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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

El fútbol, juego o negocio

A finales de los 50 y principios de los 60, en la calle Vergara unas veces, otras en la calle Argentina, muy cerca del paso a nivel de la Alamedilla de Salamanca, el tiempo que transcurría entre el paso de un vehículo y otro era tan prolongado que permitía poner dos piedras en un extremo de la calle y otras dos en el otro para jugar un partido de fútbol que apenas era interrumpido. Los muchachos de entonces elegíamos a dos cabecillas y éstos, a su vez, escogían con minuciosidad a los miembros que iban a formar su equipo. Una vez divididos y equipados con la misma ropa que usábamos para ir a la escuela: camisa o niki al uso (a rayas o sin ellas) pantalón corto, calcetín alto y zapatos que deberíamos cuidar, sobre todo la puntera, para que nuestra madre no notara que habíamos estado jugando al deporte rey (los zapatos deberían durar todo el año en tiempos de penuria y mi padre, obrero, no ganaba para dos pares al año) empezaba el partido al que nos entregábamos con frenesí. Los tanteos eran de escándalo: 12 a 4 o 9 a 7 eran habituales, yo no entendía cómo en los partidos de primera división muchas veces no pasaban del 0-0, a pesar de todo, AMÁBAMOS JUGAR AL FÚTBOL en la calle que era nuestra y no de los coches.

A medida que ha ido pasando el tiempo, la calle ha terminado siendo del dinero, es decir, de los coches que se compran con él, de los intereses por conseguirlo rápido y a costa de lo que sea, hemos preferido perder la calle para los niños y tener mayor poder adquisitivo y con él, el cambio de costumbres en el vestir callejero y el uso del fútbol como negocio hasta límites que me parecen casi impresentables.

Habrá quien piense que soy un anticuado, que la €œlibertad€ de vestir es sino de tiempos de democracia y que mi infancia en tiempos de dictadura y uniformes era mucho más anodina. Me da igual lo que se piense de mi. Lo que no me da igual es que el uniforme de millones de individuos (as) durante el pasado mes de junio haya sido el vestir LA CAMISETA DE €œLA ROJA€. Viendo la retransmisión del recibimiento de los €œhéroes€ futboleros de Kiev, cuando la toma era desde un helicóptero daba la sensación de que el uniforme nazional era ese: lucir la camiseta de selección española de fútbol: la democracia uniformizada (sólo se veían dos colores: el rojo y el amarillo). Todo el mundo tiene hoy dinero de sobra para comprarse la dichosa camiseta, que puesta a diario es de un hortera que tira para atrás. ÂżSe imaginan que yo hubiera ido a impartir clase vestido de tal manera? Hubiera sido el hazmerreír de todo el mundo.

Pues eso me parecían todos los que allí estaban, eran el hazmerreír de cualquiera de los que no fuimos por allí, de los que no nos iba la vida en el triunfo de unos €œjugadores€ profesionales que cobran casi su peso en oro, mientras el país va a ruina, llevado por unos señores que al día siguiente no tienen duelo en decirnos que las €œreformas€ habidas no son nada para las que nos esperan.

Simplemente me da asco de todos los que han pensado que el fútbol lo arregla todo, aunque sea por un tiempo, incluidos los políticos y gente de la realeza que han ido a ver la final del campeonato de Europa.

Nos henos dado de bruces con la puta realidad nada más que se ha acabado el €œcirco€ futbolero, igual que le pasó a los argentinos después de €œsu€ mundial en el que un dictador, llamado Videla, antepuso el pan y circo del balompié, al bienestar, la justicia y la libertad de sus súbditos, allá por los años setenta.

Me sigue gustando el JUEGO del fútbol, me gustan los buenos partidos y disfruté de la final de Kiev, pero eso es una cosa y otra la adoración que se profesa al NEGOCIO de dicho Âżdeporte?

ÂżEl día que lleguen los mineros a Madrid serán recibidos de la misma manera? O Âżserán €œcondecorados€ con unas cuantas bolas de goma disparadas por los €œtrabajadores-policías€ como les gusta autodenominarse? Me temo que será más parecido a lo segundo y que la crisis la paguen los mineros y los que les apoyamos. No deja de ser una tremenda injusticia que se mime a un futbolista hasta la extenuación y se perniquiebre a mineros, maestros, alumnos, médicos€Ś quizás, hasta volvamos a €œjugar€ al fútbol en las calles, como cuando yo era niño, algo bueno tenía que tener esta puta crisis de la que aún no nos dicen el nombre de sus causantes, éstos sí que se merecen un €œbuen recibimiento€.


Victorino García Calderón
discípulo del mirar de Ara GĂźler y maestro de los que quieran.

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