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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

El círculo de la audacia

Las aves estivales vuelven cada verano a nuestro país en un patrón reproductivo que tratarán de repetir año tras año, cueste lo que cueste, pese a las increíbles dificultades a las que hacen frente para cerrar con éxito el círculo.

Es tiempo de luz y calidez, de luminosidad, de exhibición del inmenso azul del cielo, limpio de nubes y miradas. Es tiempo de reencuentros con esperados acróbatas y cantores. Es tiempo de alzar la mirada y admirar el revoloteo y el planeo de habituales visitantes estivales. Es el momento de recibir a esos viajeros aéreos venidos de lejanas tierras que buscan perpetuarse junto al arrullo del río, al frescor del cobijo de un árbol o bajo la protección de la sólida piedra. Es el momento de las aves estivales, que vuelven cada verano a nuestro país en su patrón reproductivo que tratarán de repetir año tras año, cueste lo que cueste, pese a las increíbles dificultades a las que hacen frente para cerrar con éxito el círculo.

 

Nuestras costumbres ociosas o nuestras carencias sensitivas hacen que muchos de nosotros ignoremos la presencia -en general, cercana- de especies de aves que nos sobrevuelan continuamente y que solo podemos observar en estos calurosos meses, precisamente durante su apareamiento. Y es la especificidad de las aves migratorias lo que las convierte en seres excepcionales. Dotadas de cualidades genéticas únicas, las hay que son capaces de viajar exactamente estación tras estación desde el mismo punto de reproducción al de invernada o que vuelan de día y de noche hasta alcanzar su objetivo, y todas ellas poseen un sistema de orientación complejo y único -características de identificación magnética, geográfica y astronómica- que las hace sumamente eficaces en el éxito de sus largas travesías.

 

Sin duda, son una suerte de singularidad que quizás no somos capaces de valorar en su justa medida. Son las malabaristas de la rueda vital. Desde que emprenden el viaje de partida hasta que llegan, durante su estancia aquí y en su marcha de nuevo hacia su lugar de invernada, nunca dejan de sufrir amenazas. Unas son de carácter natural, pero las más numerosas son de índole antropogénica, por lo que se cobran más muertes y nunca seleccionan en equilibrio.

 

De las primeras, es habitual que en los largos desplazamientos a través de mares, océanos o desiertos, las condiciones meteorológicas adversas desorienten a este tipo de pájaros, evitando que concluyan su viaje o que los predadores -como en el caso de los halcones en España- estén esperándolos a su venida para aprovecharse de su debilidad. No obstante, es el ser humano con la caza ilegal –llevando a cabo prácticas dañinas como el parany, el silvestrismo o la contrapasa-, el veneno –usado por cazadores, ganaderos y agricultores, y que suponen una de las mayores amenazas contra toda la vida silvestre-, la pérdida y fragmentación del hábitat o la construcción de infraestructuras –tendidos eléctricos u obras mal señalizadas-, el que evita con más frecuencia y de forma fatal que estas majestuosas aves puedan completar su itinerario.

 

 

Es tiempo, como dije, del reinado del sol y por supuesto de todo lo que con él llega. Es el instante de observar y escuchar el cielo, las ramas, los cortados y el viento libre, para encontrar a estos preciados animales. Es tiempo de admirar a las aves y también de protegerlas, de enfrentarse con aquellos que quieren arrebatárnoslas. Porque es en esta temporada cuando escuchamos la melodiosa voz de la carraca europea cantando sobre la rama de la encina, es ahora cuando vemos al águila calzada rompiendo el aire con su hermoso vuelo y es en este momento cuando el bello abejaruco europeo se nos aparece mostrando su plumaje de explosión de colores. Sientan su presencia. Experimenten como reconforta tenerlas cerca. Aventúrense a encontrarlas y entenderlas. Oigan como entonan. Contemplen como atraviesan la brisa veraniega. Y así hago yo, apoyándome en los versos de Carlos Barral ...Oh pájaro en dulcísima pendiente y corazón en tránsito de brisa, la libertad te tiembla.

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