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Rosana Güiza
Actualidad

Contra la ablación

Recupero hoy algunas líneas que ya escribí hace tiempo sobre la ablación. Imagine que hubiera una práctica en el primer mundo que consistiera en cortar el dedo meñique del pie izquierdo a los niños cuando nacieran. 

Imagine que, si esto no se hiciese, al niño no le crecería el pene, no le saldrían uñas en las manos, jamás aprendería a hablar, nunca podría montar en bici, no sería aceptado socialmente y jamás encontraría el amor. ¿Imaginan que esto fuese una práctica habitual en los países desarrollados? Absurdo, ¿verdad?. Exactamente igual de absurdo que la ablación o mutilación genital femenina. Sólo hace unos días, el Estado Islámico ordenó la ablación a dos millones de niñas en Irak. Así, cada año, más de tres millones de niñas sufren la mutilación genital y, en total, más de cien millones de mujeres han pasado ya por esta práctica que se realiza en más de 28 países, sobre todo en África.

 

Las niñas se someten a esta terrible práctica sin opción alguna. Una cuchilla sucia es el instrumento común que extirpa el clítoris de sus pequeños cuerpos como si se tratase de algo maligno. La mutilación genital femenina provoca graves problemas de salud tanto psíquicos como físicos: dolores abdominales, problemas durante el parto e incluso aumenta la vulnerabilidad al VIH. Hay una serie de mitos que mantienen arraigada esta cruel tradición según los cuales, una mujer que no haya pasado por la ablación no podrá dar a luz, será infiel o no es digna para casarse. Otras creencias aseguran que si una niña no es circuncidada antes del casamiento, el marido morirá. También se cree que si una mujer no es mutilada, al no eliminar su necesidad y deseo sexual, será inmadura y sucia. Si durante el parto el bebé toca el clítoris con la cabeza, morirá o tendrá deformidades. Una matrona que ayude en el parto a una madre no mutilada, quedará ciega. También creen que el clítoris produce una secreción que mata los espermatozoides. Muchos padres están convencidos de que, mutilando a sus hijas, las protegen frente a violaciones y abusos sexuales. Y así, un sin fin de absurdas creencias que varían según las zonas y los países en los que se practica.

 

Ante todo se trata de una cuestión de falsas creencias que tendría fácil solución si se invirtiera en educación ya que, está tan arraigado que no se aceptaría su erradicación mediante la imposición política y legal.  Hay países que van dando pasitos contra esta brutal práctica pero sigue siendo insuficiente ya que se toman medidas que luego no se cumplen.

 

Hay que actuar porque se trata de una falta de respeto a la mujer. Es una cuestión de dignidad, un asunto personal, íntimo y privado de un ser humano que nadie tiene por qué tocar. Pero sobre todo se trata de una violación de los derechos humanos. Curiosamente siempre es la mujer la que sufre este tipo de vejaciones por parte de una sociedad en la que las propias mujeres la creen y consienten. Por eso, para ayudar a combatir esta barbarie social, hay que educar y una forma de hacerlo es colaborando con la ONG World Vision, entrando en la web www.cierraestatienda.com Infórmate y colabora. #stopablacion 

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