Victorino original

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Victorino García Calderón
Blog de Victorino García

A TÀPIES, in memoriam

La primera vez que contemplé una obra suya me dejó perplejo, si me hubieran pinchado en aquel momento, no hubiera salido ni sangre. No sabía si estaba ante una tomadura de pelo o ante una obra de arte, pero reconozco que no me dejó indiferente, como toda obra compleja que merezca la pena, había que verla otra vez.

Lo hice no una vez, sino varias, y en muy corto espacio de tiempo y me pregunté si aquellas grandes cruces, aspas y tachones pintados a un trazo sobre texturas arenosas mezcladas con colas tenían algo que ver con lo que yo asumía hasta entonces como una obra artística, acostumbrado como estaba a tener referentes la pintura barroca española y la representación como máximos exponentes de lo que debiera ser considerado como obra de arte.

Evidentemente la contemplación de aquellos grafismos, que a mi me parecían rabiosos, produjeron en mi un auténtico torbellino interno cercano a la rebelión, conmigo mismo y con la sociedad que me circundaba. Conmigo mismo, porque el salto de la figuración clásica a la propuesta de Tápies era un salto al vacío que producía vértigo. Con la sociedad, porque sus obras rezumaban un rechazo a algo que yo no identificaba en aquel momento pero que pronto me daría cuenta: TĂ pies era catalán y hacía gala de ello y no era un adicto al régimen de Franco.

Justo lo que muchos jóvenes artistas de entonces sentíamos: aunar nuestras ansias de libertad con nuestra vocación artística, TĂ pies era el paradigma de la simbiosis de ambos conceptos. Su posicionamiento en movimientos de izquierda le costó la libertad por un corto período de tiempo y sus inquietudes artísticas fundando el grupo Dau al Set, con Joan Brossa y Cuixart, entre otros, formaron en mi una opinión de que el arte no sólo era un instrumento de deleite visual para una burguesía conformista, sino que podía ser un arma muy poderosa que  ayudara a derribar la dictadura asesina que nos oprimía.

La sorpresa saltó cuando los estudiantes de aquel entonces (allá por los primeros años de la década de los 70) nos pusimos a €œleer€ los poemas visuales de Brossa y su relación con la obra de TĂ pies, y después bebimos hasta saciarnos de la fuente inagotable, entonces me pareció así, que surgió de una maravillosa entrevista que le hizo el inefable Joaquín Soler Serrano en los años de la apertura franquista en aquella televisión todavía en blanco y negro, pero que a mí me pareció de increíbles colores térreos y en la que TĂ pies fue desgranando, después de narrar su paso por el surrealismo, una a una todas sus filias, sus fuentes y sus luchas con los diversos materiales que componían sus cuadros. Con voz parsimoniosa comenzó a relatar sus experiencias relacionadas con el arte del lejano oriente y sus coqueteos con el minimalismo. Entonces pensé que de duro y rabioso no tenía nada, que su afán era unirse a su pincel, a su brocha, a sus €œecobajos€ y a su materia para así SER, y fundirse con el trazo en una especie  de danza ZEN que había de resumir todo el sentimiento que uno pueda alcanzar y desarrollar.

Me di cuenta que la sensibilidad y la fuerza no son conceptos antagónicos, que, al igual que en la obra de Goya, pueden ir de la mano y que deben ser un altavoz de lo que hay en la calle, no en vano utilizó conceptos como grafiti, tachadura, gesto€Ś y, sobre todos ellos: LA MATERIA.

TĂ pies no usa colorines, su paleta es austera, del color de las tierras que el vieron nacer y morir más el blanco, el negro y el rojo, este último de un significado especial en toda su obra, exactamente los mismos que usa Velázquez en Las Meninas y Barceló en muchos de su primera época, a pesar de que éste último lo despreciara públicamente en otro programa de TV en los años 80 diciendo que €œTĂ pies era una cagada en el Paseo de GrĂ cia de Barcelona€Â  espero que haya rectificado, al igual que deben hacer los que hoy, 6 de febrero de 2012, día de su muerte, le ponen la etiqueta de €œpintor abstracto€. La abstracción en TĂ pies es un recurso menor, es más, diría que siempre fue figurativo, desde los primeros retratos, hasta sus últimas obras expuestas en la galería de su hijo Toni, incluido, evidentemente, el polémico €œcalcetín€.

TĂ pies es un pintor y escultor matérico, sus obras deberían ser acariciadas por las sensibles yemas de nuestros dedos, hundir éstos y nuestras palmas de las manos en los surcos de las heridas de sus cuadros y si esto no es posible por razones obvias, deberíamos hacerlo en todas las incisiones y heridas practicadas a lo largo de siglos en cualquier piedra, muro, o pared del barrio del Rabal o del barrio gótico de su eterna ciudad, hendiduras y desconchados realizados por la mano de hombre o por la propia naturaleza y acordarnos siempre, a modo de homenaje, que este hecho TĂ pies lo elevó a la categoría de ARTE.

Victorino García Calderón
Maestro del mirar.

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