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En las nubes

Almudena M. Vega

!€ŚY se declara €œno culpable€!

Pasa meses preparando una bomba. Coge un arma, la carga con balas prohibidas por su alto poder destructivo, acude a una isla, dispara a todo aquel que se mueve, indiscriminadamente, dispara incluso a los que se tiran al agua para defenderse, y mientras mata a jóvenes y niños se pregunta cuántos muertos habrá causado la bomba que ha puesto esa mañana en el centro de la ciudad€Ś !Y delante de la juez se declara €œno culpable€!

Pero, Âżcómo hemos llegado a esto?

Yo pensé inmediatamente: !La culpa es de Bin Laden! €Ś Upps! No puede ser, si ya está muerto. Y es que durante años hemos tenido ahí al malo malísimo de todo el mundo mundial para culparle de todo lo que ocurría. (Que, dicho sea de paso, una parte sí que era culpa suya). Tanto nos preocupamos de culparle, de buscarle, y de vigilar sus pasos que nos olvidamos de vigilar los nuestros.

Y quizás así es como hemos llegado a esto.

Quizás hemos dado la imagen de que todo vale, incluso la venganza. Es curioso que cuando Bin Laden fue abatido todo el mundo debatía si era apropiado o no haber arrojado su cuerpo al mar, si era pertinente o no que se mostraran las fotos. En las redes sociales se oyeron cosas como: €œMuy malo tienes que ser para que te mate un Premio Nobel de la Paz€. Pero tardaron, o tardamos, días en preguntarnos si era lícito que lo hubieran matado. ÂżJusticia o venganza, o ya da igual porque todo sirve? Tardamos demasiado en reaccionar aún en un caso conocido a nivel mundial. Para mí eso, quizás, es un indicio de que vivimos en una sociedad anestesiada. Estamos tan hartos de corrupción, de injusticia, de salvajismo y de abusos que quizás todos (políticos, medios de comunicación y ciudadanos en general) hemos alentado la idea de que todo vale con tal de librarnos.

Así lo entendió el asesino de Oslo, y no ha sido el único. Por eso se declara €œno culpable€, cree incluso que ha hecho algo bueno por la humanidad y que hay que darle las gracias. Curiosamente, lo mismo que creía Bin Laden. !Que se lo digan a los padres, esposos e hijos de los fallecidos de uno y del otro! A mí me parece una barbaridad. Y escuchar como ya he oído que ese asesino tiene parte de razón roza ya los límites de la cordura. Y eso sí que es peligroso, cuando jugamos con razonamientos que en principio podrían ser válidos para solucionar alguno de los problemas que nos rodean, pero los llevamos al límite y más allá sin darnos cuenta... A mí me sigue pareciendo una barbaridad.

Y me parecería aún peor que no hiciésemos nada.

Es verdad que hay mucho €œloco€ suelto. Pero somos muchos más los que estamos cuerdos y podemos hacer algo al respecto.

No podremos evitar muchas injusticias, ni muchos atentados, ni cambiar a un asesino, pero podemos reaccionar, podemos poner nuestro granito de arena para que los que vienen detrás no crezcan con el odio y el rencor dentro.

No debemos callar lo que ocurre, pero hay una gran diferencia entre informar y dar publicidad.

No caigamos en la tentación de maximizar o minimizar los hechos en función de nuestros intereses, un asesinato es un asesinato sea quien sea la víctima o el verdugo.

No sabemos cuánto tiempo tendremos que convivir con tanto desalmado suelto, pero, quizás, no sería mala idea vigilarnos a nosotros mismos para que no surjan más monstruos que luego se declaren €œno culpable€.

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