidencie realidades: la cultura democrática en España padece gordísimas flaquezas.

Hace cosa de un mes, a raíz del estreno de 'Un cuento chino', leía una entrevista a Ricardo Darín. El actor argentino señalaba: €œNo todos los políticos son iguales. No me gusta generalizar€. ÂżVen? Darín no está diciendo nada del otro mundo. No está llegando a ningún revolucionario hallazgo. Está constatando algo obvio€Ś pero obviado. Ése es el problema. Que lo que podría parecer una obviedad, es algo que resulta muy reseñable, porque ha pasado a ser una 'rareza' (y de hecho, ése era el titular elegido para la entrevista).

No hace mucho, también, se presentaba el último libro de Rosa Díez: €œEs lo que hay€. Un libro que sintetiza el blog que ha venido escribiendo desde hace cinco años, y que llega acompañado por prólogo y apuntes de Irene Lozano.

Por el tema que hoy nos ocupa, me limitaré a entresacar una idea que recoge la periodista Lozano en el arranque de la obra. Supongamos que alguien sostuviera que los salmantinos, o las conquenses, o las homosexuales, o los gitanos, o los arquitectos, o las embarazadas, o las profesoras, o los parados, o las francófonas, o los ortodoxos, o los feministas, o las morenas, o los ateos, o las violinistas, o las atletas, o los divorciados, o las aristotélicas, o los pecosos€Ś €œson ignorantes, no tienen formación, son unos privilegiados, unos inútiles, unos vagos que jamás prosperarían en una empresa privada, sólo aspiran al medro, cuando no al lucro personal (€Ś)€, etc, etc.

Si tal situación se produjera, lógico sería que pronto surgiesen réplicas para explicar que no se puede incurrir en tal tipo de generalizaciones, que no se puede estigmatizar a un colectivo, profesión o gentilicio; al igual que no se pueden extraer conclusiones en función de un rasgo, una creencia, un habla, una orientación, un hobby€Ś Salvo que la sociedad correspondiente estuviese muy enferma, rápido se alzarían voces de protesta ante descalificaciones tan gratuitas.

Todos los políticos debemos estar sujetos a la crítica. (Utilizo la primera persona del plural para no escurrir bultos. No dispongo de un cargo público y ejerzo mi vida profesional fuera de la política. Pero soy un ciudadano, y no concibo el concepto de ciudadanía sin participación y ejercicio en la esfera pública. Aunque estoy afiliado a UPyD, no es ese carné aquello que me convierte en político. Soy político€Ś porque soy ciudadano). Realizada la acotación, sigamos con la frase. Todos los políticos debemos estar sujetos a la crítica, por supuesto. Y convendrá añadir: la crítica argumentada y verificable nada tiene que ver con la descalificación generalizadora, arbitraria, sectaria y prejuiciosa.

Entre otras notas y propiedades, las democracias que así merecen llamarse se caracterizan por el protagonismo de lo primero (crítica con argumentos, conocimiento certero y contrastable, juicio racional e informado). Los regímenes que no son democráticos, o que se han propuesto dejar de serlo, encuentran la preponderancia de lo segundo (generalizaciones, vaguedades, prejuicios, tópicos, estigmas€Ś y reaccionaria y populista demagogia).

Vuelvo a Irene Lozano. Apunte bien subrayable: €œ(€Ś) una sociedad que haya interiorizado la democracia ha de tener claro que los partidos no son diabólicos per se, sino que llegan a ser lo que sus dirigentes y militantes hacen de ellos€.

Por cierto, hablando de partidos. El pasado fin de semana, UPyD Salamanca celebró elecciones para elegir su Consejo Local (órgano encargado de dirigir la acción política del partido en el ámbito local). Al igual que ocurre con las primarias (porque en UPyD sí tenemos auténticas primarias y no pantomimas enmascaradoras del dedazo), en la elección de cargos internos se sigue el mismo procedimiento: todos los afiliados, si lo desean, son electores y elegibles. No hay necesidad de avales ni filtros. Le pese a quien le pese, la democracia interna existente en UPyD está muy lejos de la que fluye en otros partidos. Dista, y mucho, de la que circula por latitudes bipartidistas.


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