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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ESPEJOS IV: JEROGLÍFICO DE ESPEJOS, SÍMBOLO DE SOLEDAD

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La soledad y la Melancolía se alían con el espejo, con los espejismos y las deformaciones de Welles; desde la mítica mansión de Xanadú, la Soledad se va reflejando en espejos que trazan un relato inesperado, con huellas en el Romanticismo y en el Expresionismo alemán. Espejo telúrico, soledad multiplicada y proyectada al infinito.

 


En el laberinto de espejos del creador Alejo Moreno, soñador de higueras, buscador de las Hespérides bajo La Alhambra, encontramos el panel de espejos monstruosos.
Alejo tiene un espejo para ver el rostro de la Naturaleza, del árbol mítico. ¿En el espejo podemos ver a la diosa Sabiduría?

 


Reflejar y Reflexionar, ante el laberinto insólito por orbicular; ante el espejo-ventana de Buñuel y Dalí, de Alejo, se presentan las Nubes de Espejos, cruce de cascadas conformadas por Lorca, cristales para el teatro de las ilusiones de dos magos: Welles y Allen.

 

 

“Tradicionalmente se nos ha contado que los espectadores acuden a la gran pantalla para evadirse. Sin dejar de ser cierto (como lo era la evasión de los que escuchaban mitos en torno a un fuego nocturno) también es verdad que los espectadores practican el ritual del cine para verse reflejados en un espejo... (De modo semejante a cuando escuchaban historia sobre imperfectos Dioses y héroes en problemas).

 


La pantalla tiene vocación de espejo de reflejo límpido una veces, deformante otras… en esa loneta de luz reflejada que abre dimensiones en la oscuridad, vemos lo que somos o lo que desearíamos ser. Nos reconforta reconocernos en los personajes y las historias o nos aterramos viajando a los lugares más recónditos de nuestro interior.

 


Se produce el mismo bucle psicológico viendo una película que mirándonos a los ojos a través de un espejo. Insisto, a veces puede ser terrorífico y otras sedante. Los que no ven más allá en una sala de cine, aquellos que hablan de entretenimiento sin más, tampoco percibirían nada especial en sus propios ojos vacíos de contenido.

 

 

En la “Edad de Oro” de Buñuel una mujer se acerca a un espejo que no refleja su físico sino sus anhelos ocultos… es una puerta a su propio interior, es decir, el viaje más arriesgado de todos.


Welles, gran provocador y psicopompo del séptimo arte, los rompía en la resolución poliédrica de su “Dama de Shangay”.

 


Y Murnau… ¿Tiene espejos su obra? Me recuerdo inmerso en una proyección de Nosferatu en el cine Doré. El vampiro ha succionado la vida de Ellen y fallecido al contacto con la luz del amanecer. Su prometido y el profesor Bulwer llegan atropelladamente a la escena del crimen. Demasiado tarde para salvarla. Al fondo del plano, Hutter llora su muerte en el lecho, junto al cadáver. El profesor permanece a distancia, como nosotros. Se apoya en el marco de la puerta, abatido. De pronto mira a cámara (nos mira a los espectadores) durante un periodo largo de tiempo. Su mirada es horror, desconcierto…


En ese momento John Gottowt / Professor Buwler y yo/espectador nos comunicamos con la mirada recorriendo casi noventa años de espacio tiempo. Un espejo imprevisto… sentí un escalofrío. Eso es cine” (ALEJO MORENO, DÍAS DE CINE-RTVE)

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