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Rosana Güiza
Actualidad

Whatsapp, el nuevo juego de patio del colegio

Esta pequeña aplicación lo envuelve todo a día de hoy y ha llegado a convertirse en algo indispensable para muchas personas.

WhatsApp está a punto de convertirse en el terror del patio de colegio. Esta aplicación consiguió que las empresas de telefonía dejaran de clavarnos por enviar mensajes escritos y multimedia e hizo un gran favor a la economía de la sociedad. También ayudó a que las relaciones se afianzarán o se retomaran -en el caso de las perdidas- ya que a mucha gente le resulta pesado o aburrido descolgar, marcar y hablar.

 

WhatsApp también ha conseguido que estemos todo el día enganchados hablando con los de allí mientras descuidamos a los de aquí, a los que están al lado. La tecnología, como siempre, beneficiosa para unas cosas pero perjudicial para otras. Con tanto grupo, con tanto chat abierto, ¿quién no ha metido la pata alguna vez y ha enviado una foto comprometida a una persona o grupo equivocado?, ¿quién no ha enviado una frase desafortunada sobre alguien a la persona errónea? Creo que todos.

 

Ya tenemos grupos de WhatsApp para todo: el de los amigos de la infancia, el de los actuales, el de los actuales pero más reducido en el que están con los que mejor te llevas, el de la familia en general, el de sólo primos, el del trabajo, el de los padres del colegio y, si eres profesor, el de los compañeros maestros.

 

Nada cambia, no cambia el contenido pero si el continente o la forma de hacerlo. Antes las madres hablaban en la puerta del colegio mientras esperaban a sus hijos y ahí quedaba todo, pero ahora lo hacen también después de haberlos recogido. No sabría decir desde hace cuánto tiempo tengo en conocimiento que mis amigas madres tienen un grupo de "madres del cole".

 

Incluso las hay que tienen uno de madres y padres y otro sólo de madres para poder despacharse a gusto con los profesores e incluso con otras madres y alumnos compañeros de sus hijos. Lo he visto, tengo constancia de ello y es una práctica habitual entre algunas progenitoras. ¿Y pasa algo? Pues no. No pasa ni pasará nada porque es un asunto privado. Se trata de conversaciones privadas en las que se pone a parir la eficacia de un profesor o la vestimenta de una profesora, se critica la actitud de una madre o el comportamiento de un padre y se habla mal del niño rebelde de la clase de sus hijos, por poner un ejemplo de lo que he visto.

 

Pero claro, que unos cuantos profesores tengan derecho a tener su grupo de WhatsApp para escribir lo que quieran sobre esas madres que les critican y sobre esos niños que les hacen la docencia imposible, hasta la vida, sí pasa. Pues miren, no. No estoy de acuerdo. Tampoco pasa nada porque los profesores tengan los grupos que les dé la gana y pongan a parir a quien quieran, igual que hacen los padres y madres en sus grupos. Si hay libertad para unos, también la debe haber para los otros. Si son conversaciones privadas e intimas para unos, también lo son para otros. Dejémonos de hipocresías baratas y asumamos que todos criticamos, aunque ahora esté de moda hacerlo vía WhatsApp.

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