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Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

El desempleo y la precariedad tienen salida

Que no habrá empleo para todas las personas es una evidencia clara y meridiana. El Sistema Neoliberal y Capitalista lo ha dejado claro a lo largo de bastantes años, a pesar del intento político reiterado e interesado de hablar de pleno empleo.Pero, de igual manera que podemos hablar de esta evidencia; de igual forma debemos defender, con todas las fuerzas, que existen salidas con las que podemos apostar por hacer visibles y reales los derechos humanos y sociales de todos los ciudadanos y ciudadanas.
Son los empleos procedentes de las organizaciones que apuestan por lo Comunitario y Social. Son los derechos sociales afrontados desde la Renta Básica de las Iguales (RBIs). Y son las diversas maneras de estar en el medio rural bajo el paraguas y los planteamientos de la Soberanía Alimentaria.

Tres salidas que están haciéndose viables y posibles con las apuestas de personas y grupos que están haciendo camino en diversos lugares del Estado; en Galicia y en Canarias; en el País Vasco y en la Comunidad Valenciana; en Salamanca y en Málaga; en Palencia y en Zaragoza.

La Economía Social y Comunitaria, para Kolectivos del Parke, en Valencia, “tiene como seña de identidad intentar conseguir instrumentos y situaciones que den el protagonismo, de la participación activa, a los mismos sectores sociales que se ven excluidos en un modelo de sociedad desigual.

En definitiva, pretende que aquellas personas que padecen el desempleo, la pobreza, la falta de recursos, la falta de formación, que sufren discriminación o viven en una situación de premarginalidad sean los que propongan y busquen respuestas a sus problemas. Para conseguir esto se intentan crear espacios de encuentro y de mediación comunitaria. En estos espacios no sólo tienen que participar los sectores más empobrecidos, sino que es necesario que participen sectores que puedan dar una mayor referencia social”.

La Economía Social y Comunitaria es un instrumento imprescindible para Asdecoba, la asociación de este barrio de Buenos Aires, en la lucha pequeña, pero decidida, a favor de los derechos de las personas que al terminar su tiempo de privación de libertad pretenden abrir diálogo con la sociedad a la que vuelven.

La Economía Social y Comunitaria se siente apoyada por instrumentos económicos como Fiare que plantea “enfocar el uso del dinero desde el criterio de la justicia social, del respeto a la tierra, a la ecología, desde la biodiversidad”. O por COOP57 “que es una cooperativa de servicios que destina sus recursos propios a conceder préstamos a proyectos que generan empleo, promueven el cooperativismo, el asociacionismo y la solidaridad en general, a la vez que se preocupan por la sostenibilidad, actuando sobre la base de principios éticos y solidarios”.

La Renta Básica de las Iguales por la que acceder al derecho de percibir una cantidad periódica sin ningún tipo de contrapartida “se define, según David Muñoz, por contener unas características estructurales: ser individual, (para cada persona de forma exclusiva y no a las familias); ser universal, (para todas las personas); ser incondicional, (Independiente del nivel de ingresos y sin relación con el mercado de trabajo asalariado).

También por tener unas características de opción política en relación con la cantidad, (umbral de la pobreza); la equidad, (cada persona la misma cantidad); participación, (recibida “en mano” o en inversiones públicas); refundición, (sustituirá a otras prestaciones económicas); y desde la base social, (vinculada a la movilización y participación directa)”.

Ruth López llega a decir de la Renta Básica de las Iguales, que cuando hablan de ella las mujeres, “estamos hablando de mucho más que de una herramienta anticapitalista. Hablamos de una herramienta contra el patriarcado, contra el poder y las Jerarquías, contra las relaciones de sometimiento, sumisión y violencia sistemática contra las mujeres”.

La Soberanía Alimentaria está impulsada por más de 200 millones de campesinos y campesinas en el mundo como alternativa al modelo capitalista de agricultura global, en el que no encuentran ni encontrarán futuro los pequeños y medianos campesinos y campesinas. “Soberanía alimentaria es organizar la producción y el consumo de alimentos de acuerdo a las necesidades de las comunidades locales otorgando prioridad a la producción y el consumo locales domésticos”.

Para Jeromo Aguado, es trabajar por “ una agricultura puesta al servicio de los seres humanos cubriendo con esta actividad las necesidades alimenticias básicas de todas las personas. Una agricultura que elabore, transforme los alimentos allí donde se producen y éstos se distribuyan mediante redes y mercados directos a los consumidores/as, evitando así toda actividad especulativa”.

No me cansaré de repetir que hay salidas; de repetirme a mí mismo que hay que continuar provocando salidas, pero al igual que Jeromo plantea con la soberanía alimentaria, cuando dice que “el acto de producir alimentos hemos de convertirlo en un acto ético y no mercantil; que es un acto social porque aspira a cubrir una de las necesidades elementales del ser humano”; no de cualquier manera y a cualquier precio; sin miedo, sí, pero no justificando que cualquier medio pueda valer para conseguir el fin.

Probablemente ser consecuentes conlleve oponerse a las reglas del juego marcado.

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