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En las nubes

Almudena M. Vega

La impuntualidad

Como habéis podido comprobar, he pedido que colgaran este artículo un poco más tarde de lo habitual.¿Qué tal os ha sentado?
Me parecía una buena manera de mostrar las consecuencias de algo que se ha hecho tan común en nuestro día a día que ya es un signo distintivo de nuestro país: la impuntualidad.

Dice un estudio que leí ayer que los españoles tenemos fama de alegres (gracias), vagos (mentira), juerguistas (pero juerga sana, ¿eh?) e impuntuales (creo que es verdad).

Es tan común para nosotros, que hasta hemos distorsionado el significado de la puntualidad. Hoy, una persona que llega 5 minutos antes es una persona ansiosa, o desesperada. En cambio, alguien que llega 5 minutos tarde demuestra estar calmado y ser estable.

Es más, llegamos hasta el punto de tener libros sobre protocolo y buenos modales que dicen que lo “ideal” es llegar 5 minutos tarde, entre 5 y 10 minutos si la cita es en casa de un anfitrión.

A mí me parece una barbaridad. Así perdí yo trenes y metros cuando estudié en París. Allí, si te avisan de que el metro pasa a las 18:43, es que pasa a las 18:43 y a las 18:44 ya se ha ido.

Reconozcámoslo. Es una mala costumbre. Que esté arraigada no significa que no debamos erradicarla, como nuestra fobia a estudiar idiomas o dormir menos de lo que nuestro cuerpo necesita.

Lo ideal (digan lo que digan los libros de modales) es llegar a la hora exacta, no sé muy bien cómo debe calcularse eso, pero si otros lo hacen. Nosotros también podemos.

Mis disculpas por llegar tarde a la cita de hoy. Espero que os sirva para que la próxima vez que quedéis con alguien, lleguéis a tiempo. Y espero, por vuestro bien, que la otra persona también lo haga.

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