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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

La dura brecha salarial

El Parlamento Europeo decidió en 2008 que el 22 de febrero fuese el €œDía de la Igualdad Salarial€. La semana pasada este día tuvo un significado especial por los efectos negativos sobre la misma generados por la crisis y la reciente reforma laboral. Se dedicó esta jornada a presentar estudios y propuestas, así como para reivindicar la adopción de medidas que terminen con la €œbrecha salarial€, expresión que se refiere a una de las más duras manifestaciones de la discriminación de las trabajadoras, la consistente en la recepción de una menor retribución. Debe destacarse, en este sentido, que en los documentos publicados continúa figurando una notable diferencia entre la cuantía de los salarios brutos anuales medios de las trabajadoras y de los trabajadores.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó el pasado 29 de febrero datos relevantes para conocer el alcance de la citada €œbrecha salarial€. Se señala que €œen el año 2009, el salario anual más frecuente en las mujeres (14.490,3 euros) representó el 87,9% del salario más frecuente en los varones (16.492,9 euros). En el salario mediano este porcentaje fue del 79,3% y en el salario medio bruto del 78,0%. Si se consideran los salarios anuales con jornada a tiempo completo, el salario de la mujer representaba el 86,3% del salario del varón. En la jornada a tiempo parcial, el porcentaje era del 87,8%€. Se afirma también que €œpara poner de manifiesto las diferencias salariales de género es necesario considerar el salario por hora y distinguir el tipo de jornada. En el trabajo a tiempo completo, el salario por hora de las mujeres en el año 2009 (13,4 euros) alcanzaba el 87,6% del salario por hora de los varones (15,3 euros). Al considerar la jornada a tiempo parcial, el porcentaje anterior se reduce al 76,0%€.

La desigualdad salarial por razón de género se ha convertido, como decía, en uno de los supuestos de discriminación de las trabajadoras más graves y persistentes. Mina directa e indirectamente los avances que con gran esfuerzo se conquistan en materia de igualdad real y efectiva de mujeres y hombres en las relaciones laborales. Y es que resulta en sí misma una agresión a la trabajadora, explotada y minusvalorada, y denota la concurrencia de otras conductas discriminatorias profundamente arraigadas en los más hediondos planteamientos machistas. Así, por ejemplo, la retribución insuficiente y desigual se une a la definición arbitraria de categorías profesionales pensadas para mujeres, carentes de reconocimiento y con límites a la promoción. En fin, puesto que la discriminación directa, por los avances alcanzados, deviene cada vez más difícil de ocultar, el tenebroso mundo de la desigualdad salarial por razón de género, y las patologías socioeconómicas de las que asimismo es síntoma, constituyen actualmente un terreno abonado para la discriminación indirecta y, consiguientemente, han de combatirse con firmeza.

Recuérdese, para contextualizar mejor esta última reflexión, que la Ley Orgánica para la igualdad efectiva de mujeres y hombres define con acierto la discriminación directa por razón de sexo como la situación en que se encuentra una persona que sea, haya sido o pudiera ser tratada, en atención a su sexo, de manera menos favorable que otra en situación comparable; y la discriminación indirecta por esta razón, como la situación en que una disposición, criterio o práctica aparentemente neutros pone a personas de un sexo en desventaja particular con respecto a personas del otro, salvo que dicha disposición, criterio o práctica puedan justificarse objetivamente en atención a una finalidad legítima y que los medios para alcanzar dicha finalidad sean necesarios y adecuados.

El problema de la discriminación salarial ha pretendido adquirir históricamente la naturaleza de factor estructural, incluso se ha presentado inexplicadamente como irremediable. Precisamente por ello exige respuestas institucionales y sociales contundentes. Que la crisis no sirva de excusa para no avanzar en esta materia, ni, por supuesto, para retroceder.

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