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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Participación, democracia y eficacia

Salamanca ha de avanzar en el marco de la política social convirtiéndose en una ciudad de innovación social para la calidad de vida. Debe ser una ciudad cómoda y no solamente bonita. La participación y la actualización del modelo de ciudad pueden contribuir a la consecución de estos objetivos. Resulta muy recomendable acometer desde el Ayuntamiento las tareas institucionales relativas al fomento de la innovación social y a la consecución del replanteamiento de las políticas públicas desde la perspectiva municipal para la necesaria accesibilidad universal, la potenciación del Trabajo Social y de la acción sociocomunitaria, la promoción de la inserción social y, en definitiva, para la articulación de decisiones dirigidas a la igualdad efectiva.

La participación ciudadana se transforma en este contexto en un instrumento imprescindible para la democracia real y la gestión eficaz. Y es que la mejora de la calidad de la democracia, muy principalmente en el ámbito local, pasa por la implicación ciudadana en el gobierno de la ciudad. La implicación exige la participación ciudadana directa, que no consiste únicamente en votar en las elecciones municipales cada cuatro años, que también lógicamente. En democracia la política no pertenece sólo a quienes desempeñan cargos públicos o disponen de responsabilidades en los partidos, pues el derecho de participación política se reconoce constitucionalmente como base del estatuto de ciudadanía. Aprovéchense por tanto las amplias posibilidades que ofrece la política municipal para fomentar la participación.

No resulta razonable gobernar sin escuchar permanentemente, más allá de los procesos electorales, a los ciudadanos y las ciudadanas. Parece imprescindible, así las cosas, la reforma en profundidad de las normas y los criterios políticos y administrativos para la aplicación de las mismas, definiendo en Salamanca un verdadero Consejo de Participación Ciudadana. Este Consejo habría de coordinarse con otros especializados ya existentes, aunque pendientes de constitución o de la oportuna potenciación, o de recomendable nueva creación, como el Consejo de la Mujer, el Consejo de la Juventud, el Consejo para la Dinamización Económica y el Empleo, el Consejo del Deporte o el Consejo de Asuntos Sociosanitarios.

Las asociaciones vecinales y las federaciones que conforman son vehículos claves para la participación ciudadana. Por cierto, no se ha reconocido todavía suficientemente su relevante aportación al éxito de la transición a la democracia en España. Su labor deviene esencial en la confección del tejido ciudadano y en el fomento de la convivencia en las ciudades, para evitar la evolución de éstas hacia lugares presididos por el individualismo y la soledad. Recuérdese que las organizaciones vecinales, a través de la participación que facilitan, propician cuando menos propuestas útiles en el planteamiento de proyectos nuevos, el enriquecimiento de las iniciativas municipales y el control de la gestión pública. Son acreedoras, en consecuencia, de los máximos reconocimientos y respaldos sociales e institucionales.

Considero fundamental, así las cosas, que en Salamanca todos los barrios (reivindico una vez más los barrios y sus dimensiones humana, ciudadana y social) cuenten con locales que sirvan de sede a las asociaciones vecinales; que en todas las zonas exista un centro cívico adecuado (hace falta un plan plurianual y concreto al respecto); que se asuma la gestión conjunta o la cogestión con las asociaciones vecinales de estos centros, que deben funcionar en red, para garantizar que sus horarios y programaciones sean las que demanden los vecinos y las vecinas; que se constituya, como antes señalaba, un consejo de participación efectivo, del que formen parte las asociaciones vecinales para recibir información y formular propuestas o críticas; y que se acuerde la creación de una concejalía de participación ciudadana, que deje clara la voluntad política en esta materia del Ayuntamiento y su autonomía de la llamada participación social. Todo ello, en fin, porque, como decía antes, la participación ciudadana resulta esencial para ganar calidad en la democracia y eficacia en la gestión de los recursos públicos humanos y materiales.

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