Silueta original

Escuela de hegemonía

Estefanía Rodero

Los frutos del amo

 

Recordaba un militante de las CUP ayer, tras hacerse público el acuerdo entre Junts pel Si y su propia formación, una frase dura y amarga de su abuelo que, viendo la emoción que provocó a su alrededor aquel histórico “Camperols, la terra es vostra” (Campesinos, la tierra es vuestra) respondía desde su dolor: La tierra es nuestra pero los frutos aún del amo.

 

La comparecencia anacrónica y narcisista de Artur Mas pasará a la historia, no con los efluvios de pendones y trompetas que parecen haber apartado definitivamente de la realidad al ex president, acampado en la grandilocuencia de unos gestos que no logran sofocar el ingreso en prisión del tesorero de CDC, sino por la evidencia de que la democracia neoliberal atenta contra su propia definición de “democracia”.

 

La expresión "lo que las urnas no nos dieron directamente lo hemos corregido con la negociación" permite, de modo simultáneo: 1) oxigenar a un partido, CDC que, entre 3%, imputados y casos Palau, no sólo tuvo como presidente honorífico hasta el 2014 al corrupto Jordi Pujol sino que sirvió como paraguas a una de las familias con mayor acervo mafioso que se recuerdan; 2) permitir que Artur Mas, (¿le hemos enviado a la papelera de la historia?) no renuncie a su acta como diputado para mantener el aforamiento protector frente a “investigaciones incómodas”; 3) reforzar la retahíla hueca, por ceguera unilateral, del España se rompe, que tantísimo gusta a la CEOE, el Ibex35 y la banca alemana, que tanto presionarán para lograr una gran coalición que pase como una apisonadora por encima de las verdaderas necesidades de la gente de nuestro país; 4) aupar a un president vía dedazo, dando por válidas como sociedad las contorsiones imposibles del establishment para sobrevivir (¿quién se acuerda de Romeva?, a quién le importa ERC, acuerdos bordeando el transfuguismo pero tampoco hay que sacar los pies del tiesto…). Carlos Puigdemont, por cierto, ya rodeado de sombras de corrupción y con enfrentamientos vecinales a sus espaldas en los que dejó bien claro cuáles eran sus prioridades.

 

Hay quienes no entendemos cómo se puede hablar de defender los derechos sociales y pelear por poner la vida en el centro del debate político mientras, entre otras lindezas, se aúpa la corrupción sistémica, se mantienen intocables los privilegios de las sagas de siempre, se contribuye a fortalecer el peligroso espejismo por el que cual terminemos por creer que se pueden defender los derechos sociales y una política económica fuera del marco neoliberal mientras se mantiene impertérrito el juego partidista de intercambio de sillones y la muy vieja “será un hijo de tal pero es de los NUESTROS”.

 

Nos toca conjurar ahora el desencanto de aquel abuelo catalán sabiendo que la respuesta frente a los cierres en falso serán siempre más manos y urnas y no falsos aplausos teatralizados.

 

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