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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

La línea roja de la deshumanización

El pasado viernes, día 26, ya en la noche, pasando canales en Televisión, me encontré en el canal de la Cuatro con un reportaje sobre las cárceles, dentro del Programa 'Callejeros'. Me dio rabia el tratamiento que se le daba a un tema tan preocupante, pero a la vez tan ausente del día a día de la mayoría de la sociedad.

Me indignó que éste, como sucede con otros medios de comunicación, utilice realidades tan duras de seres humanos para trivializar en comentarios sin que haya ningún atisbo de comprensión y acercamiento a las causas que provocan tales situaciones.

Vi con gran preocupación que en ningún momento hubiese una pregunta que significara búsqueda para encontrar otras respuestas distintas a las cárceles, siempre cárcel, para problemas que tienen su raíz en la misma sociedad.

Recordaba aquel reportaje que también el programa 'Callejeros' ha reproducido en varias ocasiones, sobre la droga en Buenos Aires. Nefasto tratamiento, desde mi punto de vista, en el que colaboré yo mismo, y después de haberlo visto, reconozco la equivocación de haber colaborado en dicho reportaje, dado el tratamiento que se da ante la opinión pública de estos temas tan delicados, que evidentemente es necesario analizar e informar, pero nunca de esta manera.

Por muy graves que sean las situaciones, nadie nos da el derecho a cebarnos en la desgracia de los que las sufren, hacer de ello un espectáculo, o pasar por la historia de estas gentes sin descubrir que detrás hay vidas humanas y mucho dolor.

Porque probablemente tocar este tema es estar tocando una de las situaciones más complicadas y complejas en esta sociedad, quiero aportar en la voz de este blog tres reflexiones más a las muchas que otros y otras podéis estar haciéndoos.

Ya es durísimo cuanto vemos y oímos que sucede en la vida de muchas personas como para, además, hacer de ello un espectáculo sin más. No quiero que se oculte la realidad por muy dura que sea, (meter la cabeza debajo del ala o someterse sin más no nos conduce a nada); pero nos tenemos que negar a utilizar las situaciones de vida de las personas como pura mercancía, ante un espectáculo televisivo, ante un programa del tipo que sea, o para una reivindicación, por muy justa que lo parezca.

Colaborar a pasar la línea roja de la deshumanización es un peligro al que hemos de estar muy atentos quienes nos movemos en estos ámbitos tan llenos de dolor y a la vez tan necesitados de otras formas de hacer, de confiar y de acercarse a sus situaciones. No sé si algún día acertaremos, espero que así sea.

Cuando he visto esos espectáculos televisivos o semejantes, me he acordado de una reflexión que leí hace algún tiempo y que me hacía pensar sobre un hecho que se ha repetido históricamente con los más pobres y excluidos; o se les ha 'escondido' para no visibilizar su situación o se les ha culpabilizado de su misma pobreza y marginación expulsándoles de espacios que son de todos y todas, pero donde la realidad es que no todos y todas tienen cabida, porque se ve con normalidad privarles de esos derechos.

Necesitamos pensar y actuar de otra manera frente a un sistema socioeconómico que genera marginación, pobreza y exclusión para poder subsistir, y darnos cuenta que quien provoca estas situaciones difícilmente tendrá voluntad de solucionarlas adecuadamente.

Aquí nace la hipocresía de querer hacer de las cárceles, aunque se les revista de modernidad, lo que es imposible: un espacio de humanización.

Pero, algo tenemos obligación de hacer como ciudadanos de forma individual o colectiva; como personas que vivimos en un Sistema y una organización estatal y mundial que va decidiendo sobre nuestras vidas cada vez más, e invitándonos a la sumisión y al convencimiento de que nada se puede hacer de otra manera.

Ese algo que podamos hacer, frente al mundo carcelario, y a favor de las personas presas, objeto del reportaje al que hacía referencia al inicio de este artículo, debiera ir pleno de humanidad llevando dentro de sí una apuesta primera y fundamental a la que en muchos momentos hemos colaborado activamente muchos de nosotros y que recojo en esta última opinión que hago mía, €œlas actuales políticas de seguridad insisten en la violencia legal, y la vida humana puede volverse irrespirable como consecuencia de ello, de manera que los seres humanos ya no se dividirán en señores y siervos, sino en encarceladores y encarcelados€.

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