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‘Entre hojas y huellas’

Javier Álvarez Fariña

Del fin al principio

¿Conseguirán los estados llegar a un acuerdo vinculante en la reducción de emisiones en la Conferencia de las Partes (COP21) que se inicia hoy en París ante los ya actuales efectos y las catastróficas previsiones del Cambio Climático?

Nada es seguro en las relaciones humanas insustanciales, todo es relativo; tan pronto piensas algo fervientemente, como el vecino opina vehementemente lo contrario, es humano al fin y al cabo. Eso sí, hay cosas que sí son seguras para todos, que van a ocurrir si se reproducen unas circunstancias de una determinada manera. Son los principios empíricos, aquellos que por su evidencia física y teórica son incuestionables. Y, siendo egoístas como somos, de esos principios nos atañen especialmente aquellos que nos repercuten considerablemente, por lo que negarlos es de necios y temerarios, más propio de farsantes e individuos carentes de consciencia, humildad, empatía y un delirante sentido autodestructivo.

 

O sino explíquenme por qué hay tanta incertidumbre sobre si los estados conseguirán llegar a un acuerdo vinculante en la reducción de emisiones en la Conferencia de las Partes (COP21) que se inicia hoy en París –durará hasta el próximo 11 de diciembre-, si los datos, los expertos, las imágenes y las estadísticas no solo corroboran el agravamiento del Cambio Climático en el futuro sino que cada vez arrojan más advertencias de las terribles consecuencias, ya hoy en curso – entre ellas, la fundición de los casquetes polares, inundaciones y sequías, falta de materias primas esenciales, pérdida de riqueza y biodiversidad, migraciones masivas, hambruna y lucha por los recursos, terrorismo, radicalismo, desertificación y deforestación-.

 

 

Lo cierto es que, debilitado Kyoto y tras los fracasos de Copenhague o Durban, se ha recurrido a la voluntad individual de cada estado con el fin mitigar las emisiones y estancarnos en un ascenso de la temperatura global de 2,7 grados a finales de siglo, objetivo insuficiente a todas luces. Dicho lo cual, me pregunto si dentro de doce días conseguiré encontrar, por fin, algún dirigente de estado que se desmarque de la ineptitud y la imprudencia que hasta ahora les ha caracterizado a cada uno de ellos. Porque seamos claros, aquellos que tanto nos distraen desde el otro lado del televisor, los que tienen la palabra y creen tener la verdad, muchos de los mismos que hoy vagabundean por los mass media en busca de un puñado de votos, son los que han permitido que se hipotequen los únicos recursos que nunca debieron malgastar, los que nos fueron prestados y que hoy no solo escasean en la tierra sino que los utilizamos para esquilmarla.

 

Y a las pruebas me remito; científicos de todo el mundo, o lo que es peor todos los científicos del mundo aseguran que nada se puede hacer ya por revertir el calentamiento global. Nada. Ya va a traer consecuencias mucho más acentuadas que las actuales, y estas serán tan graves que los daños económicos, naturales y humanos que causen resultarán incalculables; una verdad tan rotunda y dolorosa que indigna ante el embuste mantenido de la comunidad internacional, que, anclada en su ceguera, nos ha llevado al punto crítico actual, convirtiendo a la sociedad en un conjunto de sonoros fracasos del que formamos parte todos los seres humanos.

 

Foto: WWF/Adena

 

¿Que quién soy yo para hablar de temas tan generales cuando amenaza el independentismo interno o los delirios de grandeza de los líderes políticos? Pues la verdad, nadie; pero he creído conveniente anteponerme a la extensa lista de los habituales compromisos y propuestas electoralistas vacías con las que van a bombardearnos, y centrarme en las certezas que sí repercutirán en nuestras vidas, en las de nuestros hijos y en la del mundo que conocemos. Por si les interesa y tienen pensado exigírselas a aquellos a quién deseen votar. No estaría de más.

 

Disculpen, esto no es pesimismo, es una llamada al optimismo, porque si mucho se ha perdido, se está perdiendo y se va a perder, aún hay tiempo de salvar lo que quede de todo ello. Y esta oportunidad empieza hoy, ahora, en París. Como si el destino en verdad estuviera cargado de cierta ironía dando a nuestra raza, una vez más, la oportunidad de transitar, en apenas unos días, desde la infamia y la devastación de los atentados de Francia, hacia la esperanza y la resurrección de la razón que podría nacer de esta COP21. Como si el fin y el principio se pudieran congregar en torno a un símbolo regenerativo que aflore de la capital gala. Es posible que si el nacionalismo más ofuscado y rancio se echa por esta vez a un lado por una causa mayor, más grande y global, podamos algún día entonar con ilusión, cuando la oscuridad aceche de nuevo, aquellas esperanzadoras palabras de Bogart; “siempre nos quedará París”…

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