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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Contra la dimisión de los ciudadanos

Descubrí ayer, gracias al profesor Salvador Martí, uno de sus autores, un libro recentísimo y muy recomendable titulado 'Política para apolíticos', editado por Ariel. Su subtítulo, "Contra la dimisión de los ciudadanos", es asimismo muy ilustrativo de las materias abordadas y del enfoque seguido. Como indica su sinopsis, "algunos de los politólogos más importantes del país se reúnen en este libro para responder a los tópicos que emplean los críticos con la política y demostrar qué hay realmente detrás de algunas ideas en apariencia buenas pero en la realidad terriblemente perniciosas".

Se trata principalmente de ÂŤuna reivindicación de la buena política (y de los buenos políticos) y de las soluciones y caminos por los que debemos conducirla para que logre sus metas y ejerza el rol esencial que tiene. Por eso constituye "un canto contra la dimisión de los ciudadanos".

Resulta especialmente oportuno en el contexto sociopolítico actual llamar la atención sobre los peligros que comporta la dimisión de los ciudadanos y las ciudadanas, que deviene efectivamente incompatible con la democracia. Estas reflexiones sobre la calidad de la democracia me recordaron el despropósito que supone un concepto acuñado por la canciller alemana Angela Merkel, que incomprensiblemente parece contar con bastantes adeptos en los gobiernos de los Estados de la Unión Europea, incluido el español. Me refiero a la noción marktkonforme Demokratie, es decir, la democracia conforme al mercado (a los mercados). Y es que, según argumenta, aunque "vivimos en una democracia parlamentaria y, por tanto la confección del presupuesto es un derecho básico del Parlamento, vamos a encontrar vías para transformarla de tal manera que pueda concordar con el mercado".

La respuesta progresista pasa necesariamente, en consecuencia, por favorecer el ejercicio de los derechos de participación política para que nadie se plantee su dimisión como ciudadano o ciudadana. Solamente así se recuperará la cordura institucional y se logrará que el objetivo sea precisamente el contrario al explicado por Merkel, esto es, que los mercados se sometan a la democracia. Únicamente de esta manera se puede promover el crecimiento económico, esencial para la creación de empleo y el incremento de los ingresos públicos, y con ello garantizar los pilares del Estado de bienestar. No olvidemos que, como afirmaba días atrás The New York Times, "los dañinos recortes podrían haberse evitado si Merkel y sus desacertados colegas reconocieran de una vez que la recuperación de la competitividad del económicamente debilitado sur de Europa requiere más inversiones en reformas y crecimiento y menos obsesiones con la aritmética deficitaria cortoplacista".

Tuve la oportunidad de participar hace unos días en el interesante congreso 'Edificar la paz en el siglo XXI', también muy recomendable. Se debatió en profundidad sobre la calidad de la democracia y su relevancia para la paz y para la promoción y tutela de los derechos humanos. Las ponencias y el rico debate entre personas de procedencias, formación y preferencias ideológicas muy diversas puso de relieve la exigencia ética de preservar y promover los principios y los valores democráticos, evitando que las crisis económica y política se conviertan en una excusa para menoscabar la igualdad, la libertad y la solidaridad o para minusvalorar la dignidad de la persona, de la que nacen los derechos fundamentales. Por cierto, ayer se cumplieron setenta y cinco años del horrible bombardeo de Guernica en plena guerra civil española. Que este aniversario nos invite a pensar en la importancia de trabajar por la democracia y la paz.

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