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Enrique Cabero
Blog de Enrique Cabero. Portavoz de PSOE Salamanca

Augusto Pimenta, cónsul de Portugal

El pasado lunes, 30 de abril, cerró sus puertas, tras ochenta y cinco años de actividad, el Consulado de Portugal en Salamanca, cumpliéndose así la disposición publicada al respecto en el Diario de la República de 20 de marzo de 2012. Confieso que lo he sentido mucho. Finaliza oficialmente, que no de hecho (estoy seguro y lo espero), la excelente, eficaz y generosa labor como cónsul de Augusto Pimenta de Almeida, el más salmantino de los portugueses y el más portugués de los salmantinos. Nunca agradeceré, y agradeceremos, lo suficiente su trabajo como cónsul honorario de la República de Portugal, además de otras grandes aportaciones realizadas a nuestra ciudad, como, por ejemplo, desde la presidencia de la Unión Deportiva Salamanca, la construcción del estadio Helmántico, o desde Caja Duero, el impulso de la aventura portuguesa de la entidad.

Manifiesto en estas líneas asimismo mi reconocimiento a los esfuerzos de Augusto Pimenta por profundizar en las relaciones entre España y Portugal, demostrando la relevancia y el interés que tienen principalmente para Salamanca y su desarrollo cultural y socioeconómico. Y es que no puede olvidarse que la condición peninsular ha determinado en gran medida la idiosincrasia española, marcada secularmente por las complicadas controversias nacidas de la ordenación política del territorio. Llama la atención, en este sentido, cómo perfilamos minuciosamente la nariz lisboeta cuando dibujamos el mapa de España, pues raramente lo hacemos sin trazar también el de Portugal.

La disposición de las cordilleras y de las correspondientes cuencas sugiere la definición de un amplio ámbito, presidido por la superposición de franjas horizontales, y de otro algo menor, de forma triangular y estructurado principalmente por el Ebro y el Mediterráneo, sin perjuicio de que la orografía explique las diferencias entre la costa y el interior. Las fronteras fluviales han protagonizado episodios bélicos decisivos, como los que se hallan en el origen de las Coronas de Castilla y León y de Aragón.

La verticalidad de Portugal rompe, sin embargo, la lógica de la geografía física por obra de la ReconÂŹquista (así llamada por aquellos que nunca consideraron legítimos peninsulares a los andalusíes). Las hazañas de Alfonso Henriques, entre ellas la victoria frente a los árabes en Ourique (1139), le convirtieron en el primer rey portugués. Será, no obstante, la derrota en Aljubarrota (1385) de Juan I de Castilla en su pugna con JoĂŁo I de Portugal la que consolide la independencia.

Quién puede olvidar las palabras de Luis Vaz de Camoens, el autor de €œOs Lusiadas€, la epopeya portuguesa, sobre la batalla de Aljubarrota, escritas más de ciento cincuenta años después del acontecimiento, censurando a Juan I de Castilla, quien €œpor tomar lo ajeno, al miserando/ pueblo expone a las penas del profundo,/ dejando a tanta esposa, virgen, madre,/ sin hijos, sin maridos o sin padre€. La crítica a Juan I, empeñado en quedarse con lo ajeno (obviamente al Reino de Portugal), no impide que el texto trasluzca solidaridad con los caídos castellanos, vasallos y nobles, cuyas pérdidas condujeron a dos años de luto.

La genialidad de Camoens contribuyó al nacimiento de la identidad lusa, la de los hijos e hijas de Lusus. Su vida se parece a la de Cervantes. Los dos participaron en batallas relevantes por sus consecuencias históricas, sufrieron graves secuelas en sus cuerpos y disfrutaron de grandes experiencias vitales. En las obras del manco español (Lepanto) y del tuerto portugués (Ceuta) se recuerdan con orgullo por motivos diversos las, por ellos consideradas, citas irrepetibles con la historia.
Muchas gracias, querido Augusto, por hacernos conocer mejor y querer más a Portugal y por amar tanto a Salamanca.

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