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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Sirena vegetal

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Las sirenas ilustran el ballet humanista y la danza contemporánea. El ballet de Circe unifica el gran poder de las sirenas con espejo junto al simbolismo de las grutas que, invocando al Diluvio, exaltan el poder de los viajes por las islas del Conocimiento, esencial motor de Cambio.

 

  

 

Las sirenas, protectoras de las danzas del Renacimiento, unen espacio y tiempo en el escenario de tramoyas y ficciones. Las aguas, con sus sonidos - eco y movimiento - proclaman el himno a las aguas, aparece en escena la sirena vegetal con corona de perlas.

 

  

 

Cada itinerario bajo las aguas de las Sirenas coronadas por Afrodita-Venus, como síntesis del cielo-agua, lleva a la unión entre materia e imaginación, dos fuerzas móviles para determinar la metamorfosis de las sirenas recamadas de perlas. Se trata del triunfo de Orlando de Virginia Woolf.

 

  

 

El agua redobla y reduplica la inversión, la aromática sirena verde de Virginia mezcla dispares aguas para transformar el escenario en morada, un embrionario espacio de celebración maternal. El nacimiento continuo une lo masculino con lo femenino.

 

Sirena y sireno, flujo y vida, pueblan las aguas que, en constante movimiento, intensifican los espejismos de las aguas y de las perlas-espejo.

 

  

 

Las aguas verdes de la obra Blush (2005), de Wim Vandekeybus, se convierten en la morada de sirenas y de náyades. Las bailarinas, indicadas y condicionadas entre el color verde y el rojo, marcan trayectorias y coreografías ondulantes, duales marcas de la primitiva edad húmeda. El bailarín-director determina la fábula desde el mito de Eurídice para marcar una estética basada en la pintura y en la literatura clásica, el hilo conductor es Ovidio y las referencias a El Bosco amplían la iconografía de las sirenas vegetales, náyades unidas al mito de Dafne. Las sirenas están separadas de los hombres.

 

  

 

Los Bosques sagrados de Vandekeybus contienen cuevas, nos llevan al Jardín de Bomarzo, escenario de escamas ilustrado por Dante, Colonna y Ariosto. Ante la escultura de una sirena bífida, emblema del emperador Adriano para el Serapeum de Éfeso, el viajero penetra en las manchas prehistóricas de las aguas otoñales.

 

  

 

Desdoblamiento de un desdoblamiento para la Edad de Piedra.

 

Desde la Invocación al Nacimiento de las aguas, entre el fluido y la savia, el viajero analiza la circulación de las historias de amor desde la Eclosión del agua melancólica, espejos de las sirenas del Sueño de Polifilo.

 

  

 

En Lucía y el Sexo (2000), el director Julio Medem evoca el poderoso universo de la mujeres que, unidas a la Naturaleza, mantienen la necesidad de encontrar una isla suspendida. La actriz Najwa Ninri (Elena) se convierte en un poderoso personaje, predecesor de las míticas Ofelias enamoradas en Roma que, inmersas en la Bañera fetal, convierten el amor entre mujeres en jardín secreto, espacio pensil suspendido.

 

  

 

Las aguas del más allá, permiten el encuentro de la madre y su malograda hija. Ambas, baja la luna y los reflejos, revitalizan el Acto Blanco del Ballet.

 

  


El espejo de la sirena vegetal es un objeto esencial para las delicias paganas.

 

 


La ambigüedad de la mujer-pez establece una dimensión de la libertad que, como en el universo de Virginia Woolf, mezcla e intercala las variaciones de una renovada naturaleza amorosa.

Comentarios

elelet 22/02/2014 15:01 #2
Parece que olvidamos que la sirena con su canto atraía al marinero incauto hacía su perdición, la sirena como el centauro es un medio hombre una vestigio atrapado en el mundo anfibio el de los ectotermos incapaces de mantener el calor corporal, atrapados en la parte instintiva en el eje de la naturaleza que impide el ascenso..
Fioren 09/02/2014 11:57 #1
He sentido un escalofrío al reconocer entre las ilustraciones una de las inquietantes y maravillosas figuras del jardín de Bomarzo, no muy lejos de Roma. Una de las creaciones más fantásticas y oníricas del repertorio humanístico del Manierismo, que Eduardo maneja con soltura, porque forman parte de nuestra, de su retina intelectual. No creo que fuéramos, que sea lo mismo sin haber pasad por allí, donde planeaba el lema de la gruta-caverna del triunfo de la imaginación desbordante. Allí se hacían realidad los personajes de los cuatro elementos que componen la vida, encarnados en pétreos personajes de un universo delirante fantasía como las ninfas y dragones, serpientes y edificios torcidos. Añoro aquellos tiempos de viajes y libertad pero ha sido una alegre sacudida espiritual.

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