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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

Para prevenir el desencanto

Fue el título de un artículo publicado por Fernando Sabater en el diario El País, unos días antes de que Felipe González llegara al poder allá por el año 1982 tras una campaña semejante a la de Rajoy en el momento actual. Tan semejante, que el lema del PSOE en aquellas fechas se tituló €œPOR EL CAMBIO€.

Y España cambió de manos, algunos de los argumentos de entonces fueron semejantes a los de ahora: queríamos salir la mayor crisis política de la democracia: el €œTejerazo€, ahora queremos que la crisis financiera que nos agobia, nos la tornen en felicidad. Entonces nos apresuramos a cambiar los políticos €œfranquistas€ por los €œdemócratas€ y nos sentamos a esperar a que EL PODER hiciera el resto, nosotros ya habíamos votado y que lo haríamos cada cuatro años (el que quisiera) para contribuir a que la DEMOCRACIA se asentara en este pedazo de tierra firme que llamamos ESPAÑA.

Desde el año 82 hasta ahora, han cambiado algo las cosas, no voy a negarlo, nos metieron en la OTAN a la primera de cambio, me di cuenta el mismo día de las elecciones: fue al llegar a mi domicilio de entonces en Toro (Zamora), después de ayudar como interventor (la izquierda no tenía militancia suficiente para controlar las mesas electorales en todos y cada uno de los pueblos de cada provincia). El salón de mi casa era un hervidero de satisfacción: por fin, después de tantos de dictadura, había triunfado la izquierda y con mayoría absoluta. Comimos, brindamos, y a los postres habló Felipe. Entonces me di cuenta que nos habíamos equivocado, en ese preciso instante empezó el desencanto y, sin tapujos, se nos dijo que las cosas no iban a ir de carrerilla, que lo de la Alianza Atlántica habría que pensárselo y que los poderosos no iban a soltar prenda tan fácilmente como pensábamos.

Han pasado los años, nos han salido canas y nos hemos caído del guindo: hemos constatado que, efectivamente, las cosas no son fáciles, pero por lo mismo de siempre: las crisis las pagamos los mismos: los pequeños y medianos empresarios, los asalariados y los empleados, con nuestros impuestos y nuestro trabajo e incluso sin esto último. Los políticos y financieros viven el la burbuja que se han hecho a medida. Los ricos, lo son cada día más, en las guerras mueren los de siempre, y a la denostada €œdemo-cracia€ le queda poco más que el nombre.



Antes de aquellas elecciones Sabater escribía:
€œÂżPor qué podemos profetizar con certeza el desencanto tras el triunfo de la izquierda democrática en las próximas elecciones?, porque habrá muchos interesados en que nos desilusionemos enseguida. Por la crisis, de la que nadie puede librarse, seguro que tratan en seguida de lavarnos el cerebro con ella, por las propias insuficiencias del partido mayoritario de la izquierda triunfante: ser preferible al adversario no le hace a uno definitivamente perfecto... El desencanto se previene participando, lo que supone algo más que ir a votar. Cierto viejo chiste habla del inmigrante que quería ir a América a hacer fortuna, pues le habían dicho que allí las calles estaban pavimentadas de oro, y al llegar a la tierra prometida descubrió tres cosas: que las calles de América no estaban pavimentadas de oro; que no estaban pavimentadas, y que tenía que pavimentarlas él... Del mismo modo, la generalización progresiva de la autogestión es lo único que puede profundizar la democracia, pero es algo que no puede dar ningún Gobierno por sí mismo, sino sólo nuestra intervención en la organización de lo que nos afecta. Nuestra firme apuesta -la de algunos que no somos ni políticos ni apolíticos, sino éticamente antipolíticos- es que un Gobierno de izquierdas puede ayudarnos hoy a que pavimentemos entre todos ese plural camino hacia la comunidad libre, justa y segura que nadie puede pavimentar por nosotros, ni con oro, ni con simples promesas electorales€.



No hay más que sustituir la palabra izquierda por otra que cada vez se parece más: derecha, para darnos cuenta que el fondo ha cambiado muy poquito, que treinta años no es nada y que de UTOPÍA también se vive: la que está despertando en las plazas del mundo entero (Sol, Wall Street, Tahrir y otras) aunque nos llamen €œperroflautas€, aunque casi todos los partidos nos descalifiquen mientras se gastan más de cuarenta millones de euros en una campaña que no cambia ni un ápice el sentido del voto y los líderes de los dos partidos €œmayoritarios€ nos den una lección de no saber qué harán el día 21, ganen o pierdan, en un debate (sic) que costó la friolera de 500.000 ‚Ź, sencillamente porque sus decisiones estarán sometidas al PODER de dios (€œcomo dios manda€, dice Rajoy), y que no es otro que el del DINERO y su parientes cercanas: la especulación y la mentira.

Como dice Agustín García Calvo: €œQUE TODO CAMBIE, PARA QUE TODO SIGA IGUAL€, o peor, diría yo, con permiso de Agustín. Aún estamos a tiempo de cambiar de verdad, pero tenemos que quererlo y actuar rápido en plazas y calles y cuantos más, mejor.


Victorino García Calderón
Profesor del mirar y fotógrafo.

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