Silueta original

Feliz con poco

Félix Martín Santos

Valle Medio del Arlanza: Planeo del buitre leonado sobre sabinas milenarias en la Sierra del Gayubar

El curso medio del río Arlanza forja un cañón y un conjunto de meandros auténticamente excepcionales no sólo por su belleza singular sino también por su riqueza biológica: variada avifauna, con la categoría de Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA), con una de las más notables colonias de buitres leonados de la península ibérica (218 parejas); los sabinares más extensos y mejor conservados del planeta, algunos de más de 2000 años de antigüedad, que forman parte del Parque Natural de los Sabinares del Arlanza; interesantes fenómenos geológicos, propios de la orla mesozoica previa a la sierra de la Demanda, con su conjunto de sinclinales colgados y sus huellas paleontológicas. 

Por si esto fuera poco, lamiendo sus meandros se hallan las ruinas del otrora poderoso monasterio de San Pedro de Arlanza y, más arriba, las de la primitiva ermita de San Pelayo.

 

En el artículo precedente iniciamos la descripción de una ruta senderista que recorre uno de los tramos más emblemáticos de este valle: el que transcurre desde el puente más próximo a San Pedro de Arlanza, el puente de la Viña, y la cumbre del monte Gayubar. Aprovechamos para referir una serie de hitos: la riqueza biológica del ecotono del inicio del trayecto; el acceso a una primera atalaya sobre el Arlanza, donde se aprecia, además de una bellísima panorámica, la erosión del río en su orilla derecha, forjando el promontorio rocoso de la ermita de San Pelayo, y la colmatación de materiales en la orilla opuesta; el trayecto hasta un mirador desde donde se divisa el cañón del Arlanza; y el descenso hasta la base de una peña buitrera. Pero nos quedamos en la mitad de la excursión. Continuemos, pues, con el resto.

 

Caminando entre sabinas en pos del arroyo de la Estacada

 

Tras descender por tercera vez a la orilla izquierda del río y rebasar la mole rocosa, donde cría una pareja de buitres leonados, senderearemos entre el río Arlanza, a nuestra izquierda, y los más próximos roquedos de una crestería caliza, a nuestra derecha, contemplando notables y longevas sabinas, algunas milenarias, de hasta veinte metros de altura.

 

Cuando llevamos recorrido un poco más de medio kilómetro (570 m) por este majestuoso sabinar, el camino se bifurca. Avanzaremos por el de la derecha, y en un plis-plas veremos un cartel de la Junta de Castilla y León, arrancado y caído sobre una roca, a nuestra izquierda, cuyas letras desgastadas y poco visibles nos ofrecen una doble información: la primera, que respetemos a las aves; la segunda, que está prohibido acampar.

 

Después de una centena de metros nos topamos con el arroyo de la Estacada, que enseguida se estrecha tanto como para saltarlo cuando lleva algo de agua en primavera; en verano suele estar seco, por lo que pasaremos sin problemas. Tras vadearlo y, luego, recorrer setenta metros más, el estrecho sendero vuelve a bifurcarse. Nosotros volveremos a ir por el de la derecha, el cual nos conducirá hasta una ladera de pendiente muy pronunciada, aunque corta (110metros). Después de remontarla con esfuerzo observaremos con nitidez el cortado rocoso de Peñaísa. ¡Demontre! Ahora nos queda el tramo más duro de esta ruta: ascender el medio kilómetro (470 m) de intensa pendiente, que nos permitirá encumbrar esta parte del sinclinal colgado. 

 

Vista al inicio del ascenso al Gayubar

 

La dureza de la subida es tanto menor cuanto mayor sea nuestra forma física, esto es, nuestra resistencia cardiorrespiratoria. Sí, porque si mimamos ésta, practicando ejercicio físico regularmente, podremos gozar con la espectacular panorámica del cañón del Arlanza, a nuestra izquierda, al este, creciente según ascendemos; en caso contrario, es muy posible que la fatiga nos embote los sentidos y sólo veamos guijarros, la huella de nuestros pasos y una pendiente inalcanzable. En tal caso, paciencia y persistencia en el empeño, parándonos las veces que haga falta, pues la recompensa final bien merece la pena.

 

Ya muy cerca de la cumbre, pasamos junto a una gran sabina, que lame el camino, continuamos unos pocos metros más para situarnos sobre un rico estrato herbáceo en el que surgen especies de orquídeas del género Ophris.

 

En mayo de 2015,  cuando subía con mi amigo José Mari, tuve la ocasión de contemplarlas. Paramos aquí, contemplamos la panorámica, pero no encumbramos, con objeto de no molestar más a los numerosos buitres leonados, cuyas crías no salen del nido hasta julio. Por lo tanto, regresamos, volviendo  a disfrutar de las vistas durante el descenso.

 

Si decidimos encumbrar (no de diciembre a julio) habrá que girar primero a la derecha y, luego, a la izquierda para así pasar por un estrecho pasillo, entre dos retoños de sabina, que nos dejará en el alto de Los Alares.

 

En este momento quiero reconocer que la denominación de este sector del monte-sierra del Gayubar la he visto recientemente (septiembre 2015) en el Mapa Topográfico Nacional de España 277-III, perteneciente al Instituto Geográfico Nacional (Ministerio de Fomento), al que también se puede acceder por internet: programa IBERPIX2. Antes desconocía su verdadero nombre, simplemente decía que subía al Gayubar.

 

Al llegar a este punto, quiero agradecer a los montañeros y excursionistas que se han preocupado por señalar el trayecto correcto, mediante la colocación de hileras de piedras indicativas, sobre todo, en los tramos más comprometidos, como en la ascensión por las dos laderas citadas y en el trecho inmediatamente previo a la primera. Al menos, en la excursión que efectué en agosto de 2015 eran claramente apreciables. Este esfuerzo por ayudar a la gente, a fin de no desorientarse, es digno de encomio. Me parecen conductas muy plausibles y notablemente solidarias.                                              

 

Panorámica desde la cumbre y efectos saludables

 

Desde el arroyo de la Estacada hasta aquí hemos ganado una altura de 112 metros, pues en los pastizales de este arroyuelo he medido una altura de 918 metros y en esta plana cima de Los Alares la altitud que me marca el altímetro es de 1030 metros.

 

Nada más llegar a la cumbre el sendero discurre paralelo a una tapia, a nuestra derecha. Sin embargo, me complace más transitar paralelo al precipicio, a la izquierda, pisando un suelo constituido por rocas calizas que dejan pequeñas oquedades entre sus paredes, donde crece cierta vegetación (lapiaz). De esta guisa camino durante doscientos sesenta metros para llegar a una sabina milenaria, con el tronco inclinado al norte, hacia el cortado rocoso. Me siento junto a ella, protegido por su sombra y, desde hace dos décadas, me recreo con mi suerte, por seguir ascendiendo año tras año a esta familiar atalaya. 

 

Panorámica desde la cumbre (los Alares): mirando al este

 

Se trata de otro de los hitos de este recorrido, donde siento incrementar mi nivel de salud en su triple dimensión: somática, por los efectos cardiosaludables y antitumorales de la actividad física aeróbica; mental, porque la cantidad de endorfinas producidas tanto durante el ejercicio físico como con la contemplación de la bellísima panorámica tienen, sin duda, un relevante efecto antidepresivo y neuroprotector; social, porque con cierta frecuencia suelo ascender acompañado de amigos y compañeros con los que mantengo amables y enriquecedoras conversaciones. Tanto es así que ya empiezan a publicarse artículos que revelan que el grado de comunicación social ejerce un cierto efecto preventivo frente, al menos, dos procesos: depresión mental y cardiopatía isquémica (infarto y angina).

 

Aún recuerdo los felices momentos vividos en la reciente excursión (27 de agosto de 2015) que efectué con mis grandes amigos, José Ángel, Alfonso y su encantadora hija, Isabel, geóloga en ciernes. Confraternizamos mientras, sentados a la sombra de esta señorial sabina, degustábamos unas viandas propias de nuestra Dieta Mediterránea y una infusión de café especial de Etiopía Yirga Cheffe. La singular panorámica, la relajante conversación, el planeo de los buitres y las lecciones de geología de Isabel, echaron el resto.

 

Mirando al oeste: San Pedro de Arlanza y San Pelayo, en lontananza

 

Bueno, ya es momento de describir los elementos y parajes que se divisan desde esta ubicación, que convierten a este mirador, según mi criterio, en una fuente de salud. Tanto sentados, a la sombra de la sabina mencionada, como de pie, al borde del cortado rocoso, gozaremos con la siguiente panorámica: de frente, al norte, el cañón del río Arlanza, cuyas aguas fluyen de este a oeste, y que en otoño se tiñe de ocres por el bosque galería de sauces, alisos y los chopos de repoblación vecinos al río, mientras que en invierno adquiere los tonos rojizos de los amentos masculinos de los alisos; también al norte, enfrente nuestro, veremos las pequeñas cumbres de la Sierra de las Mamblas, con el cercano risco Estillín; al este, en lontananza se observa la silueta sinuosa de las cumbres de la Demanda, donde destaca el Mencilla; al oeste, la evocadora visión de las ruinas del Monasterio de San Pedro de Arlanza y de la Ermita de San Pelayo; a nuestra espalda, al sur, se extiende el sabinar durante un cuarto de kilómetro hasta llegar a la vertiente meridional de este sector del Gayubar.

 

También desde esta atalaya podremos apreciar bien el sublime vuelo a vela del buitre leonado (Gyps fulvus), cuya destreza para aprovechar las corrientes ascendentes de aire caliente, lo convierten en el emperador de las térmicas. Además, su habilidad para el planeo también se debe a su sorprendente capacidad para valerse de las corrientes de aire convergente y de ladera. En este momento me parece justo recordar a mi buen amigo Roberto, practicante de vuelo sin motor o vuelo a vela, pues fue el que verdaderamente me explicó los fundamentos de la prodigiosa técnica de planeo del buitre leonado. Estábamos aquí, al borde del precipicio, hace más de una década, contemplando absortos el planeo de estas aves. Él, emocionado con lo que veía, entendía y fácilmente transmitía; yo, ojo avizor, intentando comprender su docencia cuasi práctica, que, además, me sirvió de acicate para que recabara más información sobre el tema. Gracias a él puedo gozar más de lo convencional con la contemplación del elegante vuelo de estas beneficiosas carroñeras.

 

Sector meridional del Gayubar

 

Bueno, prosigamos con la ruta. Usualmente, tras acceder hasta este punto estratégico y disfrutar de sus bondades, procedo a regresar al punto de partida, utilizando el mismo trayecto. Sin embargo, en ocasiones, fuera de la época crítica de crianza de los buitres (de diciembre a julio), prosigo hacia al este, paralelo al cortado rocoso, sin molestar a la rica avifauna, con el propósito de gozar con su contemplación y observación. Otras veces, en cambio, camino hacia el sur, a fin de disfrutar con la visión de longevas sabinas, de excepcional porte, así como del correspondiente estrato arbustivo en el que sobresale el omnipresente espliego, cuya floración óptima la alcanza en esta agreste cumbre durante el mes de septiembre.

 

De esta suerte logro llegar al otro extremo, el meridional, situándome sobre una pequeña plataforma, junto al cortado rocoso de este sector, en donde crecen diversas especies de siempreviva sobre el calizo piso, con el objeto de disfrutar con sus excelentes vistas: al sur, enfrente nuestro, tenemos  el arroyo de la Estacada y, más arriba, en lontananza, el mar de sabinares de Contreras y de Retuerta; a nuestra izquierda, al sureste, contemplaremos el pueblo de Contreras, con abundantes choperas de producción y, más a distancia, las moles de la Peña Carazo y del alto de San Carlos; a nuestra derecha, al oeste, veremos el inicio del desfiladero del arroyo de la Estacada o también llamado de El Cordillón. Finalmente, en el propio monte Gayubar, si miramos a nuestra izquierda veremos, a corta distancia, las oquedades y plataformas utilizadas por la avifauna; a más distancia, observaremos las Tenadas de Valdelacasa, con su ocre tejado. Además, en agosto de 2015 me sorprendió, en este mismo punto y paraje, la reiterada y bulliciosa ladra del corzo, acentuada durante el celo.

 

Si manejamos el programa IBERPIX2 podremos comprobar que esta Sierra del Gayubar dispone de una serie de altos o pequeñas cumbres, como el Alto de la Encinilla (1143 m.), el Guijarrón (1200 m.), que está junto al Espolón de Cascajares, Cabra (1255 m.), Cerro Contrera (1028 m.), Cabeza  la Fuente (1148 m.), y el más alto, La Peñota o Gayubar (1312 metros), casi enfrente de Barbadillo del Mercado. Son las caprichosas formas que adopta este sinclinal colgado, netamente visibles cuando nos aproximamos desde Castrillo de la Reina hasta Salas de los Infantes.

     

¿Por qué el Parque Natural de los Sabinares del Arlanza alberga los más extensos sabinares del planeta?

 

Es muy probable que se deba a que la sabina es un árbol capaz de resistir extremas condiciones meteorológicas así como edafológicas, soportando tanto temperaturas extremas como una gran pobreza del suelo. Ambas circunstancias hacen casi incompatible el desarrollo de la inmensa mayoría de los árboles, que no de la sabina.

 

En este momento me parece oportuno mencionar algunas características de este árbol, perteneciente a la familia de las cupresáceas. La sabina albar (Juniperus thurifera) es un árbol resinoso, siempre verde; de lento crecimiento; con hojas adultas escuamiformes, esto es, como pequeñas escamas imbricadas; de carácter dioico, dado que existen pies con flores masculinas, productores de polen, y pies con flores femeninas, que al ser fertilizadas constituirán el fruto, el cual está constituido por gálbulos de siete a ocho milímetros, pardo azulados de jóvenes, tornándose purpúreos en la madurez, la cual alcanzan en otoño o invierno del año siguiente.

 

La madera es imputrescible y muy aromática, de olor similar al incienso, por su carácter resinoso. La resistencia exhibida por la sabina es realmente sorprendente, pues es capaz de aguantar temperaturas extremas, que oscilan desde las gélidas invernales de – 25oC  hasta las tórridas veraniegas de 40 o C. Además, es capaz de desarrollarse en suelos muy pobres en materia orgánica y nutrientes, incluso sobre auténticos pavimentos de caliza o lapiaces, donde ningún otro árbol llega a hacerlo.

 

 

Cuando el suelo es algo más rico es fácil verla junto a encinas y, a veces, junto a quejigos. Sin embargo, en algunos sectores de la cumbre del monte Gayubar se observa un fino lapiaz, donde pueden verse pequeños surcos de vegetación, separados por tabiques de roca, formados por la disolución superficial de la caliza por el agua de lluvia almacenada. Por este motivo, la sabina puede crecer lentamente y sin competidores arbóreos, constituyendo un bosque adehesado con bastantes ejemplares milenarios, al igual que en la cercana cumbre de la peña de Carazo. Por otra parte, el profundo y extenso sistema radicular de estos árboles también ayuda lo suyo, haciendo más posible la obtención del líquido elemento, un tanto escaso en este terreno kárstico.

 

Quizá por estas características las sabinas constituyen en estas agrestes superficies auténticos bosques relictos, pues se remontan al terciario, hace unos 80 millones de años, época que permitió el desarrollo de especies propias de ambientes áridos.

 

Rapaces emblemáticas de este parque natural

 

Es tan rica y variada la avifauna de estos parajes como para adquirir en el año 2000 la clasificación de ZEPA. No obstante, en este punto sólo mencionaré algunas de las rapaces que crían en los cortados rocosos del cañón del Arlanza y del desfiladero de la Estacada, aquellas que podremos contemplar mientras recorremos sus senderos: buitre leonado, alimoche y halcón peregrino, de las que tenemos datos fiables de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife), obtenidos por censos sistemáticos durante el 2008. Conforme a ellos, la población de parejas reproductoras en la ZEPA de los Sabinares del Arlanza es la siguiente:

 

-          Siete parejas seguras de águila real.

 

-          Doscientas dieciocho de buitre leonado.

 

-          Trece parejas seguras y tres probables de alimoche (en este caso, también incluye los avistamientos en las hoces del Riaza).

 

-          Once parejas seguras de halcón peregrino y existen cuatro territorios desaparecidos.

 

En cuanto al águila perdicera, el censo de 2005 de la SEO, ya lo situaba al borde de la extinción en Burgos, pues sólo había una pareja reproductora en el norte de la provincia y otros dos individuos solitarios en otros dos terrenos. En nuestros sabinares se vigiló durante unos años a un ejemplar, que años más tarde apareció muerto en el sur de la península.

 

En Castilla y León el censo del águila perdicera de 2005 también fue calamitoso, ya que sólo existían catorce parejas en dos núcleos: uno, constituido por los Arribes del Duero y sus afluentes, en las provincias de Salamanca y Zamora, donde hay trece ejemplares; otro, el ya citado de Burgos.

 

Por ello, el 29 de noviembre de 2006, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León publicó un decreto (83/2006, de 23 de noviembre), por el que se aprueba el Plan de Conservación del Águila Perdicera en Castilla y León, en virtud del cual se consideraron los Sabinares del Arlanza como una zona crítica para el desarrollo de esta rapaz, pues se considera vital para la supervivencia y recuperación de la especie, abarcando parte de los municipios de Barbadillo del Mercado, Cascajares de la Sierra, Contreras, Hortigüela, Mambrillas de Lara, Retuerta y La Revilla. En definitiva, se pretende que vuelva a criar por estos parajes, para lo cual adoptaron una serie de medidas de protección. Sin embargo, por ahora los resultados son muy pobres.

 

 

En fin, son muchas las veces que he recorrido estos lares acompañado de familiares (mujer e hijas) y de amigos. En todas ellas he disfrutado mucho y he alcanzado buenas dosis de felicidad, por lo que una de mis aficiones favoritas es la de organizar excursiones con gran parte de la buena gente con la que tramo amistad, a fin de que puedan gozar con las singularidades de estos parajes del Valle Medio del Arlanza, en los que la grandeza y la accesibilidad están imbricadas. Convencido estoy de que con poco se puede ser muy feliz.

 

Dr. Félix Martín Santos

                                                    

Comentarios

Isidoro Valiente 08/04/2016 17:40 #15
Después de largos años como paciente del Doctor Félix, ya me considero buen conocedor de su extraordinaria capacidad profesional así como de sus excepcionales cualidades humanas. Sin embargo hasta fechas recientes yo no había tenido la oportunidad de leer algunos de sus escritos y disfrutar del interesante contenido de los mismos. El Doctor maneja admirablemente los tiempos literarios con sencilla escritura de gran narrador, méritos suficientes para que el lector enseguida muestre interés por la lectura continuada de sus artículos en general. La temática relacionada con la naturaleza y su correspondiente fauna, es deliciosamente admirable de cómo el autor lo describe con todo detalle, demostrándonos su entusiasmo y amplios conocimientos sobre el encanto y belleza de los parajes que previamente ha transitado y visualizado con los ojos del alma.
Bonitos recuerdos 25/02/2016 08:28 #13
Gracias Félix por haberme hecho revivir bellos momentos que he pasado en estos parajes que tan poéticamente has descrito. Recuerdo en cada estación del año el abanico de colores que adorna el entorno, haciéndolo un lugar idílico y perfecto para la meditación.
Anuska 22/02/2016 13:25 #12
Enhorabuena !! Un gran artículo aunque conozco la zona paso a menudo por Covarrubias ,Cascajares !Hortigüela,Retuerta .., Desconocía tanta riqueza de la sierra del Gayubar, flora,fauna paisaje me ha sorprendido ,saber que tenemos tan cerca unos maravillosos parajes para realizar una ruta y disfrutarla . Gracias por ofrecer esta aventura que pienso proponer este verano a mis compañeros . Un abrazo
Joaquín García 26/01/2016 08:52 #11
En tu línea de aunar conocimientos con rigor científico y amenidad, amén de tus recomendaciones gastronómicas (lo digo por el café), en tu blog vuelvo a encontrar una oportunidad para rememorar experiencias compartidas y la ilusión de volver a realizarlas en breve. Además, deberías pensar en cambiar de ocupación y dedicarte a dar clases de Geografía e Historia, porque el resultado no puede ser mejor. Hasta la próxima ocasión y ¡gracias!
María Jesús Hernández 24/01/2016 16:10 #10
Gracias Félix por la interesante y bella descripción del monte-sierra del Gayubar, con su variada y rica avifauna y sus extensos sabinares. En el artículo nos transmites tu gran amor y respeto hacia la Naturaleza, nos invitas a incorporar a nuestras vidas hábitos saludables a través del ejercicio físico que conlleva este magnífico recorrido y nos manifiestas el valor de la amistad. Bonitas e importantes reflexiones junto al gozo de recorrer a través de tu espléndida descripción del monte-Sierra del Gayubar con toda la riqueza que atesora.
Samaquin 15/01/2016 18:20 #9
Gracias por hacer público tu conocimiento y,de forma tan didáctica,hacernos sentir partícipes de tu aventura cultural.
Ana Macías gonzález 15/01/2016 11:52 #8
¡Gran artículo! Da gusto leer y ver el gran dominio de la flora, fauna y, en general, de la Naturaleza que posees, Félix. Aunque lo que más me agrada es tu capacidad para transmitirlo a tus lectores, que te seguimos con placer. Las notas y consejos de salud las viertes en todos tus artículos, incluso en éstos, no médicos. Como se enfatiza en bastantes comentarios a tus artículos, ofreces mucha calidad, rigor y documentación con un lenguaje ameno, elegante y muy motivador. Creo que demuestras ser un gran comunicador, pero de mensajes vitales, saludables, que incitan a que seamos más felices, como dices tú, "feliz con poco". Muchísimas gracias por todo. No dejes de escribir estos completos y trabajados artículos. No te canses, por favor. Te seguimos bastantes personas, como veo en mi entorno próximo.
Amelia 08/01/2016 08:55 #7
Tus artículos sobre el mundo natural, Félix, siguen teniendo una altísima calidad, pocas veces vista, según mi criterio, pues, como ya se ha dicho en varios comentarios, armonizas el rigor de la descripción (flora, fauna, geografía, geología...) con la humanidad del relato, en base a tus propias vivencias y experiencias, de forma que su lectura es muy didáctica, entretenida y motivadora. Te sigo animando para que intentes editar (o que te editen en un libro) estos contenidos sobre Naturaleza, pues, además, están muy bien escritos y relatados. Enhorabuena. Muchas gracias por hacerme pasar momentos tan agradables y felices.
Inmaculada Hernández 06/01/2016 17:51 #6
Gracias Félix porque desde la atalaya de tus amplios y rigurosos conocimientos, desde tu trabajo bien hecho, sabiduría y hábitos saludables nos has introducido en el análisis y estudio de la riqueza de la Sierra del Gayubar, nos has permitido disfrutar de un espléndido e interesante paseo por su sinclinal colgado, nos has conducido, con seguridad y acierto, a su gran mirador, por ti considerado como fuente de salud, para admirar, con atención y asombro, los magníficos parajes que desde él se divisan: cañón, cumbres, ruinas, fauna... Gracias también por hacernos reflexionar sobre los efectos favorables que estas excursiones ejercen sobre el ser humano en su triple dimensión somática, mental y social. También gracias por tu sentido de la amistad y por tu coherencia y generosidad.
Pedro Artola 05/01/2016 16:49 #5
Apreciado Félix: Es un placer volver a leerte en estos días de Navidad con la tranquilidad y el detenimiento que mereces. Relatas con esa pasión y precisión de relojero, que te caracterizan a la hora de hacer las cosas. Me has animado a visitar nuevamente la zona, a fijarme en los pequeños detalles que en otras ocasiones me habían pasado inadvertidos. Animarte a que sigas escribiendo, a que sigas ejercitando esas habilidades y así nos beneficiaremos un buen número de seguidores tuyos. Un abrazo y salud en este 2016

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: