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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Cencellada en la economía productiva

Ha llegado el invierno de verdad a Salamanca. Árboles y tejados blancos, congelados, nos han saludado entre la niebla al salir de casa. Este paisaje, generador de formas y perfiles distintos a los habituales, se ha mantenido durante la semana hasta más allá del mediodía, resistiendo con tesón al buscado calor de los rayos de un sol que parece lejano. Esta escarcha que todo lo envuelve recibe el nombre en Salamanca de cencellada o cenceñada. Me gustan estas palabras salmantinas vinculadas al frío, al igual que el uso de candarse como sinónimo de helarse cuando nos referimos al río. Propongo que utilicemos estos salmantinismos para que no sean borrados del diccionario de la Real Academia Española, como sucedió con arapil, otro bello término.
Las cencelladas de estos días resultan sugestivas, incluso estéticamente atractivas, sin olvidar nunca, por supuesto, la necesidad de adoptar decisiones que eviten que haya personas sin techo, víctimas del fracaso colectivo de la llamada sociedad del bienestar, que padecen siempre, y especialmente en estas fechas, de la falta de satisfacción de sus derechos fundamentales. A propósito, y hablando precisamente de fracasos sistémicos, me preocupa mucho la cencellada que cubre la economía española y, en general, la de la Unión Europea en su conjunto. Desde que inició la crisis financiera internacional, con origen principalmente en los Estados Unidos, no se ha dejado de aprobar medidas en el ámbito de los países considerados desarrollados para enfriar la economía productiva, la que genera riqueza para la sociedad, la que crea empleo.

Los dogmas formulados por las posiciones neoconservadoras o ultraliberales, contrarias radicalmente al Estado de bienestar, al Estado social, que condujeron al actual desastre económico, continúan guiando con más ímpetu que antes, paradójicamente, las decisiones políticas y financieras nacionales e internacionales. La ausencia de normas y, consiguientemente, de control real sobre los mercados de capital, la obsesión por reducir el déficit público en plazos imposibles para la pervivencia del modelo propio de la Europa del bienestar, el desinterés por la situación de endeudamiento de las familias y las pequeñas y medianas empresas, la despreocupación por desarrollar medidas de estímulo de la economía productiva y para la creación de empleo, se unen desde estos planteamientos insolidarios y caóticos al empeño por aprovechar la ocasión y recortar o suprimir derechos subjetivos, de ciudadanía y laborales.

Las medidas aprobadas por el Gobierno y contenidas en el Real Decreto-Ley 20/2011, de 30 de diciembre, se olvidan del empleo y además contradicen lo que había anunciado el Partido Popular en el programa electoral presentado para las últimas elecciones generales y lo defendido por este partido insistentemente para desgastar al Gobierno anterior. Tampoco tienen mucho que ver con el empleo las propuestas que se anuncian como imprescindibles para la enésima edición de la reforma laboral permanente. Se habla del empleo como el primer objetivo, hasta se cambia inadecuada y sibilinamente el nombre del Ministerio de Trabajo por el de Ministerio de Empleo (podríamos hablar de los temores que origina este cambio de concepto, más que de denominación, aparentemente inocuo), pero después dónde queda cuando se definen las medidas extraordinarias y urgentes.

Esperemos que la Unión Europea cambie su rumbo y empiece a preocuparse por la economía productiva, que la estimule para que se descongele y se active. A ver si así el Gobierno de España se ve obligado a modificar sus planteamientos. De la crisis no se sale con recortes de derechos laborales y sociales, ni dificultando el consumo y la inversión públicos y privados con restricciones al crédito y subidas lineales y regresivas de impuestos (como, por cierto, el incremento del 13 por ciento del IBI en el municipio de Salamanca). En fin, esperemos la pronta recuperación efectiva de los postulados de la socialdemocracia europea, del socialismo democrático y reformista, del que en ciertos momentos se distanciaron por error algunas posiciones políticas progresistas. Las cencelladas brillan en los árboles pero no son recomendables para los derechos, la economía productiva, el empleo y el progreso.

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