Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Reflexiones de un ciudadano de aquí

Puede que no sirvan a casi nadie. Puede que tengan un destino y acogida concretos. Puede que sean despreciables ante tu manera de entender. Puede que alguien al leer estas reflexiones entienda que, por muy difícil que se presente la realidad, siempre hay tiempo para actuar, para transformar y cambiar esta realidad. Quiero pensar, estoy convencido, de que yo también pienso así.
A caballo entre el medio urbano y el medio rural, siento que yo mismo en mi vida he sido partícipe y a la vez víctima de una sociedad construida sobre la ambición del gasto llevado a los límites de consumir más incluso de lo que producimos; de haber participado de una sociedad condenada a vivir un gran problema por haber abandonado un modo de vivir, que en nuestro caso más cercano, fue el agrícola y ganadero, el campesino.

¡Cuánto dolor nos está causando el habernos dejado empujar como colectividad a un estilo de vivir en el que muchos siempre hemos sentido sensación de fracaso, incluso no habiendo creído en él!

Quisimos y propiciamos desarrollo y pusimos todos los esfuerzos en crear riqueza. Después de años nos damos cuenta que generar y tener más riqueza no es necesariamente signo de desarrollo.

Hemos buscado bienestar y lo asentamos en tener hasta disfrutarlo de sobra. Pero hoy sospechamos de habernos equivocado en el camino emprendido.

Creímos, apoyamos y participamos en el reparto de la gestión del poder. Sin embargo sentimos que el poder ejercido hoy tiene los mismos signos de opresión de siempre; que lo ejercen las mismas familias, los mismos apellidos y los mismos rostros de casi siempre; y lo que resulta más duro de entender, ejercido con los mismos mecanismos de siempre.

Buscamos en muchos momentos un pensamiento plural y una manera de pensar y de hacer diversa, apoyados en la riqueza de lo distinto. Y a los distintos los hemos criminalizado; se nos ha dirigido y obligado a través del pensamiento único a estar en una sociedad formal, fría y unidireccional, tantas veces extraña y ajena al calor humano.

La igualdad, la justicia, los derechos sociales fundamentales de personas y colectivos han sido bandera enarbolada y puesta sobre declaraciones, constituciones y discursos oficiales, que socialmente quedan muy bien. Sin embargo la realidad es bien otra, los derechos sociales son papel mojado, la justicia no se ejerce de manera igual para todas las personas y la igualdad de oportunidades no aparece ni por soñación, la desventaja es evidente.

Cuando parecía que la aspiración de vivir en una sociedad para todas las personas podía dejar de ser un sueño, aunque quedara mucho camino por recorrer. Nos hemos sentido engañados y frustrados porque en muy poco tiempo están logrando que los empobrecidos sean más y el sufrimiento de familias, personas y colectivos, sea tremendamente humillante.

¡Y todavía nos quieren hacer creer y lo afirman rotundamente que es posible cambiar esta situación haciendo más de lo mismo, dándonos más de lo mismo, reforzando la misma maquinaria que desprecia y excluye! No podemos continuar creyendo en la manera de hacer de las mismas personas, de las mismas estructuras, de los mismos grupos y organizaciones. Continuar haciendo y pensando más de lo mismo.

Nos sentimos en la obligación de exigir y luchar con otras formas de hacer, de procurar relaciones y generar maneras de vivir.

La única lógica válida en este caso es la de la humanización frente a la del enriquecimiento en unos casos o el empobrecimiento en otros. Si hay viviendas para todas las personas y familias, ¿por qué tiene que haber familias sin ella o sufrir desahucios? Si tanta importancia le damos al crecimiento humano de manera individual, ¿por qué no avanzamos en la búsqueda de soluciones más rehabilitadoras para cada ser humano y comunidad y menos punitivas, dolorosas, inútiles y castigadoras? Si existen espacios físicos para favorecer las relaciones necesarias de horizontalidad, ¿por qué nos empeñamos en crear barrios y potenciar barrios que destruyen y no favorecen el crecimiento comunitario? Si producir para alimentarse es lo lógico, ¿por qué nos empeñamos en producir para hacer negocio de la vida y de los alimentos?

Es posible cambiar esta dinámica y estas formas de hacer. Mirad a vuestro alrededor, escuchad y colaborad, ya hay grupos y personas, barrios y pueblos, en muchos lugares de nuestra geografía; atended este fin de semana en Extremadura, en Mérida, ya lo están haciendo posible, pero sobre todo luchando. Y aunque llegase su fracaso, como en tantas luchas pacíficas vividas en la historia de la humanidad, ese fracaso será el signo de que otras maneras son posibles.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: