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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Viernes de dolores

El viernes anterior al Domingo de Ramos, tal día como hoy por tanto, se denominaba tradicionalmente, antes de los cambios conciliares, Viernes de Dolores. Se trataba realmente del inicio de la Semana Santa cuando estaba a punto de concluir la previa, la de Pasión, de ahí que también se hablara del Viernes de Pasión. Sirvan estos recuerdos vinculados a la fecha para enmarcar mi felicitación a Francisco Javier Blázquez, historiador y cofrade, por su brillante pregón de Semana Santa, pronunciado el pasado martes en el Teatro Liceo.
No se dedican las líneas siguientes, sin embargo, al Viernes de Dolores que pervive en la costumbre o la religiosidad popular, más allá de las previsiones litúrgicas, sino a los dolores que anuncia este viernes desde la política económica concebida conforme a las directrices de un pretendido pensamiento único y sin posibilidad de alternativa. Pasadas las elecciones autonómicas en Andalucía y Asturias, celebradas el domingo anterior, se propone el Gobierno de España la aprobación del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado. El Consejo de Ministros anunciará, según se ha ido anticipando en pequeñas dosis desde el lunes, unos presupuestos restrictivos que, con el beneplácito de la ortodoxia neoconservadora europea, contribuirán a la reducción de la actividad económica en España con la infundada esperanza de que la recesión de hoy facilitará el crecimiento de mañana.

Las políticas económicas que continúan adoptándose en España y en el resto de la Unión Europea, así como las graves consecuencias que éstas generan en el ámbito laboral y social, están diseñadas por los que vienen defendiendo desde los años ochenta las bondades del sistema que ha originado la actual crisis económica y financiera en Norteamérica y Europa. Se admite y hasta se defiende con descaro por quienes marcan la política económica nacional e internacional, tanto da, la idea de que únicamente se saldrá de esta crisis exagerando el modelo y los principios que han puesto en grave peligro el Estado Social de Derecho.

No creo que se pidan tantos esfuerzos, por cierto siempre a los mismos, para lograr la recuperación. Se piden para cambiar a peor, desde la perspectiva de la igualdad, la libertad y la solidaridad, el sistema vigente en la otrora Europa del bienestar y la socialdemocracia. Se habla de reformas estructurales, es decir no provisionales y por ello permanentes, que con la excusa de la solución de la crisis y de la natural ansiedad que produce, sobre todo en los más perjudicados por ella, que son muchos, rompen consensos fundamentales que construyeron el modelo constitucional y el fundacional de la Unión Europea.

Se busca la identificación de la racionalización del gasto público y la austeridad con la reducción de la presencia activa de los poderes públicos en la economía, dejando el futuro de nuestros países y vidas a un reducidísimo grupo de personas que ejercen el poder fáctico internacional, guiado por la avaricia, la insolidaridad y el autoritarismo. Se pretende confundir la llamada flexibilidad laboral con el fomento de los desequilibrios en las relaciones de trabajo. Se intenta enfrentar la salud de las cuentas de las Administraciones con la iniciativa en la articulación de medidas de reactivación de la economía productiva.

El esfuerzo de verdad, del que la ciudadanía española sabe mucho, como lo viene demostrando a lo largo de la historia, es el que se asume para la generación de la riqueza que se redistribuye eficazmente por el Estado Social, satisfaciendo así los derechos individuales y colectivos. No se puede renunciar a los pilares del Estado de bienestar, de muy reciente construcción en España. Los necesitamos personal, social y económicamente. La situación pide la adopción con urgencia de medidas europeas para la dinamización y el impulso de la economía productiva, para que el dinero circule en los mercados, superando de una vez las restricciones al crédito, con programas de inversión en infraestructuras, innovación, investigación y desarrollo. Sin estas medidas, no nos engañemos con falsas expectativas, el dolor de los recortes producirá solamente más dolor y recesión para la inmensa mayoría y propiciará, curiosamente, que se amplíe el club de los “milmillonarios de Forbes”.

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