Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Siempre cargando contra los mismos

No tienen la culpa, pero se las arreglan para hacer recaer las consecuencias siempre sobre los mismos.Así se trama una más. Me ha llegado estos días una reflexión denunciando la tramitación parlamentaria de un proyecto de ley que pretende imponer unas tasas judiciales a todas las personas físicas y jurídicas, que pueden ser de miles de euros por demandar o apelar.
Según algunos grupos de juristas “desaparecerá la posibilidad de acceder a los tribunales para la gran masa de la clase media”. Y continúan llamándonos la atención diciéndonos que “ni como ciudadanos, ni como juristas podemos quedarnos impasibles ante un proyecto que tiene como efecto directo o inmediato la imposibilidad de control contra la arbitrariedad del Estado y de los poderosos”.

Los autores de estos artículos críticos frente al proyecto de ley, nos alertan de que, “si el proyecto acaba en ley, se cercenará la posibilidad de tutela judicial en perjuicio de los más débiles”.

Hasta aquí los hechos que se han comenzado a denunciar públicamente por parte de personas y grupos conocedores de cuanto se está preparando para legislar.

Algunos de los servidores públicos de este Sistema socio económico que nos envuelve no encuentran la manera de saciarse ellos mismos y el propio Sistema. La dureza de la crisis que ellos y todos sus mecanismos han provocado, busca de manera despiadada, hundir y acabar con quienes cada día sienten que su rostro, sus actitudes y sus posibilidades, su entorno, se vuelve más limitado, más angustioso y más desesperanzador.

Estos rostros humanos que van despreciando y que no son capaces de mirar, porque si los contemplaran en todo su sentir, seguro que les daría vergüenza, son personas a las que con demasiada frecuencia incluso se les intenta hacer creer que sus derechos han sido “demasiados”, y hasta se han permitido despilfarrar o malgastar; por esta razón hay que rebajar, hay que recortar, hay que disminuir; probablemente Derechos suene a dignidad, y este Sistema no cree en la dignidad para todas las personas; o suene a justicia,, y este Sistema para sobrevivir tiene que estar asentado en la injusticia; pude que suene a felicidad, y este Sistema no está acostumbrado a procurar felicidad para todos los seres; puede que Derechos suene a humanidad, pero este Sistema sólo funciona con enormes rasgos de deshumanización.

Sólo dos ejemplos hablando de justicia, de dignidad o de igualdad de oportunidades. Si esta fuera igual para todas las personas, como predican los derechos fundamentales, no veríamos con dolor e indignación y sorpresa que más del 80% de las personas presas provienen de ambientes pobres. Si la defensa ante el posible delito se procurara con los mismos medios, no estaríamos lamentando que muchas de las personas condenadas no hayan tenido traductores o no se les haya tratado con las mismas posibilidades que a otras personas, por ejemplo.

Barrios de muchas ciudades acumulan empobrecimiento. Pequeños pueblos acogen cada día más situaciones de soledad compartiendo con ellos el derecho a permanecer en su propio medio. Y estos no se respetan. El frio Sistema que nos domina y envuelve, actúa con la intransigencia y la rigidez de quien no permite poner en las decisiones más que imposición irracional.

La salud, la educación, la vivienda, los servicios sociales, la participación en las decisiones más vitales están, hoy, más que nunca cuestionados; se legisla y se toman acuerdos para que nos convenzamos que estos no son derechos adquiridos, y que por el contrario, han sido simplemente unos derechos permitidos “para tiempos de bonanza”.

Debemos y podemos contrarrestar estos hechos que se suceden cada vez con más fuerza defendiendo y planteando que hay otra manera de hacer las cosas. No podemos cansarnos en esta tarea porque tenemos lo más valioso, la razón. Quienes están tomando las decisiones que tanto hacen sufrir, no la tienen; aunque así lo crean. Lástima, que con esta cerrazón, siempre sufran y la paguen los mismos, los más empobrecidos; los datos sociológicos nos hablan de cifras inadmisibles. Mayor razón para no callar, para no cruzarnos de brazos; para proponer, para buscar los caminos que a quien les correspondería ni se atreven ni quieren ver. ¡Allá con su ceguera!, con su terquedad y con su obcecación.

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