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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

La exclusión social en Salamanca

Uno de los relatos más preciosos de Eduardo Galeano titulado €œLos nadies€ me va a servir para identificar quiénes son los excluidos. Son los...€œQue no son, aunque sean.Que no profesan religiones, sino supersticiones.Que no hacen arte, sino artesanía.Que no practican cultura, sino folklore.Que no son seres humanos, sino recursos humanos.Que no tienen cara, sino brazos.Que no tienen nombre, sino número.Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.€

Esta exclusión que no sólo es de aquí, sino también de allí y de más allá, no solo es pobreza, es más que pobreza.

La exclusión que contemplamos, la mayoría de las veces desde fuera, probablemente sin embarrarnos en ella y con ellos, no es casualidad coyuntural y del momento, sino consecuencia necesaria de supervivencia para el sistema capitalista que padecemos.

Esta apreciación global la vemos, descubrimos y tocamos en la realidad cercana y local. Por esta razón quiero darle visibilidad en Salamanca, mirando no sólo la realidad urbana sino también la rural.

Existe una exclusión espacial que aparece con toda la fuerza de la realidad en ciertos barrios. Buenos Aires, por ejemplo, ha sido y está siendo utilizado como un espacio de exclusión para ser eslabón definitivo de la cadena del negocio de la droga. Como también lo es parte del barrio de Chamberí o ciertos lugares del barrio de San José, o de Pizarrales; o algunas zonas con hacinamiento de familias inmigrantes en los barrios de Garrido o San Bernardo; o ciertas zonas de Santa Marta.

Esta misma exclusión social y espacial aparece de manera general en los pueblos del medio rural, y sobre todo en aquellos de menos de 500 habitantes (zona de Ledesma, Abadengo o la Sierra); cuando se es ha robado el papel fundamental par el cual existen y que no puede ser otro que vivir de producir alimentos sanos para la humanidad.

Esta exclusión espacial aparece brutalmente y de forma deshumanizada en la cárcel. En el Centro Penitenciario de Topas y en el resto de las cárceles, donde hemos aparcado cuantas situaciones de conflictos no resueltos hemos encontrado en la sociedad.

Existe otro tipo de exclusión, que es la que sufren algunos colectivos que por ser distintos no cuentan y se les invisibiliza. Pensemos así en más de medio millar de niños/as menores de 16 años que no se sienten parte ni de la familia, ni del sistema educativo; compartiendo espacios de verdaderas escuelas de delincuencia pública. Por no añadir que más del 30% de chicos/as sufre el fracaso del sistema escolar.

Debemos darnos cuenta también que más de 12.000 personas mayores sufren la situación de soledad o viven con enfermedades crónicas de forma angustiosa, tanto en el medio rural como urbano.

Miremos a nuestro lado, en nuestras calles, o en muchas familias a enfermos mentales sin acogida y tratamientos específicos ante la falta de recursos para poder dar respuesta a sus necesidades. ÂżPorqué el 26% de las personas en prisión son enfermos mentales?

Finalmente, existe la exclusión personal como consecuencia de la exclusión espacial y colectiva. La sufren directamente personas que han pasado por la cárcel, están en desempleo, personas privadas de acceso a Derechos Sociales fundamentales (sanidad, educación, vivienda, etc), y se encuentran en la más dura precariedad.

Muchas de estas personas con sus familias sufren problemas de vivienda cuando existen en la capital y provincia más de 25.000 viviendas vacías. Familias con problemas para llevar una alimentación adecuada cuando estamos en una provincia con una riqueza agrícola y ganadera privilegiada, así como con dos Universidades ciertamente ausentes en la forma de afrontar estas situaciones negativas. Personas jóvenes con preocupante problemas de inmigración para esta capital y provincia que se desertiza y envejece, cuando somos de las primeras provincias en recursos financieros en los bancos a nivel del estado.

Mención aparte merecen las personas €œsin papeles€, que en un número preocupante se encuentran en nuestra provincia en la más absoluta indefensión, en muchos casos bajo la amenaza de criminalización personal.

Una característica común a todas estas realidades de exclusión es el que sistema socioeconómico neoliberal, las instituciones públicas y privadas puestas a su servicio y una gran mayoría de la sociedad, pretenden que no se visualice a quien se le señala como culpable de su situación; ya que están convencidos que quien gana es el bueno y el perdedor es el culpable de su desgracia.

Avanzamos hacia una ciudad y provincia espectáculo para turistas, pero desgraciada y resignada para los perdedores del campo y la ciudad en la mayoría de los casos periférica.

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