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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

¿Errores sin reacción?

La apuesta política del gobierno por el actual modelo energético supone un suicidio para el porvenir económico, ecológico y social de España, y si queremos ajustarnos a los compromisos de 2020 y participar de la revolución energética y tecnológica de la generación renovable, debemos volver a la innovación y rescatar nuestro posicionamiento perdido como lideres en energías limpias.

 

¿Recuerdan cuando vivimos por encima de nuestras posibilidades hasta que chocamos con la humilde realidad? ¿O cuando el sibilino paso de muchos poderosos dio un traspié y el ego consumista de todos tuvo que vérselas con un escenario desconocido, de­sajustado y real? Muchos juramos no repetir los mismos errores, evitar caer en las mismas garras, y sin embargo, cuando frente a nuestras puertas aparece las crisis energética, con su escasez de recursos y la imposición de una necesidad de innovación, los cobardes se yerguen de nuevo para alimentar su codicia y enviarnos a un futuro sin prosperidad. Estamos de nuevo en el error, uno de efectos irreversibles, y mientras la mayoría se dispone a reaccionar, España capitanea la sin razón energética.

 

El próximo 30 de noviembre comenzará en París la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2015 con un claro objetivo; mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC. Para ello, el mundo entero se prepara y actúa en la revolución energética que es la generación renovable  (nuevo motor económico por necesidad y demanda) pero nuestro país –primera potencia mundial en materia solar y de tecnologías renovables hasta 2009- no solo ha cortado su liderazgo y crecimiento al frente de estas energías sino que las ha asfixiado a base de inyectar ayudas a energías finitas, contaminantes y emisoras de CO2 que se enfrentan, más tarde o más temprano, al colapso. De hecho, con la llegada de la crisis, y concretamente en este último año, las emisiones han aumentado por encima del 50% debido al repunte del uso del carbón -pese a que las centrales térmicas de carbón cubren menos del 12% de la demanda eléctrica- alejándonos del cumplimiento de los compromisos climáticos de 2020.

 

Puede que alguno esté cansado de escuchar hablar de las amenazas inherentes al cambio climático y los actuales modelos energéticos que en gran parte lo provocan, pero eso no los hace menos serios a nivel global e injustamente caros con cada uno de ustedes. Serios debido a que el sistema energético ha pasado de ser insostenible a ser inestable; y caro porque, en el caso español, se ha forzado al exilio a unas renovables encaminadas al autoabastecimiento y el ahorro para mantener el enriquecimiento de unas eléctricas con enormes beneficios a costa de los bolsillos del contribuyente. Es por eso que las actuales políticas españolas representan un suicidio para con sus ciudadanos, llevándoles a la pobreza energética y a la dependencia exterior. Una inmolación que, paradójicamente, no se autoimponen países como Alemania o Estados Unidos.

 

La cita parisina debe ser crucial para el sostenimiento de la tierra, y en el peor de los escenarios será un llamamiento más que sumar al compromiso por el cambio y la modernización de la energía. España, a día de hoy, representa la involución hacia un modelo retrógrado y nada ajustado con las nuevas necesidades económicas y planetarias, que además identifican a nuestro país y el área mediterránea como uno de los más afectados.

 

Conforme pasan los años y la huella de estos métodos altamente degradantes pasan factura, tanto ecológica como social y económicamente, son cada vez más las voces que toman conciencia y apuestan por el porvenir. Las de nuestros políticos deben estar entre ellas ya que ahora nos hallamos a contracorriente de la solución. Y la hora de actuar es en este momento.

 

El futuro es el aquí, el ahora y el mañana más lejano. El futuro pasa por la mitigación de las emisiones de CO2, a través de un cambio de modelo energético más sostenible, basado en la generación renovable, el ahorro y la eficiencia energética. El futuro pasa por implicarse, innovar y comprender; reciclar, reutilizar y reducir. El futuro pasa por encontrar, que la hay, una opción política que entienda la dimensión del problema y que ajusticie este modelo energético y económico. Los de ahora y los de antes lo ignoraron por mantenerse en el poder, pero los que vengan deben admitir ese error y deben reaccionar, ya que como contaba Carnegie “hay un cierto grado de satisfacción en tener el valor de admitir los errores propios. No sólo limpia el aire de culpa y actitud defensiva, sino que a menudo ayuda a resolver el problema creado por el error”.  

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