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Frente al muro

Óscar Sánchez Alonso (UPyD)
Blog de Óscar Sánchez Alonso. UPyd Salamanca

El cese es eterno mientras dura

€œEl amor es eterno mientras dura€, cantaba Ismael Serrano. Esa forma de entender la `eternidad´ me hace pensar en lo €œdefinitivo€ de algunos €œceses€. ÂżLes suena, verdad? €œCese definitivo€ fue la expresión empleada por Eta en su comunicado del pasado octubre. Esas dos palabras propiciaron un sorprendente espectáculo: la gran mayoría de partidos políticos (PP y PSOE entre ellos), y buena parte de medios de comunicación e intelectuales varios€Ś nos brindaron una angelical interpretación al respecto.

El €œcese definitivo€ propició que muchos decidieran ignorar todo lo otro que también estaba recogido en el comunicado. Prefirieron los emotivos pucheritos, cargados siempre de merengue, cargados a veces de impostura, cargados en ocasiones de oportunismo. Optaron por el sentimental gimoteo, antes que por el análisis racional de lo ocurrido.

Aquello que cualquier persona de bien querría que pasase se sobrepuso a lo que verdaderamente había pasado. Y lo que teníamos delante de nuestras narices resultaba palpable: bastaba ver el vídeo de los ignominiosos encapuchados, bastaba leer la totalidad (repitamos: la totalidad) de su execrable mensaje.

Lo que estaba delante de nuestras narices (un rebaño de asesinos mostrando con orgullo su sangriento currículum; una piara de verdugos que no se disuelve, que no entrega las armas, que no se pone a disposición de la justicia y que no pide perdón) se relegó frente al `nos gustaría que´. El `nos gustaría que´ (nos gustaría que Eta haya desaparecido para siempre) no quedó circunscrito a un legítimo y esperanzador deseo. El `nos gustaría que´ se quiso presentar €“y así nos lo han venido vendiendo- como algo resuelto e incontestable.

Dentro de esos espejismos, dentro también de esas `circulaturas´ del cuadro, incluso llegó el libro de Eguiguren y Aizpeolea. Una obra que fue publicitariamente promocionada con todo platillo y bombo. Una obra que enarbolaba a todo trapo la palabra talismán de la €œpaz€ (erróneo empleo cuando estamos hablando de terrorismo), como abanderaba a troche y moche el interesado señuelo del €œfin€.

El €œcese definitivo€ que los asesinos expusieron en su artificio propagandístico, los voceros de la pacificación pasaron a convertirlo en el €œfin de Eta€. Tal salto se presentó como un hecho ya consumado, ya irrefutable y ya concluido (puede confrontarse, a este respecto, el artículo de hace un par de semanas).

El reseñado Eguiguren (presidente de los socialistas vascos, coautor del mencionado libro y sobresaliente protagonista en ese mal llamado €œproceso de paz€) introducía recientemente una novedad. De repente resulta €“dice- que no se pueden descartar atentados.

De llegar €œalgún atentado por algún lado€, debemos estar preparados para la cantinela justificadora. Los Eguiguren de turno nos explicarían lo acontecido con el argumento de que el mejor escribano echa un borrón. Nos contarían que entre los `pacifistas etarras´ quizá se haya escondido alguna descarriada oveja, pero que desde luego no se puede echar por tierra la grandísima oportunidad que se ha abierto en el horizonte, y e-t-c, e-t-c, y bla-bla-blá, bla-bla-blá.

De ocurrir algo que no se ajuste al guión, se nos contaría que estamos ante un €œaccidente€ ocasional (al estilo del atentado de la T4); o nos saldrían con aquello tan entrañable de €œla Eta buena€ y €œla Eta mala€€Ś y abyectas mandangas varias.

Como se observa, los etarras pusieron en juego el amonal que siempre conlleva el lenguaje terrorista, y otros contribuyeron de forma decisiva a airearlo. Precisamente, los mismos que han estado en esa campaña promocional de la añagaza, ahora nos descubren que quizá €œel cese€ €“como el cielo de la película- tenga que esperar. Se dice bien.

@o_sanchezalonso

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