Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Y después de la cárcel, ¿qué?

El artículo 25 de la Constitución del Estado español, recoge en el punto 2 que, “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y la reinserción social… El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales… y al desarrollo integral de su personalidad”.
Si así lo entiende esta máxima autoridad legal del Estado, ¿qué está pasando para que haya una reincidencia tan alta, más del 65% hablan algunos datos, en personas que un día salieron de la cárcel y vuelven a ella?

Estos fracasos del Sistema, como tantos otros, nos tienen que hacer pensar y reflexionar a toda la sociedad. Nos tienen que empujar a plantear con gran esfuerzo que hemos de buscar alternativas.

Si las cárceles resultan inútiles, no sólo en los datos de la reincidencia, sino también en quienes no vuelven a ella, pero sin embargo su estancia con privación de libertad lo único que le ha resultado es un tiempo perdido o más destructor que constructivo en su vida personal, familiar y social; debemos interrogarnos sobre esas medidas represivas que el propio Sistema está promoviendo y su utilidad para cumplir el objetivo de la reeducación y la reinserción que contempla la Constitución.

Soy de los que pienso que el castigo por el castigo no conduce a nada; y es más, una sociedad que avanza y progresa es porque en su propio interior va encontrando los mejores recursos para solucionar sus propios conflictos.

Fruto de esos conflictos que surgen de manera tan desigual en muchos casos y con consecuencias tan injustas en otros, se va legislando en el Código Penal, se van llenando las cárceles, toda la sociedad nos vamos desentendiendo de conflictos y sus consecuencias, las víctimas no se sienten compensadas y aparentemente tranquilos, vamos confiando en que el Sistema Penitenciario da la respuesta adecuada; pero sin embargo, nada más lejos de la realidad.

Probablemente, porque no hemos afrontado los conflictos y hemos huido hacia adelante víctimas de nuestra propio silencio, de nuestro propio miedo y de nuestra complicidad en muchos casos.

Miramos las cárceles y están llenas de pobres o de enfermos en una parte mayoritaria. Miramos las personas que en ellas hay, y vemos víctimas o últimos eslabones utilizados para el negocio de las drogas en una parte importante; y este negocio lo que necesita son otro tipo de medidas con quienes lo promueven y se enriquecen, como, por ejemplo su legalización y utilización controlada; y medidas de derechos sociales con quienes lo padecen, antes de estar privados de libertad.

Miramos las personas, y vemos una parte importante de enfermos mentales o crónicos a los que la sociedad no les ha posibilitado atención para su recuperación o cuidado; pero sin embargo le ha encontrado un nefasto hueco en el Centro Penitenciario.

Miramos las personas y vemos rostros Africanos o Latinos que en su gran mayoría salieron de sus países huyendo de la pobreza, y acabaron encerrados en el fracaso más estrepitoso.

La cárcel no puede dar solución a las consecuencias de estos grandes conflictos sin solucionar; y por lo tanto no sirve más que para acentuar el fracaso del propio Sistema que crea estos espacios de represión huyendo de buscar y encontrar otras salidas dentro de él mismo.

Y si la cárcel no es la solución, ¿qué decir del después de la cárcel?, ¿Cómo volver al contexto familiar y social?, ¿Dónde están, como en otra gran parte de la sociedad actual, los Derechos Sociales a los que acceder para poder caminar hacia una sociedad de todos y de todas?

Una vez más tenemos que ponernos a reivindicar y a avanzar socialmente utilizando herramientas como La Renta Básica de las Iguales o otras, pensando en tantas personas ex presas, que vuelven a la calle seguros de una oportunidad distinta, y que como a otras, también les pertenece.

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