Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Prevención, familia y cárcel

“Estamos convencidos que la cárcel y el sistema penal que tenemos no sirve; es radicalmente injusto y no genera reinserción. Por lo tanto no sirve para nada”.Así de rotundo se postula el manifiesto que hemos hecho público un grupo de personas y colectivos sociales que el pasado sábado, día 17, nos reunimos en Ciudad Rodrigo, para analizar y crear propuestas ante la inutilidad del Sistema Penitenciario, del propio Sistema Penal y la preocupación que existe en muchos y muchas de nosotras al analizar las causas de la estancia en un Centro Penitenciario o la salida del mismo.
Continuábamos afirmando de esta manera en el manifiesto: “Quienes acompañamos a personas privadas de libertad afirmamos que metemos en la cárcel a los que nos estorban. Afirmamos, con toda claridad, que aunque la Constitución establece como fundamento de la cárcel la reinserción de las personas que están en ella, la realidad nos demuestra que esto no se cumple.”

Dimos razones para hacernos preguntas y realizar afirmaciones como; “la pena es un sufrimiento impuesto por la ley”; o “los conflictos sociales no afrontados en la sociedad, son la causa de muchas condenas en prisión”; o “la pobreza y la enfermedad mental son causa de la mayoría de los ingresos en las cárceles españolas”; o “la cárcel es la consecuencia de un sistema penal que sirve al miedo y al negocio del mercado, muchas veces sostenido por la forma de actuar de la propia sociedad”; o “¿y no estará, por ello, enferma esta sociedad?”, nos hemos preguntado; o “las cárceles no solucionan nada”; o “las cárceles trituran personas”; o “¿dónde han quedado las víctimas?; o “la pena y el castigo carcelario son la causa del próximo delito, no es la prevención”; o “las cárceles son instrumento de miedo y seguridad del sistema y para el sistema que vivimos”; o “la cárcel, ¿es lugar de enfermos mentales, o consecuencia de una sociedad enferma?”; o “¿porqué solamente los pobres están en las cárceles?”; o “cada vez se penaliza más conductas sin buscar alternativas”; o “si hay menos delitos tal como afirman las estadísticas, ¿por qué la justicia y el sistema penal o penitenciario cada vez almacenan más personas en los Centros Penitenciarios?”, “¿qué es lo que falla?”; o “¿porqué prima el castigo sobre la reinserción de las personas?”; o “¿Qué pasa, quién controla el poder de la información sobre estas realidades a través de los medios que tanto manipulan?”...

Muchas más afirmaciones y preguntas estuvieron presentes en las ponencias, testimonios e intervenciones diversas de la jornada.

En este contexto fuimos recogiendo algunas conclusiones y propuestas con mucho de utopía, pero también llenas de realismo, de denuncia y de pistas para la tarea del día a día y de un mañana sin cárceles, pero con alternativas.

Si las cárceles son consecuencia de una sociedad enferma y de un sistema socioeconómico que alimenta el miedo y la seguridad por encima de todo, tenemos por delante una tarea prioritaria de actuación política transformadora de la realidad de nuestro sistema penal y penitenciario, así como la potenciación de espacios comunitarios que favorezcan la libertad y los derechos sociales básicos de las personas.

“La restauración de las personas frente al castigo”. “La humanización frente al castigo”. “La educación como instrumento para procurar otra sociedad”. “La mediación penal como herramienta y recurso de solución de conflictos”. “Dar un sí decidido a la justicia restaurativa frente a un no rotundo a la justicia punitiva”. “¿Y si el coste económico de la estancia de una persona en la cárcel lo utilizamos para la prevención?”. (Estamos hablando de casi 40.000 € por persona y año).

Estas son algunas de las afirmaciones y respuestas positivas de un encuentro que buscaba con urgencia la necesidad de afrontar la salida al sufrimiento y dolor humano que genera la cárcel y el antes de la cárcel.

El Sistema Penal actual puede humanizarse, lo necesitan las personas que se ven juzgadas por él. Pero solamente será posible si en lugar de centrarse en los delitos, se preocupa más de las personas, sus equivocaciones y de las víctimas de estos errores.

Termina el manifiesto de esta jornada, “invitándonos a toda la sociedad a reflexionar sobre estas situaciones, a plantearnos esta realidad que muchas veces acontece cerca de nosotros y que carece de los instrumentos más adecuados para desarrollar la prevención y evitar el entrar en las cárceles. A informarnos de lo que dentro de los Centros Penitenciarios o en los Centros de Internamiento de Extranjeros o en los Centros de Menores existe como lugares inútiles y con mucho dolor dentro de ellos y sin la eficacia que se dice pretender; y a descubrir los recursos y propuestas que podamos ofrecer desde la sociedad. Nosotros estamos convencidos de que así podremos generar alternativas desde el único lugar creíble que es la misma sociedad.”

Y la familia es sociedad. Y los colectivos sociales somos sociedad. Y las organizaciones del propio sistema deben mirar más hacia las propuestas de las personas y sus organizaciones sociales. Es tiempo de avanzar en humanidad, en derechos sociales, en aplicación de derechos humanos, en nuevas respuestas a los conflictos que inevitablemente tenemos. No podemos seguir permitiendo que el sistema penal o penitenciario continúe multiplicando el dolor y la injusticia, la inutilidad y la ineficacia en sus decisiones y modos de hacer.

No debiera repetirse una etapa tan negra como la que hemos vivido y estamos viviendo de manera sonrojante en los últimos treinta años, cuando hemos pasado de 18.000 personas presas a más de 70.000 personas presas en los últimos treinta años, poniéndonos a la cabeza de Europa en número de personas presas por habitante. Y lo que es más grave, sin avanzar, antes al contrario, en lo único importante, que es, más justicia, menos dolor y más humanidad.

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