Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Decrecimiento y redistribución

¿Qué ciudadano o ciudadana de nuestro entorno no ha nombrado en algún momento, en los últimos años, la palabra crisis? Seguro que ninguno. A la vez que esta verdad, también tenemos que afirmar, que interpretamos de muy diferentes maneras esto que llamamos Crisis.
El próximo sábado día 12, diversas organizaciones sindicales y sociales, asambleas populares y vecinales, plataformas y movimientos, convocan una manifestación estatal “por la defensa de los servicios públicos y contra los recortes sociales”.

Es una manera importante de mirar y luchar contra las causas de la crisis; es más, diría que imprescindible siempre que en su convocatoria y desarrollo se tome postura clara de parte de quien se está,; y no sólo eso, sino que se aporte qué se está dispuesto a hacer para salir de ella. Creo que no puede valer cualquier postura ante la salida a situaciones tan complicadas.

En este sentido quisiera agarrarme a algunas reflexiones y propuestas, haciéndolas mias, que Carlos Taíbo y José Luis Sampedro llevan planteando con lucidez y claridad desde hace mucho tiempo, con la seguridad que este pensamiento es parte de muchas de las personas y colectivos que creemos en la necesidad de defender los servicios públicos y mucho más.

Ellos hablan de tres grandes crisis, que combinadas están resultando extraordinariamente difíciles: “La crisis del capitalismo global, con su dimensión especulativa y desreguladora; la crisis vinculada al cambio climático; y la crisis que nace del encarecimiento inevitable de las materias primas energéticas”.

En la reflexión que hacen sobre estas distintas crisis nos llaman la atención “de encontrarnos ante la crisis de un sistema que se siente amenazado”.” De que la crisis se reparará, se le pondrán algunos parches, se arreglarán algunas cosas”... “ pero que solamente hay dos caminos de salida, el del decrecimiento, que implica tener sentido de la medida de lo que necesitamos; y el de la redistribución”.

Estas dos salidas nos exigen sobriedad y simplicidad. Nos suponen caminar hacia la civilización de la austeridad compartida; para que habiendo sabido utilizar las innovaciones y conseguido aquello que necesitamos, disfrutemos y gustemos de ellas.

Sampedro se atreve a decir con optimismo que “tengo tan mala opinión del sistema en que vivimos que estoy deseando que se desmorone, que desescombren el solar y construyan otra casa; porque esto va contra la dignidad humana”.

Es momento de que muchas personas y movimientos sociales nos tomemos muy en serio todo cuanto ocurre y nuestras reivindicaciones y renuncias estén asentadas en cambios profundos, que nos lleven hacia un mundo distinto en justicia y humanidad; con las herramientas y valores más adecuados.

Termino recordando aquella conversación que recoge John dos Passos, y que en alguna ocasión nos habrá llamado la atención y nos habrá invitado a la provocación.

“(Es la historia de un paisano y un turista que se encuentran, y el turista le pregunta):
  • Y usted, ¿a qué se dedica? ¿en qué trabaja?
(El paisano le responde): -Soy pescador.
  • ¡Vaya, pues debe ser un trabajo muy duro! Trabaja usted muchas horas
  • Sí, muchas horas.(Replica el paisano).
  • ¿Cuántas horas trabaja usted al día?
  • Bueno, trabajo tres o cuatro horitas.
  • Pues no me parece que sean muchas. ¿Y qué hace usted el resto del tiempo?
  • Vaya. Me levanto tarde. Trabajo tres o cuatro horitas, juego un rato con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer y luego, al atardecer, salgo con los amigos a tomar unas cervezas y a tocar la guitarra.( El turista norteamericano reacciona inmediatamente de forma airada y responde):
  • Pero hombre,¿ cómo es usted así?
  • ¿Qué quiere decir?
  • ¿Porqué no trabaja usted más horas?
  • ¿Y para qué?, (responde el paisano mexicano).
  • Porque así al cabo de un par de años podría comprar un barco más grande.
  • ¿Y para qué?
  • Porque un tiempo después podría montar una factoría en este pueblo.
  • ¿Y para qué?
  • Porque luego podría abrir una oficina en el distrito federal.
  • ¿Y para qué?
  • Porque más adelante montaría delegaciones en Estados Unidos y en Europa.
  • ¿Y para qué?
  • Porque las acciones de su empresa cotizarían en bolsa y usted se haría inmensamente rico.
  • ¿Y para qué?
  • Pues para poder jubilarse tranquilamente, venir aquí, levantarse tarde, jugar un rato con sus nietos, dormir la siesta con su mujer y salir al atardecer a tomarse unas cervezas y a tocar la guitarra con los amigos”.

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