Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

La razón de lo que hoy reivindicamos

Seguro que muchos de los grupos y colectivos que en este tiempo estamos dando visibilidad a reivindicaciones, que desde hace mucho tiempo, de manera reiterada, nos sentimos en la obligación de plantear y defender; tenemos razones de todo tipo para justificar nuestro proceder; sobre todo contemplando, viendo y sintiendo las situaciones que reflejan tanto dolor e injusticia junto a nosotros, y que no podemos callar, antes al contrario, apoyar a las víctimas y dar razones para saber encontrar las respuestas más adecuadas desde la responsabilidad comunitaria con estos sectores de población en mayor precariedad y empobrecimiento.
Solamente podemos avanzar hacia una sociedad más justa si sabemos dar razón de lo que creemos y queremos sin intereses particulares. Si acertamos a visibilizar la responsabilidad que todos los seres humanos tenemos con los que no tienen acceso a los derechos mínimos, será porque rechazamos esa vieja manera de proceder donde solamente el bien de unos cuantos ciudadanos y colectivos se convierte en ventaja continua y evidente, comparados con los derechos de otras personas y grupos.

Las razones de la reivindicación solamente están en saber comprender la situación o las situaciones que sufren día a día muchas personas de nuestro entorno sin justificación alguna. Ni esta sociedad, ni ninguna otra se merece esto, aunque haya quienes se empeñan en decir que la forma de vida que hemos tenido en los últimos treinta años no se puede continuar sosteniendo, y lo dicen sin bajarse, antes al contrario, un solo peldaño de su pedestal del poder político o económico, incluso potenciando sus mismas formas totalmente equivocadas de actuar. ¿No es más de lo mismo, incluso peor, querer cimentar futuro, puestos de trabajo o riqueza y dignidad, después de todo lo que ha caído, en inversiones como la que parece se va a llevar a cabo en eso que se llama “eurovegas”?. Es solamente un ejemplo inadmisible.

Una de las primeras razones y fundamental e irrenunciable, se encuentra en la cercanía o no que sepamos poner con nuestras miradas y acompañamiento con las personas empobrecidas. No vale estar de cualquier manera, como no vale todo lo que hagamos para justificar nuestra forma de proceder y de reivindicar. No me imagino a mí mismo justificando las cárceles o defendiéndolas como forma de solucionar la gran mayoría de los conflictos sociales, después del conocimiento y consecuencias que he visto y veo en miles de personas que han pasado por ellas y sienten que sus vidas en muchos casos se han destruido mucho más que recuperar.

Vivir junto a familias que sufren el desahucio como medida inhumana, egoísta e incomprensible, significa no poder quedar indiferente. Y así, dar razón de la reivindicación.

Vivir junto a personas que se van empobreciendo, con dificultades para acceder cada día a una comida con dignidad, víctimas del desempleo o de recortes inadmisibles, o de negación en el acceso a herramientas como las rentas básicas, significa no poder mirar para otro lado. Y así, estás dando razón a la reivindicación.

Vivir junto a personas sin papeles, sin reconocerles sus mínimos derechos humanos, como estamos viendo que está sucediendo cuando se les niega el acceso a una atención gratuita y universal en la salud, no puede dejarnos con los brazos cruzados y sin poder gritar, que ningún ser humano es ilegal. Así recibimos razones para la reivindicación.

Vivir junto a familias que tienen miembros en situación de dependencia y sienten y ven que se les niegan los derechos a los que la ley les da acceso y posibilidades, signo evidente de insensibilidad ante el enfermo crónico, ante el anciano solo o la persona discapacitada, en definitiva ante los derechos de los más débiles, no hay razones partidistas que valgan para gritar. Solo hay razones evidentes para la reivindicación.

Vivir junto a personas que salen de las cárceles, cuyo objetivo principal es reinsertar a quienes acaban en ella; y salen llenos de fracasos y de negatividad en sus vidas porque no hemos hecho posible darles el protagonismo que toda vida tiene; la imposibilidad de acceder en la gran mayoría de ellos a derechos fundamentales, no nos deja impasibles. Y nos da razón para reivindicar.

Vivir en un barrio utilizado por el negocio obsceno del narcotráfico, como espacio para condenar a muchas familias, sobre todo a jóvenes y a niños de varias generaciones, a la desestructuración más absoluta, no puede tampoco dejarnos indiferentes. Es razón suficiente para la reivindicación.

Vivir en una sociedad donde los recursos más elementales para acceder a la educación, a la cultura o a la salud, se niegan recortando o grabando con impuestos absolutamente insolidarios. Son razón para la reivindicación.

Vivir con la hipocresía de un Sistema de vida que continúa emborronando o poniendo trabas aparentemente insalvables, para no encontrar o acceder a la utopía de una sociedad distinta, ya que esta se nos hace inadmisible. Es razón para la reivindicación.

Junto a nosotros y nosotras están muchas personas que viven así o malviven así. Hay razones, miles de razones para buscar y provocar propuestas, desde las acciones más pacíficas, pero más firmes y reivindicativas en una sociedad excesivamente contemplativa, resignada y miedosa. Hay razones para creer que ante los muchos derechos conseguidos, ni un paso atrás.

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