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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

MARÍA FUENTES, bajo las aguas de Ofelia, DESDE EL TEATRO CONTEMPLATIVO

Por Eduardo Blázquez


María Fuentes, directora de teatro y actriz, creadora de historias imaginativas para un Teatro Contemplativo, un teatro libre y curativo, canalizador de relatos vestidos de plasticidad; pintura y poesía trazan en su obra un vocabulario amplio capaz de ilustrar vivencias por/entre infinitos caminos que recorren senderos que llevan a jardines giratorios, recodos que cada espectador cierra con diferentes significados, insondables e infinitos relatos que se corresponden con ensoñaciones poderosas.


María Fuentes se adentra en sus escenas para unir las piedras con las nubes, sus acciones llevan ante los paisajes románticos, abismales y edípicos, coloreados por la alegoría y por lo simbólico; el objeto poetizado tiene un gran valor, se instala para traducir el teatro antropológico, ampliando significados de libertar partiendo del boceto intencionado.


Desde la ventana, como directora, bautiza el espejo de Ofelia para rememorar la floración de sus actores, duales y desdoblados, melancólicos y alegres, como sus mundos elevados y suspendidos, como los míticos jardines de Babilonia; entre miradas ascendentes, surgen los enigmas de sus secretos para coronar a sus sagrados personajes, Fran y María, de la mano de la directora, portan las alas de Pegaso para revelarnos y mostrarnos las preciosas piedras coloreadas del monte Parnaso, su lugar de lugares, espacio elevado para una creadora portadora de la soleada Caja de la Imaginación.

 

 

1-¿Cómo surge su vocación por las artes escénicas?


La necesidad de contar mis propias historias surge hace unos años, aunque mi vinculación a las artes escénicas es bastante anterior. Podemos remontarla a la adolescencia, pasando por una Escuela Superior de Arte Dramático, por la gestión de proyectos escénicos, hasta llegar a La Fabulosa, que es el soporte que me sirve para crear historias de mi imaginario personal.


La Fabulosa es la compañía que me permite sacar lo que me da vueltas en la cabeza, poner orden a muchas cosas, sentimientos, recuerdos, y personas. La vocación se transforma en necesidad y como dijo un espectador anónimo del anterior montaje (Quiero que seas un nadador): La obra de La Fabulosa es como una confesión, la de su directora y actriz, que parece haber necesitado de los recursos teatrales para sacar los demonios de su interior para avanzar como artista (y probablemente como persona). Tenía razón.

 

 

2- ¿Dónde encuentra sus Musas?


Hay un proceso de investigación que se alimenta hasta el día de la puesta en escena. Como ya he dicho, busco en los temas personales no resueltos y los intérpretes participan generosamente exponiéndose a sus propios miedos. Es fundamental la aportación de todo el equipo, ellos hacen crecer mis ideas, yo pongo un grano de arena y con ellos aparece la montaña.

 

El mundo poético, el realismo mágico, el mundo del arte y la naturaleza nos inspiran. Me gusta cuidar las palabras. La oportunidad de poder expresarnos a través de bellas palabras hace que la poesía tome un lugar destacado en las piezas. Para hablar de sentimientos no se me ocurre otra manera, nos regalan imágenes que no podríamos nunca imaginar. Whitman, Pizarnik, Rosales, Pessoa, en la última ocasión pero también Duras, Plath, Cernuda… no hay palabras de Lorca pero siempre es inspirador en su relación con la naturaleza.


La música es otro elemento importante. Es el hilo musical interior, llega donde no pueden llegar las palabras. Aunque más que música, son paisajes sonoros o texturas musicales. Como dice Murakami, una historia, en algún sentido, no es algo de este mundo. Una verdadera historia requiere un bautismo mágico que conecte este mundo con el otro. En este caso, el otro mundo, es el mundo interior de cada uno de nosotros, de cada espectador. El universo del realismo mágico, donde objetos reales crean mundos fantásticos me genera una gran atracción y me ayuda a contar nuestra historia como nos gusta contarla: con los sentidos.


El arte está de manera explícita al utilizar la naturaleza pintada de artistas como Millet, Waterhouse, Caspar David Friedrich, este último sugería que el pintor debería pintar no solo lo que se encuentra frente a él, sino también lo que ve en su interior. Y eso es lo que yo intento, pintar lo que veo en mi interior.

 

 

3-¿Cómo construye los personajes femeninos?


Todos los personajes, incluidos los masculinos, tienen algo de mí. Por lo tanto, lo femenino acaba envolviéndolo todo. Los personajes se construyen deconstruyéndonos a nosotros mismos. Los intérpretes partimos de nuestra verdad, en escena somos nosotros mismos, nos llamamos por nuestro nombre, pero no todo es autobiográfico. Están construidos por capas. Cuando empiezo a dibujar la estructura del espectáculo, todos  los personajes empiezan siendo yo, es un diálogo conmigo misma, porque son mis preocupaciones, mis palabras o las de los poetas o referencias con las que trabajo. Después se une el trabajo de investigación de los actores, cuestionarios para que reflexionen sobre temas concretos, buscamos referencias visuales, leemos, hablamos mucho, aportan su experiencia y punto de vista. Me desdoblo en tres personajes pero a la vez ellos tienen su propia vida. Cada personaje está compuesto por tres vértices: la verdad del actor, la mía y la poética.

 

De los personajes femeninos me interesa la fuerza, la Wonder Woman, pero también aparece Ofelia, ese día que se deja arrastrar por la corriente. Mirar al cielo y no pensar en nada arranca con una frase de Anne Sexton: Si ella fuera una vida que salvar, la salvaría. Y eso es lo que quiero, construir esa chica que se salva a sí misma, que contempla la naturaleza de frente, y no tiene miedo a soñar.

 

 

4-La iconografía de las piedras ha sido esencial en su obra ¿Cómo afecta a su imaginario?


Las piedras siempre están en el camino, a veces tropiezas con ellas y otras veces sabes esquivarlas, siempre he dicho que también hay quién las coloca para tropezar, yo, a veces, soy de esas. Virginia Woolf se las metió en los bolsillos para desaparecer en un río. Las piedras pesan y te hunden. En Mirar al cielo y no pensar en nada, son miedos. Pero también hacen el camino, una piedra que rueda no coge musgo, y eso es lo que intentamos hacer, qué rueden las piedras. A mí me habría gustado que Virginia no se las hubiese metido en los bolsillos, me habría gustado que las hubiese dejado rodar, las piedras pueden ser pensamientos que chocan de un lado a otro en tu cabeza, pero esos pensamientos se pueden transformar y convertirse en camino. Amo el trabajo de grandes escritoras como Pizarnik, Plath, Woolf, me habría gustado salvarlas.

 

5-Hable de sus sueños, sus utopías...


Como le dije hace poco a alguien, sueño con poder seguir haciendo lo que me cura y seguir teniendo la complicidad de grandes amigos que lo hacen posible.

 

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