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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

LOS HÉROES SOLARES

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El héroe solar saborea la Soledad, aislado y ensimismado en sus pensamientos, emulando a los caballeros adorados por Leonardo, se impregna de sudoración y de barro invocando a Deucalión para transformarse en Naturaleza, la cima la “heroización” será representada en los bailarines de Pina Bausch, en la Consagración de la Primavera.

 


Juan Antonio Sánchez López, Amigo y Maestro, es uno de mis virtuosos héroes; docente e investigador transgresor, es un buen guerrero humanista, ejemplo de valor y de sabiduría, nos estimula con sus acciones épicas. Juan Antonio mantiene un discurso elocuente, domina los estilos de Homero, para tejer la iconoesfera. Admirado por las Musas, por la nobleza de su alma, construye la fábula de los descendientes de Aquiles.

“HÉROES DE HOY: ATLETAS Y DEPORTISTAS"

 

Juan Antonio Sánchez López

 

“No ceses nunca de esculpir tu propia estatua”. Con estas palabras, Plotino retomaba en la distancia, y bajo un sentido moral, una idea que el mundo griego vino haciendo suya secularmente, en el propósito de construir una educación que no entendía la formación del carácter sin el adiestramiento del cuerpo. Para una gran parte del público actual, plantear la relación de las excelencias físicas del individuo con la creación artística todavía puede parecer una cuestión superficial, fundamentada ya sea en la definición de arquetipos, cánones y modelos reiterados a lo largo de la Historia, o bien en la impresión y el reflejo voyeurista de determinados movimientos dictados por el ejercicio físico.

 

 


Sin embargo, lo cierto es que, ayer como hoy, la imagen del cuerpo surgida desde la práctica deportiva continúa respondiendo a un orden ético. Invocando la búsqueda de la areté o ‘bondad’ absoluta del ser humano a través de la disciplina corporal que lleva implícita la conquista de la perfección moral, semejante ideal quedaría sintetizado en aquel individuo que, al mismo tiempo, aparece ante sus conciudadanos como kalós y agathós, físicamente hermoso e interiormente bueno. Y, no nos engañemos, desde la época antigua ese héroe era, ante todo, el atleta; por extensión, y en el momento presente, el deportista que, a través de su esfuerzo, canaliza un conjunto de habilidades y destrezas básicas de cara al logro de unos retos que preconizan su propio crecimiento y satisfacción en un afán de continua superación personal y autoconocimiento progresivo citius, altius, fortius: más rápido, más elevado, más fuerte. Basta observar con detenimiento cualquier imagen -preferentemente escultórica en el pasado, tecnificada en el presente- para comprender la capacidad del cuerpo a la hora de transmitir con meridiana nitidez esa impronta ‘heroica’ del atleta, hoy del deportista.

 

 


Por utilizar un ejemplo inmediato y conclusivo al respecto, basta recordar cómo la contemplación de cualquier fotografía deportiva logra hacernos olvidar si en la imagen reconocemos un profesional o un amateur, si tenemos ante nosotros la persona anónima y sacrificada en la progresión de sus retos o al fichaje estrella en un momento de inspiración, si el clímax de la actividad capturada por la cámara corresponde al deporte-base o al de élite, y así, tantas, tantas y tantas instantáneas antes las que la anécdota queda ‘mágicamente’ arrinconada en el olvido y prevalece lo esencial: el cuerpo en movimiento y el mundo en acción. De ahí, el inmenso prestigio que la figura del deportista ha conseguido revalidar en los siglos XX y XXI, como estrella incombustible de la iconoesfera publicitaria. Esta concepción ha traído consigo un renacimiento de la areté, relacionada modernamente con aquel ideal de perfeccionamiento y de superación que anima al deportista en la conquista de nuevas metas y de batir nuevos records.

 


La reivindicación de esos valores éticos indisociables del ideal atlético y el ideal heroico, la conciencia y la consciencia del papel del deportista como modelo a imitar especialmente por los más jóvenes (otra vez la calocagathía) también justifica la rabiosa actualidad adquirida por los controles y la lucha contra el dopaje en el contexto massmediático. Es precisamente cuando se busca que el atleta cumpla a la perfección con su valor ejemplar, cuando más se le conmina a jugar limpio y conseguir los éxitos por medio de las mismos recursos empleados por quienes le antecedieron hace siglos: el esfuerzo y el trabajo. Y, para eso, son indispensables, asimismo, pautas conductuales a tono con todo cuanto introduzca la noción de orden en cualquiera de las facetas de su style of life.


Como ha subrayado Pérez Gauli, la publicidad retorna a Grecia y ya no importa lanzar el disco sino el lanzador. No obstante, desde el ámbito de la fotografía deportiva todavía queda un hueco para la nostalgia de aquellos héroes del mundo antiguo. En efecto, tal y como nos lo mostrase Lisipo, estos cuerpos de futbolistas, nadadores, atletas, motoristas, arqueros, balonmanistas, baloncestistas, corredores…, hombres y mujeres, captados por el objetivo en un instante de la acción se fatigan, se esfuerzan y sudan, manifestando el dolor, la ansiedad y la puesta a punto en cada prueba de todas sus facultades de vigor y resistencia. Al mismo tiempo, se ennoblece la capacidad de concentración que permite superar las barreras de los límites fisiológicos y posibilita a la mente vencerlos y rebasarlos, casi de modo sobrehumano. En un mundo como el de hoy, acostumbrado y adicto a la velocidad, el sudor encierra una connotación positiva, incluso un valor erótico como reflejo de salud y poder. Y es que ya no estamos ante estatuas atemporales ni tampoco es fácil que nos dejemos impresionar por la acción, sino que la nueva iconografía deportiva “congelada” en su esplendor por la fotografía y plasmada en movimiento por la televisión y los otros media ha contribuido a educarnos en la admiración y el reconocimiento hacia quienes son capaces de realizarla.”


JUAN ANTONIO SÁNCHEZ LÓPEZ (UMA)

 

 

 

 

Comentarios

Antonio 31/03/2014 18:15 #2
Un cuerpo atlético, ya sea en estático o en movimiento, dice más que mil palabras. Completamente de acuerdo con el señor Sánchez ¡enhorabuena!
Fioren 30/03/2014 23:47 #1
No se puede representar, en este caso, de forma más genuina lo Apolíneo, o sea la luz, la inmaculada perfección de la Belleza sacralizada desde los tiempos de los Santuarios panhelenícos griegos, como Delfos y Juan Antonio lo describe con la limpieza de la serenidad del Neoplatonismo a ultranza..

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