Emiliano tapia original

Entre barrios y exclusión

Emiliano Tapia
Del barrio, de narcotráfico, de instituciones y mucho más...

Año 2013: Razones para desobedecer

¡Qué mal nos suena pedir desobediencia, en una sociedad de bien pensantes y culturalmente educados para ser piezas que encajen con un asentimiento mal entendido en el sistema socioeconómico que nos envuelve!

La familia, la escuela, la universidad, la iglesia, la  sociedad, los medios de comunicación… han sido correa de transmisión en la gran mayoría de las personas y pueblos de una manera de pensar y de mirar el mundo, poco o nada crítica para cuestionarlo en la manera de organizarse, de vivir y de compartir todas sus enormes riquezas y posibilidades.

 

Los distintos sistemas con los que los seres humanos hemos convivido, no han dado con la mejor manera de afrontar las necesidades de todas las personas; tampoco hemos acertado con la mejor forma de solucionar los conflictos entre los pueblos; la justicia y la solidaridad, aspiración de toda sociedad humana, no ha encontrado todavía el lugar adecuado entre nosotros y nosotras.

 

Este último tiempo de creación de riqueza, aún a costa de la sobreexplotación de la naturaleza y sus recursos, limitados por otra parte; en la sociedad más cercana, la europea y particularmente la española;  nos ha puesto ante el espejo para que veamos reflejada con toda claridad la injusticia e insolidaridad con la que estamos decidiendo sacar este mundo hacia adelante.

 

Pusimos nuestros intereses en crear más riqueza para que todas las personas participáramos de ella, le llegamos a llamar sociedad de bienestar, y poco a poco nos ha podido el negocio del imbécil consumo llegando hasta el desprecio más absoluto con quienes han sido víctimas de nuestro intento de enriquecimiento particular. Situemos aquí las víctimas que han ido quedando en el camino de lo que hemos llamado tercer mundo, de donde hemos sustraído más del 80% de las materias primas utilizadas para lo que hemos llamado desarrollo; y es más, cuando se han asomado hasta nosotros como extranjeros desde Africa o América Latina, ¡qué despreciable acogida le hemos dado en muchos casos!

 

Decidimos apostar desde nuestras propias leyes y constituciones por defender los derechos fundamentales de toda persona y de todos los pueblos; la educación, la salud, la comida, la vivienda,… y en poco tiempo es el propio sistema encargado de garantizar estos derechos quien los niega desde sus propias entrañas dejando tirados a los que todavía no se habían incorporado y a muchos de los que comenzaban a protagonizarlos.

 

Apostamos por construir una sociedad entre todas las personas y para todas; en democracia participada y gestionada con la voluntad de todos; en los valores que pudieran ir asentando y dándonos una sociedad diversa donde hubiera un lugar para todos; y, sin muchos ensayos, nos está dominando el pensamiento único de una sociedad que parece negarse a avanzar, anclada en lo más viejo y rancio del pasado.

 

Y de ninguna manera podemos continuar así. Estamos haciendo sufrir sobremanera al ser humano; y cuántas veces, este sufrimiento, tiene nombre y apellidos, tiene rostro concreto en personas y familias de nuestro propio entorno. No podemos continuar creyendo que éste o cualquier otro tipo de capitalismo, privado o de estado, nos van a acercar a salidas más humanas; nunca van a poner en el centro de sus intereses a la persona y a todas las personas.

 

Dejemos que este viejo sistema se caiga por sí solo o ayudando a que así sea, y, apostemos, muchas veces en el sueño de la utopía, por otro estilo de vivir y de organizarnos; ¡tiene que haberlo! Los seres humanos de cualquier tiempo han crecido arriesgando el futuro y creyendo en él con la novedad de una nueva manera de vivir para todas las personas.

 

Aquí quiero situar la necesidad de afrontar este tiempo, si fuera necesario,  EN DESOBEDIENCIA a un sistema que ha puesto claramente su preferencia por la ley antes que por la justicia; por muchas cosas, antes que por las personas. ¿No es ésta la mayor de las razones para llegar a desobedecer?

 

Desobedecer ante las formas de hacer que se justifican con leyes que encarcelan normalmente solo a los pobres o a los enfermos; o que se castigan hasta lo increíble a personas que por distintos motivos no tienen “papeles”; o que se expulsan a la calle a familias enteras cuando  nos sobran viviendas por todos los lados buscando el simple lucro; o se permite ser como país un eslabón más de la cadena que controla los alimentos para hacer de ellos un negocio mercantil y no un medio necesario para la vida de todo ser humano; ¿más razones todavía?

 

En otro tiempo probablemente no teníamos la posibilidad de ser tan conscientes; hoy sabemos todo esto y mucho más. No nos podemos permitir continuar siendo meros comparsas. Siempre que podamos en estas situaciones, ¡no dudemos en desobedecer!

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