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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

No invertir en niños es endeudarse para el futuro

Así se pronunciaba hace días el director adjunto de investigación estratégica de Unicef a
través del informe desde el que esta organización evalúa el bienestar de los menores en 29
países desarrollados; y que apunta que “el 20% de los niños españoles viven en situación de
pobreza”.

Lo primero que viene a mi cabeza al leer este informe, es la situación de la infancia del Barrio
de Buenos Aires en el que vivo, donde más del 90% de los menores, siguiendo las cinco
dimensiones en las que se basa el estudio citado, nos confirma con preocupación y con gran
indignación, viven en esa situación de pobreza que se denuncia.

 

Este altísimo porcentaje increíble de menores, son víctimas que viven las consecuencias de
la situación consentida en un pequeño barrio, construido para convivir, pero permitido por
las Instituciones públicas, por sus propias familias y por una gran parte de la sociedad, para
estar viviendo situaciones vergonzantes e insolidarias, agresivas con una infancia, que como en las dos generaciones anteriores, no se les ha posibilitado las condiciones necesarias para una juventud y madurez con futuro humano y razonable.

 

La dificultad que conlleva poder actuar frente a estas y otras situaciones semejantes en medio de un gueto, es enorme. Pero, junto a esta afirmación, a la vez, quiero, que una vez más, nos preguntemos por quiénes han sido los que han dado la espalda haciendo oídos sordos.


Porqué se han permitido y se continúan permitiendo que barrios como el de Buenos Aires
hayan llegado donde están llegando. Han sido muchos los vecinos y vecinas los que han hecho esfuerzos admirables, han levantado la voz; pero, Institucionalmente no han sabido y no han querido acompañar para responder hasta el fondo del problema.

 

Quienes viven del negocio del narcotráfico necesitan de barrios así, de familias así, de
permisividades Institucionales así, de ciudadanos así, de connivencias como las que percibimos cada día en jueces, en policías o en responsables políticos que actúan como actúan.

 

Los accesos de muchos de estos menores a servicios de salud preventiva son una quimera,
dado el ambiente y los hábitos que rodean el espacio donde estos niños y niñas viven.

 

El acompañamiento y las referencias más humanas en el acceso a hábitos sociales y
saludables, simplemente, no existen en la mayoría de los casos.

 

Las relaciones sociales con los vecinos son agresivas y de enorme desconfianza; en muchos
casos hasta violentas, desde la misma infancia; mucho más en la etapa adulta; propias de
personas que han crecido en un contexto de gueto.

 

La pobreza personal y grupal llega hasta límites de personas y colectivos que viven en
pueblos subdesarrollados cuando hablamos de alimentación, de hábitos de consumo o de
índices educativos; donde se dan 0% de asistencia a enseñanza secundaria o más del 70% en absentismo y fracaso escolar en primaria.

 

La preparación e integración laboral es nula. No hay posibilidad, en este contexto, de realizar
incorporaciones sociales y laborales a una sociedad obligada a generar y construir otro futuro.

 

Vamos por la cuarta generación de niños y niñas asentadas en esta situación.

 

Y, en medio de tanta preocupación por la situación de los menores y las menores; junto a la
buena voluntad en el desarrollo de acciones vecinales para frenar estas situaciones; barreras
y más barreras, frialdad absoluta de Instituciones como el Ayuntamiento o la Junta o la
Subdelegación del Gobierno y de las personas que las dirigen.

El último engaño, pensando en los niños y las niñas, puede haber sido la promesa de concesión del Colegio Infantil para utilizarlo como Guardería Infantil; compromiso que debieran tomar la Junta y el Ayuntamiento; y que después de varios meses nada hemos vuelto a saber a pesar de los esfuerzos realizados y tantos meses de gestiones. Y, qué importante ha sido y está siendo esta Guardería para muchas familias.

 

La Guardería Infantil “El Tren”, que cuenta ya con casi 20 años de vida y servicio a las familias del barrio y otros barrios y urbanizaciones vecinas; o el programa de educación de Calle en los mismos años; o la intervención con Familias; junto con otros programas que nosotros y otros colectivos han desarrollado y desarrollan, no son para nada suficientes ante tan grave situación.

 

El último fin de semana de Abril queremos desde Asdecoba debatir esta problemática, una
vez más, dentro del contexto global de tantos espacios donde la infancia sufre estas mismas
situaciones de exclusión. Esperemos que sea un momento más, pero importante, en la
búsqueda y el encuentro de grupos y personas sensibles a esta preocupante situación.

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