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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

La amapola es roja, como la sangre

La mayor violencia del mundo actual es la que ejercen los poderosos sobre los ciudadanos y personas que no tienen, ni siquiera, ese título (léase: sudaneses, sirios, yemeníes...) a los que nos quieren igualar. Todo lo demás son defensas, es decir, un minero SE DEFIENDE del la agresión del PODER, y los policías o guardia civiles que obedecen órdenes del poder se convierten en sus cómplices y si no quieren equivocarse, al pegar a un minero, hiriendo a una niña. ¡¡¡QUE SE SALGAN DE LA POLICÍA O DE LA GUARDIA CIVIL!!! y que no me vengan con cuentos de que son "TRABAJADORES EN DEFENSA DE LA DEMOCRACIA" que es lo que dicen cuando alguna vez te dirigen, por error, la palabra.
Este texto pertenece a mi Mr. Hyde particular, lo he publicado, recientemente, en mi “Facebook” con motivo de lo mucho que me duele sentir las injusticias, sobre todo las del poder.

El rojo es un color muy poderoso, pero de otro signo, del de verdad, atrae y repele más que ningún otro, depende a qué vaya asociado, pero en todo caso no podemos pasarlo por alto.

Quizá una de las formas más benévolas que puedan contener al rojo sean las flores, y dentro de ellas, las amapolas, que tienen la grandeza de ser muy frágiles en su morfología vegetal, pero tremendamente poderosas en su atractivo cromático para nuestros ojos.

Mi otro yo, el que se deriva del Dr. Jekyll, me lleva a la contemplación de la belleza, y dentro de ésta, a la búsqueda incesante de la expresividad del color. Sin duda el color rojo me cautiva, y más cuando va unido al negro, ambos están hermanados en la amapola y, pienso, que en la proporción perfecta: los pétalos, de un rojo aterciopelado y con un brillo espectacular en su mayor parte, tienen la base de un negro profundo.

Las estrellas que brillan, mucho viven poco tiempo y tú has brillado más que nadie, le dice Tyrell a Roy en Blade Runner, cuando intentaba explicarle por qué los replicantes deben morir, eso sucede con las amapolas, que brillan enormemente en su corta vida antes de morir cuando su gineceo ya está fecundado. Nunca he visto que un ramo de ellas decore ninguna casa, no duran más que unos pocos minutos si se nos ocurre arrancarlas.

Cuando fotografío amapolas, o bien las tomo en su conjunto, como si de una pincelada en campo se tratara, o bien las miro individualmente a contraluz, para así resaltar su cromatismo o, como en una de las fotos que acompañan estas palabras, la soledad le da un toque poético a unas sillas abandonadas en medio de la naturaleza.

Hoy, martes, llegan los mineros a Madrid, su color es el negro, espero que nadie los tiña de rojo.

Victorino García Calderón
discípulo del mirar de Ara Güler y maestro de los que quieran.

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