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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

La fotomemoria y los pueblos

Cuando se recorren los pueblos salmantinos llenos de luz casi perpendicular de verano, las casas remozadas y el bullicio por la presencia de los hijos de los emigrantes que vienen a €œpasar unos días al pueblo€, estamos ante un espejismo de la cruda realidad del resto del año.

En estos largos días de calores, casi todos los pueblos salmantinos programan una serie de actividades agrupadas en un programa de fiestas de verano, aunque su fiesta verdadera se celebre en otra época. Bailes al son de orquestas que han cambiado en los últimos años sus furgonetas por camiones con remolques convertibles en escenario, comidas y meriendas multitudinarias en las que se perdona la comodidad, la limpieza y el frescor de las casas, a cambio de compartir un rato con todos aquellos a los que no se ve en meses, juegos para los niños en los que no puede faltar la fiesta de la espuma o la guerra de pistolas de agua y, como no, en los pueblos en los coincide su día grande con el verano, las procesiones y actos religiosos que dan colorido y vistosidad a la celebración del día de su patrón o patrona.

Tomar unas fotos o hacer un video en cualquiera de ellos es una actividad que se ha tornado en casi una plaga, la profusión de cámaras de todo tipo es tal, que da miedo pensar en cómo se las van a ingeniar las filmotecas del futuro o entidades que las sustituyan para seleccionar las fotos o filmaciones que mejor hayan registrado las costumbres del momento actual en esta época del año. Estoy casi seguro de que entre los miles de videos y cientos de miles de fotos que se hagan este verano, solo en la provincia de Salamanca habrá, al menos, una docena de obras anónimas de una calidad suficiente para formar parte de nuestra memoria colectiva, pero Âżcuáles de todas ellas?

Algunas se pueden ver en proyecciones y exposiciones populares que se realizan durante el verano como actividad cultural complementaria a la festiva, por lo tanto, no va a ser por falta de material el que no se pueda ver en el futuro cómo eran las fiestas veraniegas de los pueblos a principio del siglo XXI.

Otra cosa muy distinta serán los documentos de los mismos pueblos en invierno, en los que se ve un alma y si la hay es de gente muy mayor, las calles vacías, las puertas y ventanas cerradas a cal y canto, los aperos de labranza degradándose en las eras rodeados de hielo y niebla y dende, por no haber, no hay ni cámaras de fotos excepto la de algún osado que no le importe pasar que le duelan los dedos al disparar el botón de la cámara.

La diferencia del número de registros que habrá en los archivos del futuro entre el invierno y el verano de nuestros pueblos será enorme y directamente proporcional al número de emigrantes que tengan cada uno de ellos, espero que la diferencia de calidad de las fotos no guarde esa relación y nuestros bisnietos tengan la posibilidad de valorar nuestros tiempos con toda la fuerza y contundencia de la que es capaz la fotografía actual, y que formará parte de la memoria colectiva de entonces.

Tenemos pues, un gran reto los que nos dedicamos ahora a ello, no podemos tomarlo en vano y ni siquiera por unos euros -duros dirían nuestros abuelos- simplemente tenemos que ser conscientes de que somos los transmisores de las imágenes de la memoria para lo bueno y para lo malo, para lo bello y para lo interesante aunque no sea bonito. Si nos dedicamos a hacer solo una parte transmitiremos parcialmente nuestro presente, va en ello algo más que nuestro prestigio futuro, va nuestra verdad y si hay que fotografiar y filmar cómo se mueren nuestros pueblos, pues hagámoslo, pero con dignidad, nuestros antepasados y descendientes seguro que se lo merecen y de otros es la responsabilidad de que así sea, para esto está la Historia que será la que nos juzgue a unos y otros.

Victorino García Calderón

Profesor del mirar y fotógrafo

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