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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

Willy

Willy es un tipo entrañable, tiene una edad difícil de determinar, posiblemente en torno a los 70, nunca se lo pregunté. Willy pasea por Salamanca con su inseparable compañera agarrada a su brazo como quien teme perderlo. Ambos son uno solo: caminan a la par, se detienen a la par, nunca los he visto separados, con ellos no va eso de hablar de frivolidades como en la tele-basura, por eso me gustan: porque son sinceros y respetuosos. Su paseo no es un no saber adónde ir, cada día salen a visitar las últimas exposiciones que se hayan inaugurado en la ciudad. Charlas, conferencias, recitales, y cualquier otro evento cultural que produzca son el destino de esta pareja que no duda en pararte por la calle y ofrecerte alguno de sus incontables dichos, refranes o proverbios de los que Willy es portador, como si de una agenda de la memoria se tratara.

En diciembre del año 97 me los encontré en la heladería de Los Italianos, eran los días previos a la Navidad y entre sorbos de café con leche calentito charlamos, como siempre, de cine €“Willy fue durante años maquinista en uno de los cines de la ciudad, por tanto es un libro abierto en cuanto a datos cinematográficos€“ de los aconteceres de la ciudad y de las exposiciones que por entonces merecían más la pena ir a ver.

Yo llevaba en mi mano unas felicitaciones realizadas en papel fotográfico, montadas a mano y dedicadas individualmente (no como hacemos ahora que las mandamos por el €œintern逝). Aquel año hice alguna sin destinatario previo, por lo que no dudé ni un instante en adjudicar una de ellas: Willy y su complaciente compañera eran el destino perfecto. En la foto, en blanco y negro, se podía ver a mi desaparecido gato Karusso mirando la televisión con una atención fuera de lo común, le llamaba la atención el movimiento de una cebra huyendo de algún depredador. Willy tomó la foto-felicitación y el café de la misma manera: con verdadero fervor.

En diciembre pasado me los volví a encontrar en una exposición de fotografía en el Museo Provincial, han pasado los años y su movilidad no es la misma, su voz tampoco y a pesar de ello volvimos a hablar, como entonces, de exposiciones y del mundillo cultural de esta nuestra Salamanca, pero esta vez yo no llevaba foto-felicitaciones en la mano, llevaba un €œsmartphone€ en el bolsillo con el que le grabé alguno de los proverbios que tanto le gusta repetir a Willy, pero que mi memoria olvida con facilidad. Con la voz muy tomada y pausada me volvió a repetir una vez más:

€œDefinición técnica de libro: conjunto de hojas de papel manuscritas o impresas por algún procedimiento técnico y encuadernadas o unidas por algún sistema y formando volumen, pero con más de cincuenta hojas, si no, sería opúsculo o folleto.

Definición poética de libro:
El libro abierto es un cerebro que habla
cerrado, un amigo que espera
olvidado, un alma que perdona
y destruido, un corazón que llora (proverbio hindú).



Si quieres ser feliz un día, emborráchate,
si quieres ser feliz un mes, cásate,
si quieres ser feliz un año, mata a tu cerdo,
pero si quieres ser feliz toda la vida, hazte jardinero. (proverbio chino).€



A continuación nos deseamos felices fiestas de palabra y Willy me dijo que aún conservaban la felicitación de Karusso y que, desde entonces, cada vez que la miran se acuerdan de mi. Me fui a impartir docencia con las €œpilas€ cargadas, pero con la incertidumbre de si el dichoso €œintern逝 nos acerca o nos separa.

Victorino García Calderón
Maestro del mirar


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