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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

La raya, atractivo y abandono

Desde que me acuerdo he vivido el paso del tiempo en esta parte de la península como si de una Espada de Damocles se tratara. Me refiero a las zonas fronterizas, tanto española como portuguesa, que conocemos por estas tierras como La Raya sobre la que pende esa Espada en forma de contradicción entre la constatación del abandono institucional en ambos países y el atractivo fotográfico que ello comporta.
Cuando el peregrinaje, al que los profesores estamos sometidos en nuestra labor docente, me permitió recalar en estas mis tierras, allá por el año 1989, y una vez asentado en ellas, decidí que mi cámara, o sea mi ojo, debía posarse con detenimiento en algo que me preocupaba: por qué las provincias de un lado y otro de la frontera eran las más depauperadas de ambos países, cuál era la causa por la que provincias como Zamora y Trás os Montes e Alto Douro, Salamanca y Beira Alta, Cáceres y Beira Baixa, Badajoz y Alto Alentejo, tuvieran además de una historia común llena de desencuentros, pero también de lo contrario, y albergaran en sus entrañas un abandono considerable unido a una sangría de “material humano” en pos de tierras más productivas, ya fuera en España o en Europa.

Me refiero a la emigración que en los años sesenta dejó casi vacíos los pueblos más recónditos de un lado y otro de la frontera y que trajo como consecuencia, entre otras cosas, el cierre y total abandono de uno de los nexos más increíbles que el hombre peninsular ha conocido: la línea férrea entre Oporto y La Fuente de San Esteban que pretendía dar salida a la Europa del desarrollo a la parte norte de Portugal y que en el pueblo salmantino se unía a línea que venía desde Lisboa.

La Raya Rota fue mi primer proyecto fotográfico en blanco y negro auspiciado por el Ayuntamiento de Salamanca e impulsado por la Biblioteca Torrente Ballester y que ha recorrido desde el año 2000 diversas poblaciones de un lado y otro de la frontera. Nació ambicioso pensando que alguien que tuviera oportunidad, ganas y sentido político lo recogiera y sacara del ostracismo a estas tierras.

Desgraciadamente la ilusión fue eso y sólo eso: ilusión, quimera, casi estamos como entonces, a pesar de que la vía fue declarada Bien de Interés Cultural solamente quince días antes de que se inaugurara la exposición en la Casa de las Conchas al comienzo del este siglo XXI. El resultado fue un catálogo-libro que narra la historia de la desolación que fui encontrando por todas y cada una de las estaciones ferroviarias de un lado y otro de la frontera y que me ha dejado un recuerdo imperecedero de la belleza y evocación que encierran y a la vez desprenden, a pesar del abandono al que están sometidas y por las que me hice aún más admirador de artistas como Friedrich y, sobre todo, Piranesi de lo que ya era entonces. Huelga decir que el romanticismo, que fluye por cualquier grieta de cada una de estas estaciones traducido en naturaleza muchas veces asfixiante, es además de evidente, tan atractivo que es muy difícil no caer en sus encantos, parece que te llama, que exige que lo plasmes en una placa, en una tarjeta SD, en donde sea, con tal de no morir en el anonimato, o al menos a mi me lo parece.

Que La Raya sigue siendo atractiva lo demuestran los románticos Quijotes esforzados de la asociación Tod@vía que no quiere que el abandono se apodere de ella y últimamente el que la realizadora salmantina Isabel de Ocampo haya fijado sus tan inteligentes como bellos ojos en estas tierras y quiera hacer (está en ello) un cortometraje sobre este mismo tema. Parece que algo se mueve en el horizonte artístico-político-social en pos de rescatar del olvido esta zona tan vital para el desarrollo de nuestra provincia, ojalá que la espada del justiciero Damocles se retire de una vez por todas por el bien de todos.

Victorino García Calderón

Profesor del mirar y fotógrafo

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