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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

La cárcel, qué inutilidad

Durante dos días se han celebrado en la Universidad de Salamanca unas Jornadas donde se ha puesto a debate La Cárcel. Recojo el sentir final del Congreso.

El fracaso del Sistema con las cárceles, como en  tantas otras realidades, nos tiene que hacer pensar y reflexionar a toda la sociedad. Nos tiene que empujar a plantear con gran esfuerzo que hemos de buscar alternativas.

 

Si las cárceles resultan inútiles, debemos interrogarnos sobre las medidas represivas que el propio Sistema está promoviendo y su utilidad para cumplir el objetivo de la reeducación y la reinserción  que contempla la Constitución.

 

El castigo por el castigo no conduce a nada; y es más, una sociedad que avanza y progresa es porque en  su propio interior va encontrando los mejores recursos para solucionar sus propios conflictos.

 

Fruto de esos conflictos que surgen de manera tan desigual en muchos casos y con consecuencias tan injustas en otros, se va legislando en el Código Penal, se van llenando las cárceles, toda la sociedad nos vamos desentendiendo de conflictos y sus consecuencias, las víctimas no se sienten compensadas y aparentemente tranquilos, vamos confiando en que el Sistema Penitenciario da la respuesta adecuada; pero sin embargo, nada más lejos de la realidad.

 

Probablemente, porque no hemos afrontado los conflictos y hemos huido hacia adelante víctimas de nuestra propio silencio, de nuestro propio miedo y de nuestra complicidad en muchos casos.

 

Miramos las cárceles y están llenas de pobres o de enfermos en una parte mayoritaria. Miramos las personas que en ellas hay, y vemos víctimas.

 

Miramos las personas, y vemos una parte importante de enfermos mentales o crónicos a los que la sociedad no les ha posibilitado atención para su recuperación o cuidado; pero sin embargo les ha encontrado un nefasto hueco en el Centro Penitenciario.

 

Miramos las personas y vemos rostros Africanos o Latinos que en su gran mayoría salieron de sus países huyendo de la pobreza, y acabaron encerrados en el fracaso más estrepitoso.

 

La cárcel no puede dar solución a las causas y consecuencias de estos grandes conflictos sin solucionar; y por lo tanto no sirve más que para acentuar el fracaso del propio Sistema que crea estos espacios de represión huyendo de buscar y encontrar otras salidas dentro de él mismo.

 

Y si la cárcel no es la solución, ¿qué decir del después de la cárcel?, ¿Cómo volver al contexto familiar y social?, ¿Dónde están los Derechos Sociales a los que acceder para poder caminar hacia una sociedad distinta de todos y de todas?

 

Tendremos  que buscar otras soluciones y caminos. No podemos seguir pensando que la solución a los conflictos en la sociedad tiene que continuar siendo las cárceles. Nada más lejos de la realidad. Estos conflictos, en las cárceles actuales, se acentúan agravando las raíces de cuantos problemas están en el origen.

 

Algo hay que hacer en este momento; y parece claro que debemos comenzar antes del ingreso en prisión; debemos continuar en búsqueda de salidas más humanas durante el proceso de privación de libertad, y cómo no, hemos de posibilitar salidas de apoyo personal y comunitario posteriormente a la cárcel.

 

No parece que la sociedad, de manera general, y sus Instituciones, de manera particular, estemos haciendo esfuerzos definitivos en este sentido. No parece tampoco que el acompañamiento en la recuperación de las personas y sus derechos sea prioritario; sospecho, lamentablemente, que la ausencia  y precariedad de recursos adecuados y ciertos mensajes, van mucho más en la línea de cuidar, antes, sobre todo y por encima de todo, la seguridad.

 

Y la seguridad no puede ser fruto de la represión y privación de derechos; debe ser consecuencia de decisiones, recursos y propuestas que nos hagan avanzar hacia una sociedad que se corresponda con las conquistas sociales y culturales del momento presente.

 

Es éste el momento para apostar definitivamente por dar un toque de atención a la clase política para que no continúe en la irresponsabilidad de legislar a golpe de alarma social, agravando delitos y alargando penas.

 

Si la estancia en la cárcel prolonga la exclusión, estamos obligados a buscar aquellos modos y maneras que nos llevan a luchar contra las causas de los problemas que dieron origen a delitos que les llevaron a la cárcel.

 

Finalmente,  mucho más que todo lo que en estos días hemos trabajdo aquí es lo que nos queda por pensar, por compartir, por decir y sobre todo por hacer.

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